Cuatro preguntas

¿Qué he aprendido durante la maternidad?

Que cuando siendo Sinhijos decía “no tengo tiempo” o “qué cansada estoy”, no tenía ni idea.

En siguiente lugar, para mí ha sido una enorme lección de humildad.  No sólo por el hecho de que el niño pasa a ser el centro de tu Universo y desbanca tu Yo sin misericordia, sino además en nuestro caso en particular, porque un hijo puede venirte enfermo… Y te hace vivir una maternidad diferente de cómo la habías soñado o cómo la dabas por hecho… y aprendes a andar ese otro camino, no pasa nada, pero la lección de la humildad te la llevas.

Eso también te lleva a un cambio en tu escala de valores, esa frase tan trillada que repiten los famosos que han sido papás en cada entrevista pero que no por eso sea menos cierta y a los papás menos “estelares” también nos pasa.

Otra valiosa lección es que nunca hagas planes con niños pequeños – y no tan pequeños… De la mano de esto va la lección de que se necesita una enorme capacidad de flexibilidad.  Otra cualidad que se necesita mucho es la paciencia y si algo he aprendido, es que funciona y que es el camino correcto, aunque eso no signifique que la logre poner en su justa medida siempre… en ese aprendizaje estoy aún.

Y por último pero no menos importante, he aprendido que no estoy sola en este viaje, que a las demás mamás les pasa mucho de lo mismo que a mí, aunque de muchas dificultades la gente no habla a la primera, pero sincerándote con tus amigas con hijos o charlando con las mamás en el parque, pues ves que “en todas partes cuecen habas”.

¿Qué habilidades he desarrollado?

Pues el camino hacia la crianza respetuosa es algo instintivo en mí, es transmitirle a mi hijo mi experiencia vital, como creo que funcionan mejor las cosas: con amor y respeto, bondad, diálogo, empatía…

Los primeros años en España, trabajé de au-pair y allí desarrollé ciertas habilidades que se necesitan con los niños: recuperé la capacidad de jugar, por ejemplo. Al principio me aburría y me costaba un montón, pero de repente un día llegó un momento que algo en mi cabeza hizo ¡click! y volví a disfrutar y divertirme jugando.  Así que tengo la habilidad de jugar como un niño. No sé qué tal cuadra eso con mi vida de adulta en general, pero mientras estoy con el niño, me sirve y mucho 🙂

De mis días de au-pair tengo la habilidad de tocarle la frente al niño y saber si tiene fiebre o no…

Ahora me doy cuenta de una habilidad que he desarrollado exclusivamente a raíz de tener a mi peque, primero de forma instintiva o inconsciente, pero luego me di cuenta que lo estaba haciendo y seguí haciéndolo: Es el observarle y leer sus señales. Desde que era bebé, yo siempre sabía si tenía hambre, sueño, estaba cansado, quería compañía, etc. y puede que haya sido a partes por una especie de instinto sobrenatural (“sexto sentido” de una madre) y a partes porque yo siempre le observaba. Esa costumbre de fijarme en qué hace, qué dice, en prestarle atención plena, se ha agudizado con los años y me sirve ahora también. Ahora a lo que me dedico es a – según algunos a “justificarlo todo” – en realidad me dedico a intentar leer o adivinar sus estados de ánimo, para entender los motivos que le empujan a reaccionar o comportarse de según qué manera… lo que viene a ser la habilidad de la empatía.

Lo que estoy descubriendo ahora, es la relación que hay entre el comportamiento de nuestros hijos y el nuestro propio, la capacidad de los niños de ser nuestros (involuntarios) espejos. Como me decía ayer una amiga que cría respetuosamente y libremente: me decía que se había dado cuenta que el niño empezaba a reaccionar con más violencia, entonces se dio cuenta que había sido ella la que últimamente perdía la paciencia y a lo mejor se dejaba llevar por los enfados, entonces decidió corregir su comportamiento y enfadarse menos delante de los niños, y de repente, el niño también se calmó… estas cosas me fascinan.

Eso me lleva a la habilidad de reflejarme al mundo con honestidad – saber qué siento, ser coherente con lo que digo y con lo que hago…  A los niños no se les escapa nada. En definitiva, he aprendido y estoy aprendiendo a leer dentro de mi hijo y a leer dentro de mí….

La maternidad hace que potencie muchísimo mis habilidades comunicativas. Hacer que el niño te obedezca, es hacer previamente que te entienda, es hacer que tú te expliques bien, es hacerle llegar tu mensaje en la forma correcta, que le motive…

Esa es otra de las habilidades, la de motivación de terceros: hacer que los niños recojan los juguetes por ejemplo… requiere de enormes dotes de capacidad de encender su entusiasmo y ya os digo que puede ser un verdadero desafío.

También he desarrollado la capacidad de distracción y de las soluciones creativas: es un truco que funciona bastante bien para reconducir situaciones incómodas o tensas y a veces, porque no te queda otra…

Y todas las mamás estamos súper entrenadas en ser multi-función, trabajar bajo presión y actuar ultra rápido y todo eso sin haber podido dormir bien.

¿Qué cualidades admiro en mi hijo?

¡Esta es una fácil!

Admiro sus ganas constantes de hablar, su no-miedo a decir lo que siente, a replicar, a explicarse, a rebatir, a negociar.

Admiro su inocencia, su pureza, su generosidad, que cuando me ve de bajón intenta animarme, que se preocupa por los demás, su fidelidad a su “tribu” (sea la familia o los compañeros y la profe en el cole).

Admiro su capacidad de decir perdón, aunque le pasa una cosa curiosa: dice “te perdono” en lugar de “te pido perdón”. Al principio su padre y yo nos enfadábamos: “¿Que tú me perdonas?! ¡Tú deberías disculparte y pedir perdón!” hasta que entendimos que “te perdono” es su “lo siento”… que lo dice para disculparse… Cuando era más pequeño y yo me enfadaba y le decía: “¡Ya vale, ya basta!” me decía: “Ya basto, mamá”, como diciendo “ya paro”.

Admiro su enorme deseo de agradar y complacer. ¿Quién dijo que los niños eran difíciles? Sólo hay que saber tocarle la tecla correcta… Admiro sus ganas de colaborar, de sentirse importante (le encanta ser el encargado de clase, como a todos sus amiguitos). Admiro sus ganas de ser el protagonista y el héroe, admiro su (pequeño) gran valor.

Admiro sus ganas de vivir, su frescura, su curiosidad, su imaginación… en el fondo, son cualidades de todos los niños en general, así que admiro su infancia…

Y por último, una cosa que es sólo de él: admiro su enorme memoria, por ejemplo como cuando con dos años y medio se sabía las banderas del mundo.

¿Qué es lo que más nos gusta hacer juntos y qué nos ayuda a restaurar nuestro vínculo?

Hay varias cosas: Ir al parque. Hacer galletas de formas. Jugar juntos en la habitación. Dejarle dormir conmigo en mi cama… pero tal vez lo que más funciona y más vale es lo siguiente:

Leer cuentos cada noche.

Ese momento es verdaderamente especial y me siento muy afortunada y agradecida de que así sea. Nunca me lo propuse, pero sucedió y se nos da bien, simplemente… nuestro momento lectura es el mejor final de cada día. Y pisar una librería infantil, una perdición…

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