Almas gemelas

Mi abuela paterna (a la cual dicen que me parezco mucho) era una mujer… cómo lo diría… creativa con un toque soñador rayando con loco, original, desenvuelta y divertida (y luego tenía un lado práctico, organizado y convencional… de modo que encajaba muy bien en la sociedad, en los entornos de trabajo, los círculos sociales de mi abuelo, etc. pero en las distancias cortas, tal y como la conocíamos la familia, era pura magia. En su imaginación no tenía límites).

Me he acordado de ella ahora al empezar a escribir, porque normalmente pongo el título porque más o menos sé sobre lo que voy a escribir, aunque luego a veces lo modifico, dependiendo de qué derroteros toma el texto… pero hoy, he dejado el título en blanco, porque no sé qué me va a salir (tengo varios temas rondando por mi cabeza a la vez y siento algo mucho más profundo que quiere ser liberado… así que cualquier cosa es posible).

Bueno, escribir sin saber el título o saber primero el título y a partir de allí construir el texto… ambas son unas formas válidas pero si lo pensáis bien, ambas son un poco traídas por los pelos… ¿No?

Mi abuela lo que hacía era comprarse un botón y a partir del botón imaginarse un vestido entero y luego ponerse manos a la obra y hacérselo. Yo he heredado esa capacidad suya de digamos agarrar un trocito de un sueño y empezar a construir la realidad alrededor, encajando el sueño, amoldando lo demás, pero partiendo de la ilusión y teniéndola presente, lo cual me da fuerzas para improvisar… Y he visto que hay gente que lo hacen al revés, primero construyen el escenario ideal para luego colocar el sueño en medio… y a lo mejor funciona, pero es tan al revés de lo que soy yo, que más bien pienso que para cuando has perfeccionado todo, el sueño se ha muerto mientras.

Y hay un tercer grupo de gente, que sueña pero no hace nada para que los sueños se hagan realidad, y esa creo que es la peor variante, porque los sueños no realizados te consumen por dentro.

Convertir el sueño en acción… sí, sobre eso quería escribir. Es cuando descubres que tú eres el motor, te pones en marcha y nada te puede parar. ¿Conocéis ese punto? No es fácil llegar allí. Normalmente estamos bloqueados por miedos, convencionalismos, ideas y creencias limitantes y atados a los demás, echando la culpa fuera… cuando es muy fácil:

todo empieza en tí.

Es decir, está lo que tú piensas, sientes, haces, dices, crees, cómo ves el mundo, tus fortalezas y tus debilidades… y eso es tu responsabilidad. Y está lo que piensan, sienten, hacen, dicen y creen los demás, los que te rodean, cómo ven ellos el mundo, sus fortalezas y/o debilidades…. y eso no es tu responsabilidad…

Así que lo primero, lo primero que debemos arreglar cada uno, no es fijarse en los demás y exigir a los demás (jugando a las adivinanzas y presuponiendo o prejuzgando), sino ser coherentes con nosotros mismos. Fijarnos en nosotros mismos y arreglarnos a nosotros mismos.

Saber qué quieres. Saber quién eres. Saber qué piensas, cómo piensas y porqué piensas como piensas (saber de dónde vienes, qué te ha influenciado, qué creencias limitantes o ideas fijas están en tu subconsciente, influyendo en tus decisiones, en cómo te tomas las cosas). Hacer caso – o aprender a hacer caso – a lo que sientes. Revisar qué dices y haces, si es lo que realmente deseas…

Muchas veces sentimos malestar y decimos que alguien nos obliga a algo, que alguien nos hace reaccionar de determinada manera… Pero si lo piensas, ¿de verdad es eso posible? ¿Alguien tiene tanto poder sobre tí que decide qué vas a hacer, qué vas a sentir, cómo vas a reaccionar?

¿Quién le ha podido dar ese poder?

Tú.

Nadie más que tú.

Así que sobre eso quería escribir, sobre la conexión con uno mismo y sobre lo poderoso y liberador que es cuando descubres que tú decides.

También da vértigo, asusta… porque con ello, tú asumes una responsabilidad. Ya no vale decir “es que el mundo es muy malo, es que esto es muy duro, es que esto no es para mí, es que yo no tengo suerte…” porque de repente, cuando descubres el poder que tienes tú tomando las riendas de tu vida, de repente te das cuenta que nada de eso vale ya. Que son excusas porque si te haces la misma pregunta, la respuesta siempre va a ser la misma:

¿Quién ha dicho que el mundo es muy malo? ¿Quién tiene tanto poder de afirmarlo y condicionar toda tu vida? ¿A quién le das tanto crédito?

A tí misma.

¿Quién ha dicho que esto es duro? ¿Quién se lo cree y lo da por válido?

Tú.

¿Quién cree que algo no es para tí? ¿Quién tiene tanto poder de subestimarte y hacerte creer que no eres lo bastante válida?

Tú…

Y entonces, el siguiente paso es preguntarte… ¿Qué es lo que crees realmente? ¿Qué es lo que realmente deseas para tí?

¿Cómo quieres vivir tu vida?

Y de repente, te das cuenta que las posibilidades son infinitas.

Y no es psicología barata y si lo es, pues funciona, y se vive mejor… Aunque cuesta abandonar los viejos hábitos y cuesta ser valiente.

A veces, encuentras ayuda inesperada al conocer a alguien especial…

Ayer he escuchado una frase muy buena. Decía que las almas gemelas tal vez podrían definirse como aquellas personas con los que más te sientes tú misma, con las que consigues sacar la mejor versión de tí misma…  o también que las almas gemelas son aquellas personas que hacen a tu alma experimentar el mayor crecimiento…

Lo que pasa es que no todas las experiencias de crecimiento son fáciles de vivir.

P.D. Una aclaración:

Al contrario de lo que pueda parecer, arreglarse una misma a sí misma en primer lugar no es un acto egocéntrico ni falto de empatía. En realidad lo haces en beneficio de los demás, porque es la única manera de poder estar en paz contigo misma y entonces poder atender a los que te rodean sin proyectar en ellos tus frustraciones y sin utilizarles como culpables de tu propio malestar y sin volcar en ellos tu furia. Porque evitar estas tres cosas, si lo pensáis bien, es bastante difícil.

Mira dentro de tí… y encontrarás la respuesta. 

Y cuando eres capaz de aceptar tus sombras, eres mucho más capaz de aceptar las de los demás…. o como dice mi maestra de yoga favorita: “Sé amable contigo misma… y luego trata a los demás de la misma manera”.

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