Sin miedo

A veces te asaltan las dudas. Dudas de si lo estás haciendo bien. Ves a los demás padres y los ves seguros, firmes, adultos… y tú te sientes a veces como una gran niña perdida. Pero es sólo a veces. Enseguida te das cuenta de que no eres diferente de los demás, para nada. Tal vez tú seas más sensible, sí. Tal vez hayas decidido a no reprimir tus emociones ni las de tu hijo, tal vez te estás acercando a una verdad dolorosa, pero hermosa, que late debajo de la máscara de la perfección. Lo que de verdad importa. Tú has elegido el camino de las dudas, pero también el camino del auto conocimiento, de crecimiento personal… y aunque no sabes si al final de ese camino habrá recompensas, te da igual porque no lo haces por eso, para conseguir algo… lo haces para disfrutar del proceso.

Tal vez en medio de ese camino te puedas sentir perdida a veces y como yo digo, te hace dudar, pero la brújula la llevas en tu corazón, siempre. Mira dentro de tí, escucha a lo que tu corazón te susurra y aquello que lo hace latir con fuerza y alegría, es lo correcto para tí.

No tengas miedo.

No tengas miedo de descansar el peso del mundo de tus hombros, no tengas miedo de soltar las riendas, no tengas miedo de simplemente estar y acompañar. Da la bienvenida al dolor, a la rabia, a la tristeza, a lo que sea que tenga la necesidad de salir, de dentro de tí o de dentro de tu hijo. Déjate llevar por la emoción, deja que su ola te alcance, te cubra, te envuelva con toda su fuerza, pura y auténtica… y como una ola que es, se irá como ha venido y tal vez te deje más limpia que antes y se llevará consigo todo lo que estorbaba e incomodaba. ¿Qué puede ser lo peor que pase, si te dejas llevar por la emoción, si te permites sentirla con toda su fuerza? ¿No es peor el titánico esfuerzo de luchar contra ella, el miedo a caer en ella? ¿Y si dentro de la emoción negativa, sea tristeza, sea dolor… si tras su oscuridad, cuando te has atrevido a caminar por allí y ya no le tienes miedo, de repente todo se convierte en luz y libertad?

Creo que no hay que vivir con miedo.

Y aunque te llamen rebelde, sé lo, sé rebelde con lo que “se supone”, con lo que “es así y punto”… y sé dueña de tu vida, porque es preciosa, porque salvo la muerte, no hay nada que perder… porque de todo se sale y todo tiene un propósito, una enseñanza y una verdad.

Y cuando estés en una encrucijada, cuando no sepas cómo seguir, cuando sientes que te quedas sin recursos… tal vez lo que te tapa los ojos y los oídos es tu propio ruido, el que generas con tus actos desesperados, tus pensamientos en círculo, tus ansias y tus miedos… así que prueba a no hacer nada. Mantente quieta, lo más quieta que puedas, no hagas ruido, oye y escucha, abre los ojos y mira y ve… y deja que la vida te enseñe lo que tengas que aprender.

Sospecho que cuando lleguemos a viejos, las cosas cobrarán sentido… vistas desde la perspectiva de los años y con todas las batallas vencidas o perdidas… tirando la toalla y cuando ya no esperas nada, cuando sientes como el peso de la vejez te acerca al inevitable final… es cuando se alcanza la clarividencia de lo que de verdad importa y de nuestro sentido aquí: y yo apuesto a que la respuesta es que la vida son dos días y que no hay que vivir con miedo.

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