Ingredientes de una familia feliz

Hace poco me hicieron una pregunta súper interesante:

“¿Qué elementos tiene que haber para ti para que la familia funcione?”

Me paré a pensar… Y los escribí desde el corazón, lo que yo sentía que era importante para mí (y os lo contaré más abajo) y mientras escribía la lista me reía por lo bajito, dándome cuenta de que en ningún momento mis elementos clave eran ni “normas”, ni “límites”, ni “consecuencias”, ni “reglas”, ni “castigos” ni “premios”… Todo lo que los expertos en educación te recomiendan que instaures  para poder “gestionar” a tus hijos y los eternos conflictos que surgen con ellos. Y te dicen: “¿Qué a los niños no les gusta? Pues tienen que aprender que no se puede tener todo. ¿Qué se pillarán rabietas? Pues tendrán rabietas, los niños tienen rabietas.”

Ufff… yo pienso y cada vez estoy más convencida de que las rabietas se pueden evitar. Una cosa es que te permitas y permitas a tus hijos sentir toda clase de emociones – estar tristes, enfadados, alegres… es decir, que los niños pueden estar llorando, tener un mal día… y que puede haber niños y adultos con un carácter más impetuoso… Pero otra cosa, para mí, es que “las rabietas” = es decir, un estado de máxima frustración y desesperación, ira, incomprensión e injusticia para el niño – se considere como algo intrínseco a la crianza, como diciendo “esto es lo que va a pasar pues déjalo que pase”… ¿Y si fuéramos los mayores quienes las provocamos con nuestra intransigencia, nuestras pocas o ningunas ganas de escuchar, de dialogar, de  ser coherentes con lo que sentimos? Muchas veces descargas con tus hijos tu propia frustración y la “pagas” con ellos (dando paso a sentimientos de culpa después)…  Y si en lugar de decir ofuscada: “¡Este niño…!!”, te fijaras en ¿qué es lo que te pasa a tí?

No es moco de pavo, porque hay quien cree que entender lo que te pasa a tí puede ayudarte a evitar los conflictos en la casa. Los niños al fin y al cabo nos imitan en todo, así que si tú le gritas, él te gritará a tí… si tú reaccionas histérica, al final el niño tendrá las mismas salidas ante situaciones de estrés… Y como ese no es el legado que le quiero dejar a mi pequeño, estoy buscando otro camino.

Este primer paso, el escribir una lista de qué es lo importante para ti para que la familia funcione, va en esa dirección, en mirar dentro y empezar a ver qué hay allí… e iniciar una ruta nueva hacia la auto consciencia.

Y en segundo lugar, al escribir mi lista me di cuenta que tampoco pensé en: “un buen coche”, “juguetes caros”, “ropa de marca”, “vacaciones de lujo” – es decir, nada de cosas materiales… para que la familia funcione, nada de eso es primordial. Tal vez un piso grande sí me gustaría… para tener espacio… quién pillara un salón de 30 m2 y una cocina de 20 m2… Relacionado con esto, me viene a la mente una peli checa de los años setenta, que va de una mudanza en cadena, de unas 8 familias. Es una comedia y muy buena por cierto. El protagonista es el padre de una familia con dos hijos que viven en algo así como un piso de 1 dormitorio de 45 m2 y la razón por la que se ven envueltos en la operación “Relámpago de Bola” (así es como llaman a la rueda de las 8 mudanzas encadenadas en la peli) es porque su mujer dice: “En este piso nuestra familia se asfixia.” (en checo: “Rodina se dusi.” Humor checo.) ¡Siempre me acuerdo de aquella frase!

Bueno, sin más dilación, aquí va lo que yo vi dentro de mí, estos serían mis “ingredientes mágicos” de una familia ideal:

  • Confianza mutua

Es algo que siento con todas las fibras de mi ser y es que para que una familia funcione, bajo mi punto de vista tiene que haber confianza mutua entre todos los miembros. Quiero que mi hijo sepa que soy alguien en quien puede confiar al 100%. Y por eso, soy alguien que está 100% de su lado, es decir, confío al 100% que mi niño es alguien bueno en todos los sentidos. Los niños pequeños son puros e inocentes así que suelo tener esa sensación de “aceptación al 100%” con todo ser que mide menos de 100 cms… y pienso que por eso los niños siempre me han querido  y todo el mundo decía que se me “daban bien”…

No podría sentir que el niño confía en mí si le cortara, le castigara, le reprimiera continuamente… entonces sería una carcelera y no se suele confiar en quien blande el látigo, ¿no creéis? Así que soy madre más bien permisiva, pero es algo importante para mí… Me da la sensación que muchas veces la intensidad de nuestros hijos a los adultos nos cansa, nos supera, y por eso les gritamos, les mandamos a callar, les exigimos obediencia, tildamos sus ocurrencias de “ideas de bombero” – porque simplemente no podemos soportar toda esa autenticidad, esas ganas de vivir, de descubrir, esa fuerza de reafirmarse, porque a nosotros nos enseñaron a reprimir y a callar nuestras emociones nuestros padres y a ellos, los suyos… Yo quiero romper el círculo así que por eso estoy aquí, indagando y aprendiendo.

  • Libertad

Importantísimo para mí, que haya libertad pero no en el sentido “entro cuando quiero, salgo cuando quiero, hago lo que me da la gana” sino para que cada uno sea quien tiene que ser, libertad de espíritu digamos. No reniego de las rutinas ni de los horarios, ojo… que nosotros también tenemos. Pero, tenemos una rutina dos horas arriba dos horas abajo (por ejemplo, los fines de semana, a veces comemos a la una y a veces a  las tres, pero siempre comemos).

Es más bien otra vez el no empeñarse tanto en presionar, encauzar,  dirigir,  moldear… porque se perdería la esencia de esa libertad de ser quien tienes que ser. Me gusta la filosofía del “vive y deja vivir” – y a tus propios hijos, más que a nadie soy partidaria de dejarles vivir a su manera. Como ya dije una vez aquí en el blog, para la crianza, se necesita sobre todo tiempo… que consiste en permitirse el tiempo de ir madurando y desarrollándose cada uno a su ritmo, tiempo para aburrirse, tiempo para no andar con prisas, tiempo para tardar, tiempo para no hacer caso a la primera, tiempo para dejarse sorprender, tiempo para dejarse llevar… entonces es una auténtica gozada.

Los fines de semana, me encanta que el niño juegue libre: Quieres pintar, pinta, quieres jugar con los coches, juega con los coches… quieres hacer galletas… hacemos galletas… a ver, siempre hasta dónde está mi límite de fuerzas o ganas, que no tengo ningún problema en decirle al niño: “Mamá está cansada, de verdad que no me apetece y no quiero.” Libertad para decir no. Y bueno, a veces el peque se conforma, a veces sigue insistiendo pero con toda su inocencia… parece ser que el “no” no es una respuesta para él :-)) y a veces consigue hacerme cambiar de opinión, porque viene muy zalamero o intenta “negociar” conmigo, por ejemplo viene y me dice lastimero: “Mamá, elige, o juegas conmigo o me pongo a llorar” pero no se pone ni a llorar ni a patalear, simplemente espera a ver cómo reacciono… a lo mejor porque a estas alturas ya sabe que a mí me puede decir eso y más y que yo le escucho (a lo mejor otro padre ya le habría mandar a callar por insolente, insistente, desobediente, caprichoso y mil cosas más), pero nosotros tenemos libertad para hablar.  

Además, me resulta muy liberador olvidarme de los convencionalismos, bajar el listón, dejar de ser el controlador eterno, y simplemente, estar y disfrutar el momento presente. Libres es sin etiquetas, aceptándonos tal y como somos: imperfectos, limitados, a veces débiles… y no pasa nada.  Como me dijeron el otro día: “Tenemos necesidades y somos limitados por eso.”  

  • Seguridad

No menos importante que las dos anteriores, enseguida me vino a la mente esto. Para que la familia funcione, considero que tiene que haber seguridad. Un entorno estable, predecible – por eso no estoy en contra de las rutinas, pero mientras sean así de beneficiosas (ayudan a anticipar qué va a pasar y estructuran el día, más o menos…) y no se conviertan en una esclavitud.

Seguridad también es tener la casa calentita en invierno,  el niño abrigado, bien alimentado, en un entorno estable, seguro, ordenado… Y que yo también necesito sentirme segura – que tengamos trabajo, que no haya enfermedades que crean incertidumbre… a ver, la vida da muchas vueltas y pueden ocurrir muchas desgracias, pero precisamente todo se lleva mucho mejor cuando hay calma y nada fuera de lo normal.

Esto pienso que tal vez puede ser un poco limitante para mí. Por un lado, está bien de querer proporcionar un entorno seguro y estable al niño, por otro lado, podríamos caer en la sobreprotección y también en un exceso de responsabilidad. Así que tendré que reflexionar sobre esto.

  • Risas (Humor)

Aquí ya empecé a pensar más despacio, qué otros elementos eran importantes… y me di cuenta de esto. Para que una familia funcione para mí, sus miembros tienen que compartir un sentido de humor y saber reírse,  de sí mismos y de la vida en general…  porque con humor, todo se lleva mejor.

Me encanta cuando los niños tienen suficiente madurez y empiezan a pillar las bromas o incluso hacértelas. Incluso me encanta que inevitablemente haya una época cuando lo más desternillante sea todo lo que conlleve las siguientes palabras: “caca”, “pedo”, “pis” o “moco”. Por alguna razón inexplicable, a los niños les resulta hilarante, y no hay público más agradecido que el infantil que con un “y va y se tira un pedo” o “va y pisa una caca” se puede mear de risa. Me encanta oír y ver un niño reírse con ganas… es contagioso y reírse juntos es muy, muy terapéutico. Así que las risas también son importantes para mí.

  • Y por supuesto, mucho mucho mucho AMOR. 

Fin de la lista (bueno, de lo más significativo, que hay más…pero ya se está haciendo muy largo este post).

En resumen, darte cuenta de lo que hay, reflexionar si lo tienes conseguido o no, te abre los ojos… y un prometedor camino de crecimiento personal se abre delante de ti.

¿Y cuáles serían vuestros ingredientes? Y recordad: ¡Aquí no hay respuestas ni buenas ni malas!

Os dejo con las de mi niño: “Felicidad, alegría y amor.”

Y con el de mi marido: “¡Un hijo menos!” (se lo tomó a guasa. Aunqueee…)

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