Tan a gusto

Nada como echar la mañana en la peluquería del barrio, reafirmando la autoestima, plantándole la cara al paso del tiempo y engañando un poco a la naturaleza, para conseguir una imagen que  me hace mucho más contenta: sin canas.

Hoy tocaba escuchar a una señora mayor con su sombra de ojos azul aplicada en todo el párpado y su pintalabios rojo vivo para completar el look, rememorando cómo era la vida cuando era pequeña, especialmente cómo conseguían comida… que si el conejo duraba varios días, porque se echaba un trozo en cada guiso para dar sabor nada más, que si iban al campo a buscar garbanzos, que si hacían tomate frito casero para tener todo el año, que si las patatas fritas con huevos rotos son un manjar… Y yo allí escuchando con una sonrisa, mientras contemplaba mi imagen con la cara sin maquillar y la cabeza embadurnada de tinte.

¿Alguna vez os habéis parado a miraros en un espejo durante un largo rato? A que en el día a día no hay tiempo para eso, ¿verdad? Por eso me gustan estos momentos en la pelu cuando no te queda otra que contemplar tu reflejo durante un buen rato… es como un pequeño reencuentro contigo misma… choca un poco verte “desde fuera”, como si fueras una extraña… cuya cara te suena de algo 🙂

Volviendo a la señora y sus ganas de charlar… Me encanta comprobar cómo hace no tanto tiempo – cómo hace unas cuantas décadas, la vida era mucho más sencilla. No me extraña que la señora concluyó diciendo “y éramos más felices”… pura sabiduría la de estas mujeres – madres y esposas de las de antes, las que llevan cuarenta años casadas y cocinan y limpian sus casas a diario y luego se van el sábado por la mañana a la peluquería del barrio, para que las peinen, esas melenas cortas bien arregladas y fijadas con laca, como pequeños cascos plateados o dorados, firmes y claras como sus verdades: que el marido siempre tiene la razón, que los hijos son lo más, que la vida es sufrida y dura.

Y me dio por reflexionar sobre la realidad de las mujeres de mi generación: yo sin ir más lejos, viviendo sola, sin tener que darle explicaciones ni rendirle cuentas a ningún hombre en absoluto…  no tengo ninguna presión encima de tener la casa como los chorros del oro todo el rato y de servir comida caliente dos veces al día, si no quiero. Y es un descanso. Me he pasado años asumiendo voluntariamente una presión invisible sobre mis hombros de “cuidar del hogar” y asumiendo todas las tareas domésticas (también porque fui tonta).

Es curioso, porque pensé que tras empezar a vivir sola, notaría un descenso de las tareas domésticas y ha sido tal la relajación, que por el contrario me encuentro con el agobio de que de repente, cuando me quiero dar cuenta, la ropa sucia se me  sale del cesto y la nevera está desierta… Pero luego me doy cuenta de que llevo sin poner una lavadora casi dos semanas y antes ponía una cada dos días, y antes íbamos a hacer la compra grande cada sábado y ahora voy comprando poco a poco una o dos veces por semana… Y antes había que hacer cenas calientes todos los días y ahora, en las semanas que no tengo el niño, muchas veces me ceno un batido de kéfir de Pastoret con un poco de miel de la buena y me doy un laaargo baño de espuma y el agua muy caliente, justo en ese punto que casi te quema… y me quedo en la bañera hasta que el agua se haya enfriado, y muchas veces me pongo música tranquila de fondo y sólo enciendo unas velas… 🙂 ¡Qué relax y qué paz!!!

Y qué cambio…

(es por un consejo que me dieron hace tiempo y que me ayudó mucho y que dice así: “Haz todas las cosas que sabes que contribuyen efectivamente a tu bienestar.” Lo empecé a aplicar y me quedé alucinada de lo mucho que podemos contribuir a nuestro propio bienestar con una cosa tan simple como dándole prioridad)

La verdad es que se me pasa el tiempo volando, porque rápidamente he rellenado el tiempo libre con cosas que, a decir verdad, me nutren y me hacen mucho más feliz que la fregona y los fogones (bueno, esto segundo mentiría, porque me gusta comer bien y por tanto, no me importa cocinar, pero es distinto cocinar lo que me apetece y cuando me apetece, que hacerlo por obligación y al gusto de alguien que a lo mejor no coincide con el tuyo y luego se dedica a criticar y a lo mejor ni se come lo que has hecho… en fin).

Bueno, como os decía, en mis semanas de libertad recuperada, aparte de las clases de inglés y de yoga y de los baños largos y relajantes…

de vez en cuando hago algún plan con mis amigas: cena, teatro, exposición… y la semana pasada tocó concierto.

Y fue genial, porque probé algo diferente, porque el espectáculo y la música no estuvieron nada mal, pero lo que más me gustó fue la compañía de mis dos amigas (Checas las dos, en este caso). Hubo un momento nada más empezar el espectáculo, cuando miré a mi amiga Leo y me di cuenta de que hace 19 años que la conozco, y de repente fui consciente del pedazo de camino que hemos andado cada una y que era genial seguir contando con ella en mi vida pasado todo ese tiempo… y quién nos lo iba decir hace esos 19 años, cuando quedábamos cada sábado y nos dedicábamos a recorrer el centro de Madrid y tomábamos un café con leche en el Rodilla o un cono de helado de chocolate en el McDonald´s… que 19 años después, estaríamos juntas viendo una banda new-age mitad sueca mitad británica, tocar una especie de sartenes dadas la vuelta (en realidad son el instrumento new-age especial, pero cuyo nombre ignoro). Ni mi amiga Leo ni yo conocíamos la banda ni el tipo de música que hacen de antes, pero cuando la tercera chica – que sí que es fan del grupo – preguntó si alguien la acompañaba, nos apuntamos enseguida. Tanto a Leo como a mí nos gustan las cosas alternativas y espirituales y esta música sin duda lo es. (Leo es una persona super sabia y evolucionada en este campo y ya que sé que me va a leer, añado que tiene un corazón enorme lleno de luz y calor, una calma interior que es como un bálsamo para los que la rodean y una fuerza y temple de los que por favor, amiga mía y “hermanita”, nunca dudes…).

La tercera chica es – casualidades de la vida – de la misma ciudad y del mismo barrio que yo, así que aparte de que es genial encontrar otra vecina de la infancia en España, las dos usamos algunas expresiones típicas del dialecto (algo peculiar) de la ciudad de la que venimos… y Leo es de otra parte del país. Así que cuando la tercera chica dijo “Me encanta uno de los músicos, porque es muy apañado“, yo enseguida le entendí que se refería a que era guapo, porque en nuestra ciudad se dice así, pero Leo no lo pillaba y tuvimos que aclarárselo 🙂 Ya no me acordaba de la expresión (pequeña clase de checo de Ostrava: “šikovný” = “dobře vypadající”).

Así que nada, los músicos empezaron a tocar las sartenes esas muy suavemente, a un ritmo lento… de hecho resultaba un poco monótono y Leo preguntó un poco desconfiada: “¿Todo el concierto va a ser así?”

La visión de dos horas escuchando ese ritmo pausado me resultaba super cómica, porque además los músicos hacían unos movimientos como muy concentrados y envueltos en la música y los espectadores tenían todos (además de pintas muy hippies o de “frikis new age”) expresión de “tío, qué flipe” o como si supieran algo (que a mí se me escapaba) así que era todo un poco absurdo al principio… pero luego los músicos empezaron a subir de intensidad, interactuaron con el público y terminaron con mucha marcha y por supuesto con un mensaje muy potente (os lo pongo al final).

Al principio del concierto pensé que igual hacía falta fumarse algo para disfrutarlo (para ponerse en sintonía) pero según el concierto fue avanzando y fueron subiendo de ritmo, me vi arrastrada por el sonido y las imágenes y fue cómo alcanzar otro estado de consciencia (así que seguramente al final del concierto yo también tendría una cara de flipe y esa expresión de “eso es”)…

P.D. La tercera chica también es una persona espiritual y ha sabido explorar y despertar muchos aspectos de su femineidad. Me persigue la imagen de ese cursillo de “despertar femenino” en el que participó y que incluía andar desnudas dentro y fuera de la casa del retiro espiritual… De las recias señoras de la peluquería del barrio rememorando los chorizos fritos al cuerpo blanco y desnudo de mi amiga, con su larga melena rubia suelta, correteando entre los árboles en busca de las raíces de su Diosa interior… hay un trecho pero cómo dijeron los Hang Massive:

todos somos seres magníficos

Os dejo con un párrafo de un libro que estoy leyendo y que viene al pelo:

“El amor absoluto no es algo que debamos – o que ni siquiera podamos – inventar o fabricar. Es algo que fluye a través de nosotros cuando nos abrimos plenamente – a otra persona, a nosotros mismos, o a la vida. En relación al otro, se manifiesta como preocupación y cuidado altruista. En relación con nosotros mismos, se muestra como confianza interior y auto aceptación que nos da calor desde dentro. Y en relación a la vida, se manifiesta como sensación de bienestar, gratitud y alegría de vivir.” 

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