Xuan Lan: yoga en el día a día

Como ya mencioné en el blog algunas veces, me gusta hacer el yoga. La empecé a practicar en la Wii Fit – un comienzo como cualquier otro, supongo. Tiempo después, un buen día me compré un librito rebajado que venía con un DVD con 4 secuencias de yoga para diferentes momentos: yoga al despertar, yoga revitalizante, yoga relajante y yoga para fortalecer. Por 5 € me llevé cuatro sesiones de 15 minutitos cada una, con las que me inicié un poco más en el mundo del yoga. Me gustó el formato – a diferencia de la wii, dónde eran posturas – perdón, Ásanas – encadenadas, pero de una en una… en el vídeo, vas pasando de asana en asana de una forma más fluida.

Y me dio por buscar a ver si había algo más en youtube. Así, hará medio año para atrás, me dio por mirar y flipé cuando vi todo lo que hay colgado en la red. Un sinfín de vídeos, al alcance de todos y para todos los gustos.

Probé algunos y pronto me di cuenta que los que más me gustaban y mejor me sentaban con diferencia eran unos de una tal Xuan Lan, una mujer con rasgos asiáticos, apariencia frágil (por su esbeltez) pero fuerte (por la tranquila calma que desprende), español impecable con un ligero acento que no sabría identificar y un próposito claro en la vida: enseñar el yoga. No sé si es la mejor maestra del yoga, si su técnica es asombrosa o simplemente, aceptable… Como dice ella misma: su próposito es enseñar la práctica y la filosofía del yoga, pero no enseñar lo bien que le pueden salir las asanas, lo bien que lo sabe hacer.

Es auténtica, cercana y por eso – por lo menos a mí – me llega al alma y me encantan sus tutoriales. Ahora que la he oído hablar en vivo y en directo, puedo entender un poco mejor cuál es su secreto: ella ha llevado el yoga a su día a día.

Xuan Lan está en Instagram, Facebook y tiene un blog, además del canal de youtube del cual soy seguidora. También ha sacado un libro – Mi Diario de Yoga – y pronto oiréis hablar de ella porque va a dar clases de yoga a los concursantes de la nueva edición de Operación Triunfo. Su estrella está en auge. Como ella dice: “Cada uno tiene que encontrar su próposito. Después, la vida se convierte en un camino seguro.” El suyo desde luego, con este salto a la pequeña pantalla, va despegando a por todas…

Pronto su dulce voz inundará los salones de media España, desde las aulas de OT. El mío ya lo inunda todas las mañanas desde hace 3 meses, tiempo que llevo haciendo yoga todos los días. Lo primero según me levanto es ir al baño, beber un poco de agua, desenrollar la esterilla, buscar un vídeo de Xuan Lan y empezar: de pie, en “tadásana” o “a gatas” – durante 15-30 minutos, depende del tiempo y ganas que tengo cada día… el mundo se desvanece a mi alrededor y vivo conectada con mi interior, a través de la respiración y las posturas.

Para mí tiene dos efectos: a nivel emocional o mental, me vuelve más serena, más tranquila, más conectada conmigo misma… y a nivel físico, aunque parezca que el yoga no es un gran deporte, porque no sudas, se hace todo despacio…, sí que trabajas y poco a poco vas notando tu postura más erguida, tu core más fuerte, tus movimientos más fluidos, vas desarrollando la flexibilidad y también la fuerza.

Os cuento todo esto para animaros a que le deis una oportunidad al yoga, cuando la gente lo ensalza tanto no es en vano. Es muy bueno.

Y en segundo lugar, os cuento todo esto para que os hagáis una idea de lo importante que es para mí esta maestra, con cuyos vídeos disfruto cada mañana. Así que cuando hace unas semanas me saltó en Facebook una publicación suya que decía que el sábado 23/9 iba a dar una charla en Madrid en el Glamour Sport Summit, supe que no me la querría perder.

Y ayer acudí a la cita. En un día soleado, cálido, brillante… en este primer día de otoño como quien dice, que con el calorcito del sol aún sabía a verano… mi destino era la Residencia de Estudiantes de la calle del Pinar en pleno centro de Madrid – bueno, centro centro no, está por Gregorio Marañón para que os hagáis una idea. Allí fue dónde salí del metro y en diez minutos andando me planté en el evento. Por el camino me fui encontrando chicas y mujeres vestidas con ropa de deporte, señal de que iba en buena dirección. Algunas incluso vestían una camiseta azul con el logo del evento. Perfecto.

Llegué a las tres menos cuarto y me dirigí directamente al lugar de la charla, porque no quería perdérmela. Ya había 4 personas esperando en la puerta del Salón de Actos.

– Perdonad, ¿estáis esperando a la charla del yoga a las cuatro? – les pregunté.

– Sí, es que somos un poco friquis, – me dijeron con una sonrisa que provocó enseguida la mía; un par de amigas supongo, que aprovecharon la espera para tomarse su comida. La cara de una de ellas me sonaba un montón. Pero no la ubico. Tal vez de algún blog o incluso de la tele, de algún otro evento deportivo… no lo sé…

La Residencia de Estudiantes es un antiguo edificio de ladrillos, rodeado de jardines con grandes árboles. Yo esperaba en una especie de galería acristalada y por los grandes ventanales veía el patio central con una carpa de Clinique, un patrocinador del evento, y un podium con una especie de gimnasio al aire libre, dónde se impartían los talleres. Cuando llegué estaban terminando alguna clase de fitness potente, casi agresivo, con la música a todo volumen y todo el mundo dándolo todo, animado por una monitora que parecía una dinamo irradiando energía y no paraba de gritar con la voz llena de júbilo. Para pasar el rato (más de una hora de espera) me dediqué a observar – la clase terminó y la monitora, sin parar de sonreír (¡¡buen rollo, buen rollo, buen rollo!!) no paraba de moverse, mientras posaba con quien se acercara a verla y lucía una anchísima sonrisa y flexionaba sus bíceps. El sol rielaba entre las copas de los árboles, encendiendo los bordes de las hojas, verdes con un cerco amarillo del incipiente otoño y de la luz del sol, y esta chica parecía otro pequeño sol, llena de una energía difícil de ignorar. No sé quién era, la verdad. Vi a creo que Fernando Sartorius con una chaqueta de chándal posando con ella y saludando a la gente que se le acercaba.

Me interrumpió el móvil. Atendí a una llamada de mi marido, que había llegado a casa y ya estaba con el niño al que dejé un par de horas antes con la abuela, para poder llegar al evento.

Volví a mirar hacia el escenario – la chica estaba dando una entrevista a un tipo con una gran cámara en el hombro. Observé la chica – llevaba un peinado de trenzas por toda la cabeza y ropa deportiva – un llamativo minishort de colores intensos y camiseta oscura, más neutral, pero sin mangas, de modo que resaltaban sus brazos musculados. Hombros, bíceps, tríceps muy marcados… casi me pareció que tenía unos minibrazos de hombre que no concordaban con su cuerpo de mujer. Me fijé en sus muslos, potentes, marcados… de repente, se puso a hacer una serie de sentadillas y zancadillas, pero pasando de una en otra con salto, veloz, certera, potente. Y con esa sonrisa de anuncio de dentífrico todo el rato. Vi que sus cuádriceps se tensaban, abultaban su piel, formando dos gruesos rodillos paralelos con sus fémur. Lo siento, no hay forma de describirlo de una forma más poética. Era brutal.

De repente, la vi a ella. Xuan Lan, como envuelta en un halo de paz y tranquilidad, se materializó a los pies de la escalera de acceso al edificio. Bebí con mis ojos su imagen – su perfil, hierático como el de una princesa oriental, la lisa melena negra cayendo por la espalda, los hombros relajados, la postura erguida, pero grácil… parecía que a su alrededor la luz del sol se volvía más blanca, como si la yoguini creara un oasis de paz que hasta sofocaba el excesivo calor de ese intenso sol de Madrid.

La seguí con la mirada, deseando que llegara el momento de la charla. Pocas veces me sentí tan feliz de estar en un momento y en un lugar concreto como ayer, esperando a las puertas del Salón de Actos, para escuchar a Xuan Lan en vivo y en directo.

Su charla se titulaba “El yoga en el día a día” y yo no sabía de qué iba a ir, porque ignoraba – e ignoro – casi todo del yoga, salvo que lo practico y que me sienta muy bien, pero no soy una “friqui” del yoga… de modo que iba totalmente vírgen. Abierta a cada una de sus palabras.

La galería estaba repleta de mujeres esperando, zumbando y resonando con las conversaciones y risas. El nivel del ruido era incluso demasiado alto para mi gusto. Y entonces, justo cuando ya me empezaba a cansar un poco, se abrieron las puertas y pudimos pasar. Qué demonios, me senté en medio en la primera fila. Libreta y boli en mano, estaba dispuesta a aprender de alguien a quien admiro y a quien le guardo gratitud, por guiarme tan desinteresadamente en el mundo del yoga. Muchísimos de sus vídeos terminan con el mantra “om” (por cierto, estoy deseando ver cómo lo cantan los concursantes de OT – ellos que tienen oído y voz… serán unos “ooooommmm” espectaculares, ¿no?) y una dedicación de la energía positiva para alguien. Yo muchas veces me la dedico a mí misma y no sé… tal vez funciona y  todo. En cualquier caso, aunque sea figurado, sienta bien empezar el día con una ducha de buenas vibraciones y en mi caso, aunque el grifo soy yo, la que me enseña cómo abrirlo es ella – así que, gracias (“namasté”).

Intenté sonreír y estar tranquila, para darle buena energía a ella antes de empezar la charla. Una sala llena de gente expectante debe imponer y ella parecía tan frágil… tan poca cosa para este mundo del espectáculo. No una show-woman como la chica fitness de antes. Y sin embargo, Xuan Lan nos cautivó a todos y habló y se movió por el escenario con absoluta seguridad, sin imponer, sin presumir… y sin embargo, haciendo un gran trabajo de dirección, de conducción, de liderazgo… ella ha venido para conducirnos por el mundo del yoga en el día a día y lo ha hecho.

Lo primero que nos mostró fueron los principios del yoga:

Ahimsa – no violencia

Asteya – no robar

Santosha – contentamiento

Karma yoga – desapego

Prana – energía vital

y habló de la importancia que tiene la meditación en el día a día. Nos explicó que el estado natural de la mente es saltar de un pensamiento a otro, sin cesar. La meditación intenta poco a poco ralentizar eso. Porque detenerlo del todo es casi imposible e incluso los primeros intentos de meditar pueden ser frustrantes, porque la mente es como un músculo y hay que entrenarla poco a poco. Así que nos animó a que meditáramos, pero a diario y a ser posible en el mismo momento… como una pequeña rutina.

“El yoga es la práctica que silencia las fluctuaciones de la mente.” Patanjali

Después habló más de cerca sobre los principios del yoga.

La “no violencia”, significa no violencia física, por supuesto, pero también gritar a alguien, es violencia. Criticar a alguien, es violencia… autocriticarse, despreciarse, es violencia… Así que no ejercer la violencia significa eliminar esas conductas también. Allí fue, creo (o sea nada más empezar), dónde nos empezó a seducir a todos los allí presentes. Porque todos pudimos intuir que eso aportaría una dimensión totalmente diferente y una gran calidad a nuestras vidas, si desapareciera toda esa “violencia”.

No robar – de nuevo se refiere, además de no robar cosas, obviamente, a no robar por ejemplo la energía de los demás. Con según qué actitudes tuyas… ¿veis las posibilidades que encierra esto?

Contentamiento… chicos, yo después de oír esto, me declaro ¡fan definitivo de la filosofía del yoga!

Contentamiento es aceptar lo bueno y lo malo que tenemos. Primero aceptar lo bueno y aprovecharlo, en lugar de vivir proyectados hacia el futuro siempre. El presente ya puede ser maravilloso. Después acepta lo malo, pero desde lo bueno, decide avanzar, cambiar lo que haga falta, ve a por una versión mejor, pero siempre agradecidos por lo bueno que ya tenemos.

Nos dijo que todas las mañanas diéramos las gracias por 3 cosas buenas que hay en nuestras vidas. O 5… nos dijo que era imposible que no hubiera absolutamente nada que pudiéramos agradecer.

Y es cierto, somos más afortunados de lo que creemos. Lo que pasa es que no nos han enseñado a vivir lo bueno, a buscarlo y verlo. La civilización occidental, marcada por el cristianismo, es una cultura de sufrimiento, de “valle de lágrimas”, de fatalidad, de “todo cuesta mucho”, de “la vida es muy dura”…

Pues yo prefiero ver la vida con los ojos del yoga: siempre hay algo bueno que agradecer y ese es mi punto de partida. Acepto lo bueno y acepto lo malo.

Y eso que el yoga no es exento de la creencia de “una vida mejor” – como los cristianos, que sueñan con el cielo. En el yoga, es “karma” – creencia que hay nuevas vidas después. Y que lo que hacemos en esta vida, se suma para las siguientes. Hacer las cosas bien por el placer de hacerlas bien, sin esperar nada a cambio… es generar buen karma. A eso se refieren con “desapego” – no esperar nada a cambio.  Y por supuesto, evitando caer en enfados, envidias, venganzas… etc. todas esas emociones que lo que hacen es consumirte a tí por dentro.

Lo que vino a continuación es difícil de describir, porque fue un ejercicio práctico. Xuan Lan nos pidió que cerráramos los ojos y con “pranayama” – la respiración – nos fue conduciendo a un nivel espiritual difícil de captar con palabras. Cantamos el mantra “om shanti shanti shanti” – que quiere decir “om paz paz paz” y aunque la idea de una sala de mujeres de todas las edades y pintas cantando eso con los ojos cerrados puede provocar una sonrisa – yo me tuve que reír antes de empezar a cantar  – el caso es que ella nos pidió, serena y seria, que sintiéramos las vibraciones en nuestras cajas torácicas y que a continuación enviáramos la buena energía a quien quisiéramos de este mundo. Yo visualicé con absoluta claridad a mi marido y a mi niño y les mandé un torrente de energía que sentí que de alguna manera fluía de mí.

Cuando pudimos abrir los ojos de nuevo y volver a la charla, algo alrededor cambió. Yo creo que Xuan Lan estaba satisfecha y se sentía más a gusto, porque habíamos aportado algo de paz al mundo y porque el salón quedó bañado con esa energía positiva y aunque suene raro, me dio la sensación de que por fin ella se encontraba mucho más a gusto continuando con su charla.

Nos dio los siguientes trucos, fáciles y claros:

  • Empezó con esta cita del mismísimo Buda: “Cuida tu exterior tanto como el interior porque todo es uno.”
  • Haz meditación diaria. Y para facilitarnos aún más las cosas, nos recomendó dos app: Headspace o Calm (El contraste no podría ser mayor: Momentos después de estar enviando energía a otras partes del mundo para que haya paz, nos dijo que nos podíamos descargar dos aplicaciones… lo arcaico se junta con lo moderno… bueno, hay que aprovechar todos los canales y vías a nuestro alcance, ¿no?)
  • Prioriza tu bienestar – otro truco potente y clave. Sin necesidad de ser del yoga, este consejo es absolutamente vital. Lo puedes aplicar desde cosas tan simples como prioriza el hacer la compra de productos frescos, para que puedas cocinar saludable; prioriza el cocinar en casa, para que comas platos caseros; prioriza tu deporte – marca días fijos y no canceles tus sesiones… prioriza el cuidar tu nivel de estrés… prioriza tu descanso.
  • Un truco más práctico: Observa tu respiración cuando tienes emociones fuertes. Pon una mano en el pecho, otra en el abdomen. Si suben y bajan rápido, intenta respirar y espirar en dos o en tres, para ralentizar y volver a un ritmo normal. Después, actúa con calma. Y, si te apetece, puedes ir más allá – preguntarte: “Qué fue lo que pasó? Cuál fue el motivo de la emoción?” Para aprender a gestionar tus emociones, a preveerlas y así poder gestionar el estrés. La verdad es que cuando me apunté a la charla no me esperaba trucos tan concretos… y sabios. Seguí apuntando, encantadísima.
  • Sé consciente de tu postura y reajústala: hombros atrás, espalda recta, pero no tensa. Probad a enderezaros, a erguiros, y veréis cómo vuestro espíritu tambien se ensancha, crece… y vuestra energía cambia.
  • Uno muy importante: escucha las señales de tu cuerpo y tu nivel de energía. ¡No fuerces!!
  • Transforma los pensamientos negativos en energía positiva, busca la armonía siempre, haz cada cosa con atención plena, trátate a tí, a los demás y a las cosas que utilizas con respeto…  son cosas tal vez ya más “metafísicas”, más espirituales…

Yo me quedo con lo de cuidar nuestro cuerpo (el templo de nuestra alma) y priorizar el bienestar… es algo que me apetece muchísimo. Probaré la meditación diaria… al igual que un buen día decidí hacer yoga diario y al final se ha convertido en una rutina, un placer y una necesidad… a ver dónde me lleva.

Y por supuesto, intentaré llevar el yoga en mi día a día con ahimsa, asteya, santosha, karma y prana.

“Lokha samosta sukhinu banbantu”

“Que todos los seres en todas partes sean felices y libres de sufrimiento”

(a que son muy pocas palabras para significar todo eso… espero que los yoguis no nos están tomando el pelo y que ese mantra significa de verdad eso. No me queda otra que confiar… porque tan lejos como para aprender el sánscrito no he llegado… ¡todavía!)

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