Mi mejor amiga

He conocido a una persona increíble. In-cre-í-ble. Es una mujer fantástica, inspiradora, divertida… y es genial sentirla en mi vida. Os voy a contar algunas cosas de ella, aunque no sé si entenderéis mi entusiasmo… ella es perfecta para mí y por eso a lo mejor no le gustará a todo el mundo. A mí sí, que es lo importante.

En primer lugar, es alta como yo y eso ya es un punto en común. En segundo lugar, es bastante guapa aunque a ella le da mucha vergüenza que se lo digan 🙂 Procura cuidar su imagen, pero sin obsesionarse… tiene el punto justo entre rigor e indulgencia, tirando más hacia la indulgencia, creo… Es disciplinada y organizada pero también es creativa y le encanta improvisar… es una mezcla única y un poco sorprendente. A veces, me dice que siente que puede ser cualquier cosa y abarcar el mundo entero y a veces, necesita encogerse, hacerse pequeña y desaparecer de la vista de todos, aislarse en sí misma… Es muy profunda, hipersensible, empática y soñadora… pero también es la persona más fuerte que conozco, práctica y muy responsable.

Le encanta levantarse temprano, antes de que lo hayan hecho el resto y desayunar sola y luego, meterse en la cama otra vez. Es un pequeño placer que practicamos las dos los fines de semana. Empezar el día sin prisas… En los días de diario, las dos empezamos el día con el yoga 😉 También compartimos la afición por el deporte. La verdad es que así es cómo nos conocimos – el año pasado, empezamos a salir a correr por el mismo parque, pero no éramos amigas todavía. Nos cruzábamos y nos saludábamos y sabíamos la una de la otra, eso sí. Pero nos hicimos amigas hace poco, cuando coincidimos en las clases de “dar puñetazos” como lo llamo yo (ella lo llama “soltar hostias como Dios manda”). En realidad se llama “Cardiobox” y consiste en entrenamiento bastante duro con un saco de esos de kickboxing. También se dan patadas, se hacen sentadillas, se levantan pesas… Es fuerza, velocidad, precisión… exigencia física… y a las dos nos encanta. Yo siempre era más de clases de baile, pero he descubierto que esto me encanta y a lo mejor ha sido como el destino entrar en esas clases, porque ella me estaba esperando allí.

Es increíble (eso ya lo he dicho, lo sé. Me repito. Pero no tengo otra palabra para describirlo… Tal vez “¿Quién lo iba decir?” o  “Asombroso”… sí, asombroso está bien).

Es asombroso.

Más cosas que me encantan de ella… le gusta cocinar y le gusta comer bien. Le gustan los sabores de verdad. Aunque esté muerta de hambre y de cansancio, prefiere meterse 20-30 minutos en la cocina y prepararse algo decente antes que malcomer cualquier cosa. Y desde luego, nada de comida rápida. Los mismos 30 minutos que tarda cualquier tipo en moto en traerte una porquería son los que tardas en preparar comida de verdad, opina ella y es más, lo practica. Tiene un montón de recetas rápidas y sencillas que se pone a hacer con una copa de vino blanco bien frío y su música favorita. Y luego, le gusta comer en la terraza viendo el cielo y las nubes, si hay… o por lo menos, sentir la brisa en la cara. Por la misma razón (comer al aire libre), le encantan los picnics… qué cosas tiene.

También le gusta la repostería. Hace unos bizcochos espectaculares. Lo que más le gusta es hornear algo, o sea hacer bizcochos o galletas caseras… por el olor. Impregnan la casa con una sensación de hogar, de bienestar…

Hablando de olores, le gusta el café recién molido hecho en la cafetera de émbolo y es capaz de diferenciar los granos de café según su procedencia. No tienen el mismo sabor los cafés latinoamericanos que los africanos que los indonesios, me dice mientras yo me abraso la lengua cada vez que intento hacer una cata como se lo enseñaron a ella – sorbiendo el café recién hecho para paladearlo. Y hablando de café, le gusta el chocolate negro y los sabores amargos en general, como las endivias – se las come a mordiscos. Bueno, le gustan todas las verduras. Como los rabanitos, esos que son rosa por fuera y blancos y picantes por dentro… o por ejemplo, espinacas rehogadas con pasas y piñones… si son frescas y no congeladas, mejor todavía. Un día la invitaré a comer y cocinaré este plato para ella.

Su especia favorita, como me confesó hace poco, es la canela. La echa en sus smoothies, sus gachas de avena, su café helado y hasta en un plato de carne picada, berenjenas y salsa de tomate que le enseñó a hacer su hermana tras un viaje a Grecia. También cocinaremos eso.

Se le da bien dibujar y escribir y le encanta leer. (somos muy parecidas) Se me olvidaba decir que es extranjera. Me encanta recordar con ella el olor a las papelerías de su infancia en su país. Es olor a cuaderno impoluto, a papel fresco, a los nuevos comienzos. Olor a lápices, rotuladores y a los mundos infinitos que se pueden crear con ellos. Me ha contado que cuando iba al colegio y las clases se le hacían muy tediosas (casi siempre), pasaba largos ratos garabateando en las contraportadas de los cuadernos o en hojas sueltas que escondía entre las páginas llenas de apuntes. Una vez, una profesora de química la pilló, le quitó el dibujo y lo mostró delante de toda la clase, diciendo teatralmente:

– Cuando seas una pintora famosa en el futuro, podrás contar la anécdota de cómo te impedían dibujar en clase de química en el colegio quitándote tus obras maestras. Y ahora, atiende a la tabla periódica de elementos, por favor.

Hace mucho que ella no dibuja, sin embargo. Tal vez podríamos volver a ello algún día de estos juntas… Vuelca su creatividad de otra forma. Le gusta escribir (como a mí). Le gusta hacer álbumes de fotos y – esto ya es de traca, ¿cómo podemos compartir tantas cosas? – le gusta coser.

Es muy observadora. Inteligente. Le encanta reírse de sí misma. Es generosa y le encanta cuidar de los suyos.

Le gusta la naturaleza. Su lugar favorito del Planeta es un bosque en verano.

Ah, y es una madre fabulosa.

Se le dan bien los idiomas. No sé qué más os podría contar de ella… de todas formas, lo que ella significa para mí, es difícil de transcribir. Lo más alucinante de todo es que resulta que es mutuo. La compenetración es total. Cada vez que le dedico una sonrisa, ella me sonríe. Si estoy triste, ella lo está. Si me enfado, ella se enfada también… y luego me ayuda a salir del enfado (soltando puñetazos alias hostias bien dadas).

Amo a mi mejor amiga. Ha estado siempre allí pero durante 38 años de mi vida no he sido capaz de verla con claridad. Ahora sí. Ahora siento que me acompaña a todas partes y me encanta poder hablar con ella de cualquier cosa y sentirla dentro de mí. Es sabia. Me ayuda a encontrar todas las respuestas.

Y vosotros, ¿habéis descubierto ya a vuestro mejor amigo que vive dentro de vosotros?

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