Diferencia entre Padres y Sinhijos

Padres: Dícese de una pareja de adultos, generalmente un ejemplar masculino y uno femenino, cuya principal característica es que juntos cuidan de un Niño, que es su hijo, es decir, que es suyo, aunque hay un pequeño matiz que lo vuelve todo bajo una óptica diferente: Si bien la afirmación: “Él es su Hijo” es correcta… la situación está mucho mejor descrita con: “Ellos son sus Padres”. Y esto es así porque un niño es un niño pase lo que pase y no suele echar de menos ser nada más…, pero los Padres, antes de ser Padres, eran Sinhijos.

Sinhijos: Dícese de adultos que viven libres de descendencia, por tanto, libres de chupetes y pañales, pero también, libres de responsabilidades, de miedos, de preocupaciones, de cargas, de dolores de espalda y de cabeza y de falta crónica de sueño, pero que nunca sabrán lo bien que viven siendo Sinhijos hasta que se conviertan en Padres. Y entonces será demasiado tarde para echarse para atrás.

En el momento que los dados del destino están echados y un flamante churumbel aterriza en tu regazo, tu vida experimenta un vuelco de 180 grados. No digo 360, porque eso sería volver al mismo punto de partida – con un mareo considerable, descolocado, pero volver al fin y al cabo. Pero no. Como Padres nunca volverás a la ligereza y despreocupación con la que fluyen por la vida los Sinhijos.

Empezarás a pertenecer a otro Universo paralelo de cuya existencia no tenías ni idea, aunque hayas vivido muy cerca de él toda tu vida. El Universo Padres. Los primeros que te darán la bienvenida allí serán los recién estrenados Abuelos, felices de que por fin estés en el mismo barco con ellos. Hay una única pega y es que creo que el Universo Padres debe sufrir ciertas sacudidas espacio-temporales que hacen que cada 30 años más o menos, la crianza no tiene nada que ver, así que los sin duda bienintencionados y nobles consejos de los Abuelísimos no siempre suelen ser tan bienvenidos ni útiles.

Un Padre que se haya enfrentado de cerca al llanto del recién nacido, al llanto del bebé y a las rabietas, y haya luchado hasta la extenuación y al final, haya tirado la toalla, porque es imposible vencerlas; está lleno de dudas sobre la crianza y de hecho, sobre su propio lugar en el mundo, y la única certeza que tiene es que mientras el niño esté vivo, limpio, alimentado y más o menos bien y no llora, lo demás son añadidos y que lo más importante es poder dormir.

Los Sinhijos saben perfectamente y al detalle cómo debe ser la crianza, qué cosas permitir y cuáles no y su plan sería brillante si no fuera por un pequeño detalle – ha sido concebido en una mente que descansa ocho horas del tirón a diario; por tanto, es un plan con un nivel de exigencia mental que los Padres, destrozados por el insomnio, nunca podrán cumplir… y además, ha sido diseñado en una mente que no ha entrado en “contacto 24 horas” con la implacable tozudez de un cerebro menor de tres años, en su vida. Así que, está a años luz de la realidad de los Padres.

El Universo Padres tiene unas pautas que hay que cumplir como por ejemplo el Calendario de Vacunación y “plan de revisiones del niño sano”, los plazos para las matrículas en la guardería o en el colegio, los plazos para solicitar las becas, para pillar plaza en los campamentos y colonias de verano… Todo esto son cosas que hay que hacer planificando y los Padres generalmente responden con responsabilidad y presteza, serios e impecables.

Sin embargo, sí es cierto que el día a día, qué digo día a día, la hora a hora… no, tampoco, a veces el minuto a minuto de la Vida Padres está basado en un gran y eterno bucle de re-auto-inventarse, de improvisar dentro del caos, de rezumar flexibilidad por todos los poros y de emanar torrentes de generosidad y paciencia cuál manantiales que brotan de las rocas y salen a chorro de las mismísimas entrañas de la Tierra, cuando todas las gotas de agua en derredor se han secado.

Dicen que la vida es como un océano y que tú eres un barco que lo navega, perdido en medio de sus olas. Me gusta el símil con las aguas y que la vida sea como un viaje. Digamos que los Sinhijos navegan ligeros y veloces, y pueden ir exactamente dónde les dé la gana, a dónde les quiera llevar el viento, al ritmo que ellos deseen… mientras que los Padres son como lentos buques con una preciosa carga en sus bodegas que eligen las rutas seguras, haciendo escala en los puertos adecuados para repostar y añadir víveres… todo muy previsible y correcto.

Cuando un Mundo Sinhijos y un Universo Padres chocan, se pueden dar situaciones desagradables. ¿Insisto para conseguir mis dos semanas de vacaciones de verano en enero, o en febrero o en marzo como muy tarde, para poder cerrar las reservas barato y coordinarme con el papá y planificar los campamentos del resto del verano; o cedo a las exigencias de la compañera Sinhijos de turno que “hasta junio no sabe lo que va a hacer así que no me puede decir las fechas que se va a coger y por tanto, no sabe si yo me puedo coger las fechas que pretendo – a lo mejor las necesitará ella”?

Los Sinhijos son increíblemente egoístas, en la simpleza de su vida dónde no tienen que mirar por nadie más que por ellos mismos.

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