A punto de cumplir los 5 años…

El cumpleaños de nuestro pequeño se acerca… queda menos de un mes.

Hace cinco años por estas fechas, estaba yo embarazadísima, anhelando la llegada del bebé y felizmente ignorante de todo lo que me esperaba.

Estos cinco años han supuesto un cataclismo, han sido transformadores y enriquecedores a nivel personal  y catalizadores de muchos cambios en mi forma de ser.  Sigo siendo yo pero a la vez estoy a años luz de la Hana Sinhijos. Supongo que es un cambio, fulminante en algunos aspectos, que experimentan todos los papás y mamás y es una experiencia intransferible para cualquiera que no haya pasado por ello.

Un hijo saca sin duda lo mejor… y lo peor de ti.

Te recuerda, no sin dolor, dónde están tus límites… o por el contrario te da vértigo al demostrarte la ausencia de los mismos dónde creías tenerlos…

Te hace envejecer (esas ojeras) y rejuvenecer a la vez (como aquella mamá que el otro día bailaba alrededor de su hijo a las ocho de la mañana en la parada del autobús mientras exclamaba: “¡Sigue nadando! ¡Sigue nadando!”).

 Te hace más sabia a la vez que te llena de interrogantes que antes ni te planteabas.

Te hace sentir valor y un  miedo atroz. Valor porque darías tu propia vida por tu hijo y miedo ya que temes porque nada trunque la suya.

Te hace sentir generosa y tacaña a la vez – generosa porque no hay nada que no estarías dispuesta hacer para que tu hijo sea feliz, dejando tu corazón enteramente disponible a sus pies; y por otro lado, tacaña porque quisieras regatearle al tiempo los fugaces momentos de paz y tranquilidad con tu pequeño a la vez que arañar algunos momentos de soledad sólo para tí…

El tiempo será algo que aprenderás a temer y a utilizar a tu favor a la vez… con variables resultados, pero en tus manos está. Puedes vivir esclava de los horarios y cumplir rutinas a rajatabla (baño a las ocho en punto, cena a las ocho treinta, acostar a las nueve quince…) o  dar la rienda suelta a la improvisación y respetar el tiempo del juego, tiempo de mimos, tiempo de silencio, tiempo de alboroto…

Puedes dedicar tu tiempo al trabajo sin cuestionarte el modelo establecido o puedes atreverte a dar el paso y cambiar la balanza del tiempo de trabajo y de la familia con una reducción de jornada o una excedencia…

Los días se te harán eternos pero los meses y los años se pasarán volando…

En resumen, la maternidad trae risas y lágrimas, esperanza y desesperación, calma y caos, paz y exasperación… es como una auténtica montaña rusa de emociones. 

La maternidad llena tu vida con banderas, Lego Classic, Wipeout y Resbalón Recargado… o con cualquier otra cosa que actualmente apasione a tu retoño.

Mi humilde consejo es… dejaros llevar por ello. No merece mucho la pena intentar tener todo bajo control, ni aferrarse al estilo de vida anterior al bebé ni querer ser la madre perfecta y tener al niño modelo. Abandonad sin miedo el campo de la lógica y seguid simplemente vuestro instinto maternal. En la crianza en realidad no hay verdades absolutas pero una cosa sí que es infalible – el sexto sentido de una madre. Esto unido al sentido común de toda la vida y desprovisto del miedo a equivocarse y aderezado con mucho mindfullness puede llegar a ser la receta perfecta para sobrevivir a la maternidad.

Yo cierro mi primer quinquenio con la cordura suficiente para seguir aparentando una persona normal que no es poco; y pasito a pasito voy recuperando cada vez más “normalidad pre-niño” en mi vida. Las noches, las duermo del tirón… los libros, me los leo… las películas, algunas las veo enteras… mis 15-30 minutillos de yoga al día, los hago casi siempre… Y tengo el presentimiento de que antes de que el monstruo de la pubertad irrumpa en nuestra vida, vienen unos años relativamente tranquilos.

Termino parafraseando mi película favorita Inside Out:

“Al fin y al cabo, Jared tiene 5 años. ¿Qué podría pasar?”

(Para aquellos que no hayan visto la peli: De todo, ¡puede pasar de todo!)

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