Slow life

Estoy tan llena de temas para escribir y llevo una pausa tan larga en el blog que hoy me siento al teclado y de verdad que no sé qué saldrá de aquí. Tengo la sensación de vivir días muy muy intensos. ¿Será porque de alguna manera he aprendido o estoy aprendiendo a vivir el momento? Poner la consciencia en cada cosa que hago, en cada momento, como si fuera lo único que importa. Disfrutar cada pequeña tarea del día, ser feliz por un millón de detalles nimios que forman tu día como los granos de color de un caleidoscopio.

Hace ya casi un mes he empezado a hacer yoga todas las mañanas y me encanta. Hay un sinfín de tutoriales en youtube y he encontrado una maestra – si se la puede llamar así, o ¿debería decir autora? ¿Entrenadora? – no sé, he encontrado una chica cuyos vídeos me sientan muy bien. Así que cada mañana hago de 15-30 minutitos y ya se ha convertido en mi pequeña rutina. Me sienta muy bien para despertar el cuerpo, ablandar las articulaciones entumecidas, pero no sólo eso, de alguna manera el yoga consigue hacer fluir mi energía, como si antes estuviera atascada. Y me reconecta conmigo misma en mi mente, no sé cómo explicarlo. Digamos que mi mente encuentra un placer inesperado en la práctica de cada postura porque a la vez que se estiran y tensan los músculos acompañados de la respiración, mi mente está enfocada y me siento bendecida y enriquecida por mi presencia. Ojalá me dure esta armonía y sintonía de cuerpo-mente, que echaba mucho de menos.

El yoga me encanta, cada nueva postura es un descubrimiento y combinando diferentes secuencias se consiguen nuevos matices, de modo que no me resulta aburrido. Poco a poco voy aprendiendo y voy dándole a mi cuerpo y a mi mente esa pequeña dosis de placer genuino cada mañana. Es tan sencillo y genial que no entiendo cómo no se me ha ocurrido antes.

Mi día empieza pues con esa pequeña conexión cuerpo-mente y un firme propósito de ralentizar y estar presente me acompañan durante el resto de mi jornada. Y cuanto más despacio voy, más se ponen en marcha las cosas alrededor.

Uno de mis descubrimientos es que creo definitivamente que los niños están programados totalmente en modo “momento presente” y que gran parte de los castigos por supuesta desobediencia y “no hacer caso” que se llevan son en realidad porque los adultos vivimos totalmente en el futuro. Veo cada vez con más claridad que sincronizarme con el niño y tratar de comprender e imitar su conexión con el presente es saludable y beneficioso para los dos. Mejora muchísimo la comunicación, crea confianza mutua, evita malentendidos y minimiza el estrés.

Es curioso porque al principio del año, mis mamis runners dijeron: “Este va a ser nuestro año.” Y el running sin duda nos ha cambiado la vida a las tres y es como si al activar nuestros músculos y exprimir nuestro sistema cardiovascular, más energía se pusiera en marcha en nuestras vidas, derribando muros y dejando entrar aires nuevos.

Ahora estamos en la República Checa, intentando recargar las pilas y disfrutar de unas cortas, pero muy merecidas y deseadas ¡vacaciones! De momento, todo va sobre ruedas. Ya os escribiré, porque me siento como una esponja, todo el día con ideas nuevas para el blog.

Os dejo con unas palabras, un “consejo práctico” de mi niño:

“Ser prácticos de corazón es tener el corazón amable y puro y si tienes el corazón amable y puro serás más feliz.”

No está mal para un niño de 5 años, ¿eh? Yo siempre lo digo: Los niños son nuestros maestros.

 

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