La sonrisa de Cristina

El pasado jueves volví a pisar la Malasmadres House, esta vez para asistir a un Gin con… Cristina Inés.

Sabía que su testimonio no me iba a dejar indiferente y por eso iba a verla, aunque tenía una semana complicada y apenas pasé tiempo con mi pequeño. Pero oportunidades como esa hay que aprovecharlas. En este caso, quería escuchar su testimonio. Y mereció la pena. Me partió en dos con su simple, cruda y pura verdad sin adornos.

“Cuando pierdes el miedo a perder, pierdes el miedo a la vida.”

De Cristina (podéis leer sobre su historia en el blog de Malasmadres), lo que más me impactó, fue esta frase. Es el resumen de su teoría de “soltar”, de perder el miedo a perder (conozco ese punto), de aceptar las cosas como son (injustas, retorcidas, crueles, duras…), aprender a seguir adelante… por su hija Martina, ella sabe que tiene que vivir, aprovechar la vida. Aunque sea cojeando del alma… pero la vida es eso. Nos venden la moto de que todo es de color rosa y la muerte es un tabú y nadie nos prepara para ella. Y es real. Y cuando pasa, descubres que aunque tú estás destrozada por dentro, el mundo no se acaba y sigue tan campante. Y tú sigues con él aunque hayas visto morir a un hijo, algo totalmente antinatural. Como dijo Cristina, y una rabia contenida imprimió un temblor a su voz, aún después de haber perdido ya la batalla: “Yo no había traído una hija al mundo para eso”. 

Cristina contó que siempre había sido una persona muy sonriente y cuando peor estaba, su mayor miedo era que no iba poder sonreír de nuevo.

Me sentí profundamente identificada con ella, cuando hablaba de preguntas que no tienen respuesta – conozco muy íntimamente esa maldita lista que empieza por “¿Y por qué nosotros?”… y cuando contaba lo de la sonrisa porque yo soy igual.

De hecho, me he planteado muchas veces si realmente es una ventaja o más bien todo lo contrario, ese estúpido empeño de ir siempre con la sonrisa por delante.

Porque a veces, la vida duele. Y entonces, echas de menos tu sonrisa… porque si sonríes, es porque no estás preocupada.

A Cristina le tocó ver a su hija enferma y enfermar ella misma, le tocó vencer su batalla mientras su hija la perdía. Eso le robaría la sonrisa a cualquiera. Es injusto, es cruel, es retorcido… y Cristina tiene todo mi respeto y admiración por haber vuelto a sonreír.

Porque de alguna manera, lo que no te mata, te hace más fuerte. Y hace tu sonrisa más especial. Con una luz propia que sólo las sonrisas que nacen de las lágrimas pueden traer. Como el arco iris tras la lluvia.

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