Poetry Slam Internacional Madrid 2018

Una de las grandísimas ventajas de la custodia compartida es que en la semana esa que vivo con un  agujero en el pecho, esa que me siento vacía e inútil y con ganas de mandarlo todo a la mierda porque echo terriblemente de menos a mi niño, pues en esa semana puedo hacer lo que me dé la gana con mi tiempo libre así que si llega a mis manos un anuncio de que una poetisa checa participará en un “poetry slam internacional” en el centro de Madrid un jueves por la noche, pues ¡allá que voy sin dudarlo!! Y me lo pasé genial 🙂

Mientras esperaba en el cada vez más abarrotado bar, haciendo cálculo mental de a qué hora llegaría a casa y a qué hora me tocaba levantarme al día siguiente para ir a trabajar, me di cuenta que me daba igual. Prefiero mil veces este tipo de plan que estar pegado a la caja tonta (viendo la tele) acostándome a las mil, como les pasa a muchos.

Ocho poetas de todos los países subieron al escenario. Hubo gente buenísima. Todos recitaban y actuaban muy bien. Algunos transmitían ideas super profundas.

Me encantó un italiano, recitando con voz ronca y ese acento super sexy, un poema precioso sobre el amor y la muerte – el único obstáculo que el amor no es capaz de vencer… escalofriante.

Me encantó la única española, que se comió el escenario, por la contundencia de su actuación y su perspicacia, recitando sobre cosas que venden y cosas que no venden y sobre gente que te mira y te ve y gente que te mira pero no te ve. Me encantó otra española, recitando en un inglés perfecto, desgarrándose delante del micrófono, preguntándole a Anna Frank si una sola vela sería suficiente para ahuyentar la oscuridad… y en los escasos tres minutos que duró su intervención, me arrastró literalmente con ella, dejándome con la piel de gallina y la garganta oprimida. Y me subyugó totalmente el ganador, un inglés, que con su primer poema, agudo pero lleno de sentimiento, sobre un psicópata en el jardín, nos hizo reír y pensar a la vez, y con su segundo poema (en la ronda de finalistas), me conquistó definitivamente. Mientras le escuchaba, sentí esas tijeras en mis manos y el tacto del suave pelo blanco bajo mis dedos y sentí todo el peso del mundo en mi alma, os lo juro.

Por cierto la Checa no lo hizo mal. Nos hizo reír con su Canción Naranja, pero fue más flojito. Lo bueno es que fue mucho más light de lo que me temí cuando leí a qué tipo de poesía se dedicaba (erótica, perversa y retorcida).

Todos lo hicieron muy bien. ¡Creo que me voy a hacer poetisa! O sea, sería lo mismo que hago aquí, pero rimando… Dadme tiempo 😉

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