5 claves del éxito by Patricia Ramírez

Como ya adelanté en el anterior post, el jueves 23/2 tuve el placer de acudir a un evento gratuito del Club de las Malasmadres. Yo todavía alucino de lo fácil que ha sido ver convertirse algo intangible en tangible – es decir, yo soy seguidora de su blog, me identifico con su filosofía (soy Malamadre), pero lo seguía por Internet y sus protagonistas para mí eran nombres y fotos y de repente estaba allí, entre Malasmadres de carne y hueso y me faltó sólo alcanzar la mano y tocarlas (incluida la Malamadre jefa que se paseaba estupenda con unos tacones rojos entre la multitud) para creerme que estaba siendo real.

Mi segunda impresión fue que para ser “malasmadres” vi muy pocas ojeras y en cambio las vi todas estupendas, con peinados, labios rojos y tacones, por no hablar de looks muy favorecedores… De hecho de entrada entre tanto glamour me sentía un poco fuera de lugar. Pero lo bueno fue que estaba con la Mami Runner Jefa (lo pongo en mayúsculas porque a partir de ahora va a ser su nombre aquí en el blog) así que nos dábamos un ánimo silencioso (traducido en nerviosas sonrisas) la una a la otra.

El motivo por el cual acudimos fue que nos apuntamos al “Gin Con”, una iniciativa que organizan creo que una vez al mes y que es gratuito pero con aforo limitado. Pues nada, las dos mandamos un email para “apuntarnos” y a las dos nos confirmaron la plaza y allí estábamos, sin poder creernos tanta suerte. ¡Había hasta catering y por supuesto, había una barra dónde nos servían los cócteles con Gin!! Siempre me fascina observar a los profesionales de esto cuando trabajan: cogen el vaso, le echan esto, le echan lo otro, lo machacan, añaden aquello, le echan hielo, lo agitan y lo vierten o simplemente lo remueven, le plantan una pajita negra… y te tienden una cosa de color rosa degradé, fría, que sabe genial y no puedes evitar sentirte muy fashion mientras lo bebes a sorbitos pequeños.

Bueno, me falta decir que el local – la Malasmadres House – es precioso, te hace sentir como en casa, está decorado con muy buen gusto, en plan ecléctico, sin embargo, todo encaja de una manera armoniosa. Un gran lugar, sin duda. Tal vez lo que más mola, es que sea un espacio sin niños :-)) Con los muebles de un blanco impoluto que dan fe del maravilloso hecho de estar fuera del alcance de pequeñas y pringosas manitas. Por cierto a esto de salir sin niños se le llama “malamadrear”.

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Así que el jueves pasado “malamadreamos” y también aprendimos, boli y libreta con los que nos obsequiaron nada más entrar, en mano, unas cuantas pautas para mantener la motivación para cuidarnos a tope. Esto gracias a la pequeña charla de Patricia Ramírez, psicóloga de deporte y colaboradora de una plataforma llamada http://yoelijocuidarme.es/.

Y aquí va el resumen de los apuntes que tomé, con algunas observaciones mías:

Punto nº 1: Organizarse.

Todas decimos que no tenemos tiempo. Y no lo tenemos pero por otra parte, el tiempo es como el amor, hay para todos. Así que basta con organizar la agenda. Lo primero hay que darse cuenta de que para meter algo nuevo en la agenda, como el hacer deporte, hay que sacar otras cosas. Para ello, Patricia, que nada más empezar ya había captado nuestra plena atención, sea gracias a su presencia arrolladora o porque era un tema de máximo interés para todas las allí congregadas, nos recomendó hacer una lista de cosas con las que “pierdes” tiempo cada día – ver la tele, jugar con el móvil, estar en las redes… por ejemplo… y eliminarlas y así poder sacar huecos para meter tu cita con el deporte. Elegir un horario que nos sea posible mantener – si te marcas por ejemplo que vas a ir al gimnasio a las nueve de la noche, muy posiblemente te vencerá la pereza porque es una hora muy  mala. Así que, este sería el primer paso, apuntar tu cita con el deporte en tu agenda, habiéndole hecho un hueco firme e indiscutible. También te debes organizar sacando un hueco para elaborar los menús, para hacer la compra, para cocinar… y así te será más fácil mantener tu “plan”.

Y para mantener el compromiso contigo misma, me permito mencionar un pequeño truco, con el cual Patricia nos hizo un adelanto de su filosofía mientras nos la estaba presentando la Malamadre Jefa, y que nos hizo reír mucho pero tiene su aquel: Es el “Punto Jódete” que consiste en que cuando empiezas con excusas tipo: “Es que no me apetece, es que me da pereza, es que me cuesta mucho, es que…” pues llega un momento que la única respuesta es: “Pues te jodes.” Hay que hacerlo y punto. También mencionó más adelante que ella se suele decir a sí misma, para vencer la pereza y el runrún de su mente que empieza a sacar excusas: “Habla cartucho, que no te escucho…” y que si sale a correr, pues empieza por lo menos andando y de repente, ya aparecen las ganas de trotar …

Yo lo veo así también, lo más difícil es salir de tu zona de comfort y ponerte en marcha, ya una vez puestas, no te arrepentirás de hacer un poco de ejercicio.

Después habló de una cosa con la que me sentí muy identificada y por los murmullos entre el público y una especie de ola de energía que recorrió la sala en cuanto lo oímos, todas nos sentimos identificadas: La culpabilidad. Como mujer, siempre piensas: “Si hago deporte, les estoy quitando ese tiempo a mis hijos.” O a mi marido, o a la casa, etc… Las mujeres somos así, tendemos a sentirnos culpables por querer dedicarnos a nosotras mismas. Pues Patricia nos dijo una cosa muy simple: “No pasa nada. ¿Eres un poco egoísta?  Pues está bien tener tu punto de egoísmo, como todos lo tienen. Tú también. Así que esto es así y punto.”

Y luego, para subrayar esta idea, nos habló del equilibrio: se trata de equilibrar los pilares que sostienen tu vida. Que pueden ser el trabajo, tu hijo o tus hijos, tu pareja, tus amigos, la casa…. y tiempo para tí misma.

Reconozco y creo que a más de una nos pasa lo mismo, este último pilar es el que más cojo se me queda, desde que he sido madre. Pero en mi post “Hora de pensar en mí” que publiqué hace poco, ya me di cuenta de ello. He tardado 5 años de andadura como madre para darme cuenta, pero más vale tarde que nunca y ha llegado mi momento de pegar el puñetazo en la mesa y decir: “Basta ya. Hasta aquí hemos llegado”. Las palabras de Patricia me confirmaron que no pasa nada por querer fortalecer el pilar de tiempo para sí misma, porque es un pilar más que nos sostiene, y es vital cuidarlo y nutrirlo, darle espacio igual que hacemos con los demás pilares. Y fuera culpabilidad.

Punto nº 2: Locus de Control Interno

Para entender esto, Patricia nos dio un ejemplo de qué es el locus de control externo =  es cuando echas la culpa fuera, por ejemplo, diciendo: “Es que como en casa hay galletas por el niño, pues me las como.”

Locus de control interno es buscar qué cosas puedo controlar yo, qué cosas dependen de mí y así te responsabilizas de tu futuro y de tu éxito en lugar de esperar que cambie el entorno.

Esto es una premisa de la psicología con la que ya me había topado anteriormente y es muy cierta: si quieres cambiar el mundo, empieza por tí. Hay una frase muy buena y dice así: “Si cada uno de nosotros se preocupara en primer lugar nada más y nada menos de arreglar su propia vida, el mundo sería estupendo: todos tendrían la vida arreglada.”

Para conseguirlo, Patricia nos dio un truco muy fácil que consiste en llevar un Diario del Bienestar.

Esto curiosamente yo ya había empezado a hacerlo, porque al leer el libro de Elsa Punset “Una mochila para el Universo”, allí se explica que el cerebro humano está programado para fijarse en las cosas negativas, para detectar posibles peligros y así poder sobrevivir. Así que hay que entrenar el fijarnos también en las cosas positivas. Elsa Punset decía de escribir cada día 10 cosas que te han hecho sentir feliz a lo largo de la jornada. Yo lo empecé a hacer y aluciné cuando me di cuenta cuántos momentos buenos había en mi vida, sin que yo fuera consciente de ello.

Patricia lo que dice es que apuntes cada noche todo aquello que te haya hecho sentir orgullosa que te haya pasado durante el día. Y de esta manera, al obligarnos a apuntar cada noche, el cerebro ya está alerta durante todo el día para no perderse esos momentos… y además propiciamos que sucedan las cosas buenas, porque al estar todo el día pensando en ello, estamos predispuestas a ellas… de esto habló en detalle un poco más adelante así que volveré a ello.

Sigo los apuntes: Nos dio también otro truco: Analizar el porqué del éxito cuando un día algo nos sale bien. Ella daba como ejemplo cuando conseguimos terminar el día con una cena “bien”: Eligió la cena porque es el momento que más flaqueamos en nuestra rutina saludable. Empezamos con un desayuno saludable, seguimos el plan a lo largo del día pero llega la noche, el cansancio aumenta y los buenos propósitos son cada vez más difíciles de llevar a cabo. Entonces ella propone que el día que has llegado a la cena y lo has conseguido, te preparaste tu ensaladita, tu filete a la plancha y te acostaste tan feliz, que analices qué haya sido que haya podido contribuir a ello: ¿Estabas más relajada porque hiciste ejercicio ese día? ¿Tenías la compra hecha y fue fácil coger los ingredientes? ¿Te pusiste música y encendiste una vela y eso te relajó? Etc. y que pensemos en qué pasos haríamos igual y qué pasos haríamos diferente – pero no para buscar culpas y errores, sino para buscar soluciones.

Punto nº 3 – Hablarnos en un idioma exitoso

Aquí nos metemos de lleno en lo que os adelantaba un poco más arriba: Los pensamientos dejan huella. Las palabras que usamos nos condicionan, crean efecto bucle. Así que no hay que ser negativa consigo misma. Hay que ser indulgente y compasiva y cariñosa con nosotras.

Patricia usó un ejemplo: Si una amiga te viene y empieza a quejarse: “Es que no consigo adelgazar, he fallado la dieta otra vez y no me consigo quitar esos 5 kilos…” A que no le dices: “Claro, ¡es que eres una gorda!” La carcajada entre el público fue general pero a la vez todas nos dimos cuenta en silencio de lo siguiente: Si tienes esos pensamientos acerca de tí misma,  ¿cómo reaccionas? ¿Te dices palabras de ánimo, te animas, te consuelas? Lo normal es que no. Así que eso es lo que hay que cambiar. Usar un idioma existoso para sumar.

También nos dijo que aumentamos la probabilidad de conseguir lo que deseamos usando un idioma adecuado. Es decir, si nos enfocamos en cómo evitar el error y nos decimos cosas como: “No tengo que comer las galletas de chocolate”, aunque la intención sea buena, (involuntariamente) estamos convirtiendo el fracaso en imagen dominante. Así que, un idioma adecuado es visualizar lo que quieres conseguir, no lo que quieres evitar.

Somos los dueños de nuestros pensamientos. La mente encuentra lo que está buscando.

Punto nº 4:  Acepta el error.

Aquí Patricia dijo dos cosas importantísimas:

  1. No hay ningún estudio científico que demuestre que el cerebro aprende si te machacas con reproches.

  2. Está demostrado con TAC que durante la autocrítica se activan zonas del cerebro que inhíben el cambio. 

Yo pienso que esto es extensible a la crianza de los niños y que además allí se arraiga la tendencia que tenemos de automachacarnos, fijaros lo que os digo. Fue lo primero que pensé. Al igual que a una amiga no le soltaríamos un discurso tan duro, a los niños sin embargo, después de nosotros mismos, son los siguientes a los que machacamos gratuitamente creyendo que es por su bien. Así que ¿no será algún diagrama de comportamiento programado dentro de nosotros desde la más tierna infancia que dice: Si fracaso, hay que echarse la culpa? Yo por eso no soy amiga de añadir más culpa al error, cuando este sucede. Si mi hijo hace algo mal, le puedo decir que eso está mal, pero él ya se siente mal por el error, así que ¿no es mejor enseñarle compasión y buscar soluciones, en lugar de cargarle con reproches y castigos?

Fue el mensaje que nos dio Patricia, con estas rotundas palabras:

Sé compasiva. No eres una vaca. Deja de rumiar. 

Y nos dijo una estupenda descripción de qué es el error: “Sucede”.

El error sucede. Y punto. No hay que darle más vueltas. 

Punto nº 5: Espera cosas buenas de tí.

Es en el fondo una reivindicación más de lo expuesto anteriormente. Las expectativas se cumplen, así que cuidado con lo que esperamos de nosotras. Tratemos de ver qué nos gusta de nosotras e ir hacia ello.

Y aquí dio fin la charla.

Salí de la reunión con todas esas ideas resonando en mi cabeza, con la mente llena de imágenes, como si alguien descorriera unas gruesas cortinas y me enseñara nuevos e inesperados horizontes.

Así que espero que a los que me leéis también os sirva. ¡A cuidarse!!

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