Carta para mi hijo

Hijo mío,

Has nacido para iluminar mi camino así que lo menos que puedo hacer es escribirte esto para que siempre recuerdes que tienes una luz… y esa luz es tu pequeño tesoro. ¡Nadie tiene el derecho a apagarla!

Eres absolutamente perfecto tal y como eres, con todas tus peculiaridades: Inquieto, desobediente, vago, demasiado mimoso, demasiado parlanchín, cansino, incansable, demasiado preguntón y a veces, demasiado respondón (sobre todo, a tu padre…) eres tú y eres sublime precisamente por ser como eres y yo te quiero con locura con todas tus imperfecciones… sin las cuales no serías tú, serías otro niño. Yo seguramente te querría igual, porque la tarea de las madres es querer a los hijos a pesar de todo.

Te quiero cuando eres el último de tu clase de natación, que se empeña en cruzar la piscina agarrado al borde, y estoy orgullosa de tí, por ir a las clases solo, por no tener miedo al agua, por buscar tu manera de cómo superar tu miedo a nadar solito… Te quiero cuando te tropiezas en superficies aparentemente rectas, cuando te caes aún estando parado, cuando tu padre te grita: “¡No te acerques al borde de la carretera!” y tú enfilas derechito ese borde… Te quiero cuando te levantas un sábado a las ocho de la mañana como expedido por un resorte y te quiero cuando no hay quien te despierte un día de diario a las ocho de la mañana pasadas… Te quiero cuando quieres ir tres horas al parque por la mañana y tres horas al parque por la tarde… Te quiero cuando quieres poner otra vez la peli que ya hemos visto diez veces… Te quiero cuando  no quieres recoger tus juguetes, te quiero cuando me contestas, te quiero hasta cuando se te caen los mocos y te persigo con un kleenex… Te quiero con las puntas de los zapatos destrozadas, con los pantalones llenos de agujeros, con las manos negras. Te quiero cuando me llamas para que te limpie el culete porque sigues sin saber hacerlo, te quiero cuando rompes las gafas jugando, te quiero cuando me pides brazos aunque ya no puedo llevarte y te digo que no… te quiero cuando te pones pesado, te quiero cuando haces oídos sordos y hasta que no terminas tu juego, no te levantas a hacerme caso… Te quiero a las tres de la mañana cuando me llamas porque tienes una pesadilla o porque tienes sed o porque te has destapado… Te quiero cuando no se te da bien escribir y te quiero cuando quieres leer el mismo cuento cinco veces. 

En fin, yo te quiero y espero que te querré siempre

Una vez oí esta frase en una película y me llamó muchísimo la atención. Creo que fue Meryl Streep (una actriz que le gusta a tu madre) en “Los Puentes de Madison”, cuando en una de las primeras escenas hacía un repaso a su vida y se preguntaba: “Hijos míos, para mí siempre había sido muy fácil quereros, pero me pregunto a veces si para vosotros también resultaba tan fácil quererme a mí, lo digo por el ímpetu con el que me criticabais llegados a la adolescencia…”

No sé en qué llegará nuestra relación dentro de unos años. Me gustaría que fuéramos cómplices, amigos, compañeros… y en cualquier caso, quiero que siempre lleves dentro de tí una firme sensación de que has sido querido, aceptado y adorado durante tu primera infancia, porque era lo que te merecías y lo que se merecen todos los niños sin igual – ser absolutamente, incondicionalmente y firmemente queridos. 

Te quiero cuando escribo en el blog y vienes y te subes en mis rodillas y quieres escribir la lista de los nombres de tus compañeros de clase otra vez… y me cortas todo el rollo. En fin.

tu madre que te quiere

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