El tiempo

El otro día estaba yo en las tiendas del Duty Free del aeropuerto, buscando algún detallito para llevarle al peque a mi vuelta de mi viaje de empresa de dos días; y al final terminé, cómo no, hojeando los cuentos infantiles de la tienda de libros y revistas. Tuve en mi mano un completísimo libro para niños sobre el tiempo, lleno de solapas, dibujos, explicando con pelos y señales cómo leer las horas en toda clase de relojes y en cómo se mide el tiempo, explicando los cuartos, las medias, las horas en punto, qué se hace en cada momento del día… y estuve dudando si cogerlo  o no, porque por un lado, el peque siempre pregunta qué hora es o a qué hora haremos esto o lo otro (siendo su momento favorito del día para hacer esto o lo otro “a las una” o “a la suna”, que no tenemos muy claro con el papá qué momento es ése) y por otro lado, el libro parecía muy instructivo… pero no lo compré, porque a la vez sentí un instantáneo rechazo ante la idea de enseñarle al niño a contar y medir algo que de momento a él le pertenece por completo, ya que ignora por completo su paso.

Me parecía hasta cruel enseñarle a “leer” las horas – ¿para qué? ¿Para qué necesita un niño vivir esclavo del reloj? Quiero decir, no necesariamente habrá de hacerlo, a lo mejor sólo se lo habría tomado como un juego, un desafío mental – “la aguja grande en el doce, la aguja pequeña en el tres – ¡son las tres, Hana!” (sí, ahora le ha dado por llamarme por mi nombre. No me importa. De hecho, me gusta…).  Pero de alguna manera me parecía que al explicarle los usos modernos de la medición del tiempo, con el conocimiento moriría alguna parte de su inocencia…

Seguro que os suenan estas frases:

Trabaja como si no necesitaras dinero. 

Ama como si nunca te hubieran herido.

Y baila como si nadie te estuviera viendo.

¿A qué molan? Y yo le añado:

Y vive como si no existieran los relojes…

Para terminar, os cito unas frases de un libro que acabo de empezar a leer:

“Sólo algunos pocos gurús y octogenarios son capaces de apreciar la relación entre los momentos o la vida de uno y la eternidad al comprender plenamente la irrelevancia del arbitrario concepto del tiempo. Un bebé – como un gurú iluminado – vive en el eterno ahora.”

Jean Liedloff, “El Concepto del Continuum – En busca del bienestar perdido”

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