San Nicolás

En el corazón de Europa:

La noche del 5 al 6 de diciembre, desde tiempos inmemoriales… San Nicolás, acompañado de un demonio y de un ángel, va repartiendo aguinaldo a los niños por todos los hogares checos (y húngaros y puede que algún país más). El ángel es quien trae la dulce recompensa (fruta, frutos secos, chocolate y golosinas varias) para los niños que hayan sido buenos y el demonio está allí para llevarse a los más pecadores al Infierno, por supuesto. Para ello va equipado con un saco y no hay Checo que se precie que no haya vivido en su infancia por lo menos un buen susto en el cuerpo, gracias a algún vecino disfrazado de demonio que vino a apoyar los empeños educativos de las madres checas para que los niños recogieran los juguetes, por ejemplo (en mi caso, me libré de la experiencia demoníaca, pero porque mi madre tenía un hermanastro que además de campeón nacional de natación era policía, así que mis padres no me amenazaban con el demonio que me iba llevar al infierno si no ordenaba mi cuarto, me amenazaban directamente con la policía que me iba a meter en la cárcel. Así que mi recuerdo imborrable con 4 o 5 añitos es el de un señor policía completamente uniformado apareciendo en la puerta de la casa agitando las esposas. Como os podéis imaginar, salí hacia mi habitación a ordenarla perdiendo el culo).

Recuerdo la víspera del 5 de diciembre, esperando impaciente con mi hermana, escudriñando la oscuridad tras los cristales de la ventana y exclamando: “¡Creo que lo he visto! ¡He visto a San Nicolás, ya viene!” y recuerdo la ilusión cada mañana del 6 de diciembre, encontrándonos el calendario de adviento de chocolate, las bolsas de mandarinas y naranjas y el calcetín lleno de golosinas varias.

Mientras tanto, en el corazón de la Península Ibérica:

La tarde del 6 de diciembre, las Embajadas Checa o Eslovaca (se van alternando) abren sus puertas y acogen en sus espacios a todos los compatriotas que quieran venir y a tres invitados muy muy especiales:

Sí, San Nicolás, el Ángel y el Demonio, tras la paliza de repartir por los hogares checos, vienen en persona a repartir en vivo y en directo a los niños medio checos o eslovacos en Madrid.

Y os aseguro que todos esos medio españolitos se presentan delante de los tres seres mágicos, con los ojos como platos y muertos de miedo. San Nicolás abre su gran libro de los pecados y allí está todo: los no comedores de verduras, los desordenados, los olvidadizos con la higiene bucal, los vagos con los deberes, los revoltosos, los contestones, los que no dejan dormir a sus padres por la noche, los que lloran por todo, los hay hasta que muerden a sus hermanos (normalmente mayores) y los hay que no quieren compartir. Imagínense. El demonio frunce el ceño y agita su cadena y sus ojos lanzan relámpagos furiosos, mientras el ángel se pone triste pero entonces, San Nicolás pasa a leer la parte buena, el demonio se aplaca y el ángel se ilumina de alegría, radiante como un árbol de Navidad, al escuchar sobre los que ayudan en todo, se aplican en los estudios, son muy alegres, colaborativos y buenos chicos en el fondo, disfrutan cantando, bailando y haciendo deportes o tocando la música muy bien… y entonces, San Nicolás se despide de ellos hasta dentro de un año, instándoles a ser buenos y el ángel les tiende su regalo.

Creo que es super bonito mantener las tradiciones y la cara de susto de los niños no tiene precio, creedme :-))

Recuerdo al mío, preguntando repetidamente el año pasado, cuando había recuperado el habla, obviamente (porque delante de San Nicolás, se quedó mudo de la impresión, que ya es decir, porque el mío es parlanchín como él solo): “¿Pero mamá, cómo sabía San Nicolás que rompo las punteras de los zapatos? ¿Cómo podía saberlo??”

Este año, sin embargo, mi niño está pasando el puente con su padre, así que hay un hogar madrileño dónde vive un pequeño medio Checo, dónde “San Nicolás” vendrá la noche del 11 al 12 de Diciembre 🙂 (guardadme el secreto, eh…)

Y mientras, la madre revivió toooda la ilusión entregándose a fondo… o por todo lo alto (con alas para volar incluidas)… Fue una experiencia casi celestial :-)))

 

 

P.D. Fui dejando rastro de purpurina dorada por todas partes hasta el día siguiente 🙂

 

 

 

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