Fran Fernández

Gracias, Fran, por hacerme creer en la búsqueda de la belleza y en la verdad de la primavera otra vez… Por inspirarme con tu poesía y con tu arte.


 

Una de las ventajas innegables del divorcio es que por fin me puedo dedicar a hacer planes que me apetecen, a lanzarme en nuevas experiencias siguiendo únicamente mi intuición. Sí, me había casado con un hombre que no compartía mis gustos artísticos-soñadores-melancólicos-en búsqueda de lo pequeño y frágil que se encierra en los corazones de las personas, en búsqueda de los mundos inmensos que se reflejan en cada gota de lluvia… en fin, me casé con un hombre que no estaba a la altura de mi hipersensibilidad ni podía abarcar lo inabarcable de mi profundidad ni por tanto lanzarse con la misma facilidad que yo a abrazar todo eso, un mundo paralelo que da sentido a eso que llamamos la vida real… será un mundo de sueños, de fantasía, de sentimiento, pero es real, puesto que hace conectar a la gente. Todos menos mi ex que parecía ajeno a tales sutilezas. Cabe la pregunta de cómo permití el verme inmersa en eso, en un estilo de vida que no deseaba, cabe la pregunta de cómo pude traicionarme a mí misma hasta tal punto y vivir anestesiada, desconectada de mi esencia… y tal vez sea inútil buscar la respuesta ahora. Lo pasado, pasado está y lo importante es que he despertado, he reconectado con mi esencia y estoy aquí, deseando no recuperar el tiempo perdido porque lo pasado, pasado está… sino deseando no perder ni un minuto más a partir de ahora y ¿cómo pienso conseguirlo? Pues usando el corazón de brújula, siempre.

Aunque de la idoneidad de destinar tal total entrega a unos u otros, dependiendo del grado de reciprocidad / indiferencia que te muestran, podría escribir un buen rato, hoy quería escribir sobre otra cosa.

Como dijo Fran ayer:

“A veces es tanto o más importante saber lo que no quieres que saber lo que quieres.”

Total que hace poco vi un anuncio de un concierto de una violinista (Checa, por eso me llegó la información). “Música del alma”… se llamaba y la imagen de una mujer frágil, esbelta, con ojos claros y larga cabellera pelirroja, sosteniendo un violín como si fuera una extensión de su cuerpo, me cautivó enseguida. Y el concierto fue maravilloso. Jitka tocó melodías de todo el mundo, una nana finlandesa, ritmos escoceses, irlandeses, música country, sus propios temas, también cantó y al final del concierto, que por cierto nos tuvo absolutamente hechizados a todos los allí presentes, tocó y cantó dos temas en checo. Y fue en ese preciso momento, cuando la oí cantar en mi idioma materno, cuando la visualicé dando un concierto para los compatriotas checos y eslovacos en Madrid, y fue por eso, por esta idea, clara y contundente desde que se me ocurrió, por lo que quedamos el otro día, para ir cerrando detalles… y al final de nuestro encuentro, me recomendó un artista con quien suele tocar a veces:

Un guitarrista y cantautor llamado Fran Fernández.

Y me dijo: “Va a dar dos conciertos ahora en Madrid, en una sala mítica, para presentar su nuevo disco. Te lo recomiendo porque tiene textos muy profundos.”

De alguna manera su sello era suficiente garantía de calidad, así que me tomé su recomendación en serio.

Volviendo a su concierto, fue una tarde de domingo, un día soleado, perfecto para pasarlo en una terraza o a estrenar la piscina incluso, además el concierto empezaba a las siete de la tarde. No hubo mucha afluencia, por eso también resultó más íntimo. Y de alguna manera, ese par de horas que pasé en la sala Olvido, me olvidé del brillante sol de fuera, me olvidé de las penas y problemas del día a día, me olvidé de la tristeza, porque Jitka y su violín me transportaron a otro mundo. No en vano cerraba yo los ojos para dejarme llevar por la fuerza de su música, con una media sonrisa embobada en la cara… Y salí del concierto, como si saliera a un Madrid nuevo. Anochecía, el calor se iba de las calles, el día se vaciaba de luz, pero yo llevaba un nuevo resplandor dentro de mí. La música de Jitka, su mágico violín, me transformaron. Fue como si me limpiaran y renovaran por dentro. Me dieron alegría. El brillo me duró hasta el día siguiente, me desperté con el rastro de la belleza aún bañándome por dentro, me desperté aún sintiéndome resplandecer.

Y entonces el otro día, tomando una clara con limón con Jitka y hablando de todo un poco, ella me recomendó a Fran y entonces anoche me fui a ver el concierto de Fran.

Y de nuevo, aquí estoy, cambiada, llena, sobrecogida, iluminada, feliz, asombrada, vibrando…

No es sólo un músico, aunque toca la guitarra y la hace sonar transmitiendo a través de ella su mensaje como si fuera una extensión de su cuerpo, como si al igual que habla usando sus cuerdas vocales y sus pulmones; sus dedos acarician, rasgan, golpean las cuerdas y hace resonar su cuerpo de madera que evoca las curvas de una silueta femenina… como si fuera la guitarra otra parte de su cuerpo para comunicarse.

Pero es sobre todo un poeta que habla, que narra, que canta y que clama con su potente voz verdades y emociones en estado puro.

De nuevo me sentí transportada, de nuevo me sentí lavada, limpiada, recargada, dichosa y feliz… agradecí cada momento de la velada mágica de anoche. No sé si siempre son así sus conciertos. No sé si ayer estaba especialmente inspirado… No sé si yo estaba especialmente sensible…

llegué al concierto cansada, había trabajado mucho esa semana y además del cansancio lógico y de echar de menos a mi niño que está con su padre esta primera parte de las vacaciones (y se me hace eterno), me llevé un revés inesperado, un pequeño bache emocional…

y de repente, gracias a Fran, vuelvo a creer en… la primavera.

Y me quedo maravillada por el simple hecho que exista semejante corazón de artista, de músico, de poeta, de alma al desnudo…

Así que, con su libro de poemas que me compré sin dudarlo y sus canciones en Spotify que me acompañan a partir de ahora, vuelvo a sonreír… y quién sabe…

Tal vez algún día conseguiré el valor necesario para enviar esa canción con un “mira qué bonito”

El siguiente vídeo es genial, pero me quedo con la versión tocada en directo, con las luces de la sala apagadas, y con Fran cantando a capela a pleno pulmón, paseándose entre el público… artista en estado puro.

Tal vez algún día todo volverá a estar en su sitio, todo encaje, todo se aclare… y todas esas cosas que Fran canta se harán realidad.

Yo ya sé que son verdad, pero necesito que se hagan verdad.

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