De qué está hecha la vida

La vida está hecha de decisiones… y de concesiones.

El otro día me metí un momento en un foro online checo sobre crianza, dónde cualquier usuaria puede publicar su propio artículo o chatear, mayormente sobre partos, embarazos y crianza… y leí un artículo de una madre que se desahogaba de sus intentos fallidos de concebir su segundo hijo in vitro. Tuvo suerte a la primera, pero ya no pudo volver a ser y ella terminaba diciendo que se había rendido, de que ya su bolsillo no permitía más intentos, y que era muy duro aceptar no poder tener más hijos (cosa en la que la entiendo, aunque ella se lamentaba porque ella no podía concebir; y en mi caso es un “puedo, pero no debo”… pero al final el dolor es el mismo, creo…) total que ella decía con un poco de amargura que se habían gastado no sé cuántos cientos de miles de coronas para nada y que con ese dinero habría podido viajar o emprender o cualquier otra cosa.

Yo enseguida pensé que no fue “para nada”. Que tal vez fuera “sin el éxito deseado”, pero no fue para nada… fue para la esperanza, para la posibilidad, para el intentarlo todo y no quedarse con los brazos cruzados… y al final no pudo ser, pero no fue en vano. Seguramente si no lo habrían intentado, siempre quedaría la duda del “y si hubiéramos tenido suerte con el tratamiento” y que sería peor el remordimiento, la incertidumbre del qué pudo haber sido. Ahora toca el aceptar el resultado, el que no siempre las cosas salen como uno quiere. Eso creo que forma parte de la vida. Las decisiones y las concesiones. Decido hacer X pero luego muchas veces toca ceder en mi actitud. Porque a lo mejor no se puede, por más que yo quiera.

Sin embargo creo firmemente que no hay que tener miedo a tomar las decisiones, porque no se puede predecir el resultado, no somos adivinos. Si cada decisión, la tomas honestamente, sinceramente, coherentemente con todo lo que sabes y sientes en ese momento, estás dando los pasos correctos. Si haces lo único que puedes hacer de acuerdo con tus conocimientos, circunstancias, creencias, etc. en ese momento, ¿cómo vas a actuar mal? Repito, no somos adivinos. Tú lo haces creyendo en el éxito, en que es lo mejor que se puede hacer.

Y a veces te metes en un callejón sin salida, pues toca desandar un trozo y seguir avanzando, buscando tu camino por otro lado. Ningún paso que hayas dado, aunque lo tuvieras que desandar, es en vano. Porque en todos tus pasos cosechas experiencia y sabiduría, y a veces esa sabiduría muy valiosa es simplemente el saber que “por allí no”.

Mis más sinceras felicitaciones a aquellos que saben de antemano qué callejones son sin salida. Yo no poseo esas certezas y ese grado de agudeza e iluminación.  En cambio,  lo que sé por experiencia, es que a veces algunos callejones aparentemente oscuros y sin salida, que terminan aparentemente en un muro, tienen una puerta que no habías visto bien a la primera en ese muro, o algunos ladrillos sueltos que tirando de ellos abren un boquete lo suficientemente grande para que de repente, la puerta cochambrosa con la cerradura llena de óxido se abra o el muro sólido se derrumbe, y de repente eso que parecía un callejón sin salida da paso por ejemplo a un maravilloso jardín mágico lleno de flores y de luz.

No dejéis de buscar las puertas ocultas al final de los callejones sin salida. A veces, al acercarse al obstáculo y verlo de cerca, se abren caminos inesperados para poder superarlo.

Y de eso también está hecha la vida, de esperanza, fe y determinación.

Aunque el tejido principal del que está hecha la vida es el Amor o como dice Will Smith en la buenísima película “La Belleza Oculta” (os la recomiendo sin duda), hay tres principales motivaciones para todos nosotros: Amor, Tiempo y Muerte.

Y por último, la vida está hecha de sueños, y de eso habla otra película que también os tengo que recomendar, aunque añado que tanto para la primera como para esta, tened a mano una buena caja de pañuelos: “La La Land”.

Y termino con esta frase que me ha encantado estos días en el Facebook:

“Cuidado al tratar a los niños, contienen sueños.”

Cierto. Pero algunos adultos… o tal vez, todos… también los contenemos.

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