Noviembre

Noviembre huele a frío, a humedad y tiene sabor “amargo y a chuches” como el antibiótico, que con gran asco se toma religiosamente el peque esta semana.  Me toca levantarme a la una de la madrugada para darle la dosis correspondiente de “cada 8 horas”. Cuando iba a la guarde, mandábamos el bote del antibiótico y podíamos hacer eso de “desayuno, comida y cena” pero ahora le damos una dosis a las 8 y media antes de ir al colegio y la siguiente, con un ligero retraso sobre las 5 al volver a casa. Por eso la toma de la noche la hacemos  “cuando toca” y no con la cena, que sería demasiado de seguidas.

Esto es sólo un piquito del gran rompecabezas que supone el colegio en nuestras vidas y el cómo nos influye, ensartando sus trozos puntiagudos  como añicos en nuestras blandas carnes de cañón de Papás Preocupados.

¿Qué pasa si tu hijo por ejemplo no escribe su nombre igual de bien que el resto de la clase? (Los dos o tres rezagados que escriben igual de mal o peor que el tuyo no cuentan, tú sólo ves las letras que parecen salidas de la imprenta que han sabido crear la mayoría de los compañeritos. O tal vez sólo sean dos o tres que escriben bien, la mayoría más o menos y luego dos o tres que escriben fatal, tu hijo entre ellos, pero da igual, tú te fijas en que tu hijo es de los peores y que hay otros que lo hacen perfecto).

Y con eso, la duda ya está sembrada y amenaza con romper el delicado equilibrio de nuestro pequeño hogar porque enseguida echa raíces y se ramifica en elucubraciones llenas de espinas tipo “tu hijo va a suspender”, “hay que cortarle de música que es una distracción y lo que de verdad cuenta no lo aprende”…

A ver, echemos el freno. Las malas hierbas, las arrancamos de raíz. ¿Acaso se puede suspender en Infantil??

Y en cuanto a la música, vamos una hora a la semana y el profesor es quien nos ha pedido que practiquemos en casa, 10 minutos al día, una serie de cosas, para reforzar. Yo lo veo lógico. En clase no hay tiempo para soltar los deditos. Y esos 10 minutos al día, hacen maravillas. Al principio, el peque refunfuña, pero luego le pilla el gusto y él mismo se corrige y empieza una y otra vez, hasta que consigue tocarlo “bien”. Y me sirve como un magnífico ejemplo de que a la primera, las cosas no salen bien, pero practicando varias veces se consigue mejorar. Es una muy valiosa lección para mi pequeño perfeccionista. Además tocar la música tiene beneficios  demostrados en el desarrollo cerebral de los niños, aparte de que pienso que  es una habilidad increíble que ya se lleva para toda la vida.

La escritura que se empeñan en hacer en el colegio desde los 3 añitos, pues no tiene ningún beneficio demostrado a día de hoy el introducirla a edades tan tempranas. Es más, puede que lo más beneficioso sea simplemente jugar hasta los 6-7 primeros años de la vida… pero en fin. El modelo actual de enseñanza que tenemos la incluye, pues vale. En el colegio se dedican a ello todos los días, dentro del marco de la psicomotricidad fina. Rasgan papeles, cortan con tijeras, puntean con punzón, repasan puntitos, colorean, dibujan y firman con su nombre como buenamente puedan, y lo hacen a diario…

¿Qué necesidad hay pues de seguir insistiendo con más ejercicios por las tardes en casa?  Pero el gusanillo está allí, picándote para hacerlo y ayudarle al niño a ir mejor en clase. Así que al final, hacemos ejercicios para soltar la manita por las tardes en casa, procuraremos que dibuje más a menudo… pero alguna parte de mí se sigue rebelando.

Me niego a que esto sea una puñetera competición. ¡Mi hijo tiene 4 años! Bueno, casi  5, pero igualmente… es muy pronto. Menos mal que la profe nos ha dicho lo mismo. Que era  pronto,  que era algo evolutivo y que ya lo seguirían trabajando en clase. Crisis apaciguada…

No quiero ni pensar lo que tendrá que ser en los cursos superiores, cuando puede que vaya mal en matemáticas, o en lengua, o en historia, o en dibujo, o en educación física, o en ciencias… cuando traiga una mala nota.

En resumen, noviembre trae días nublados, “días tó guarros” como dice la señora de la limpieza en la ofi y también días despejados,  cuya luz duele en los ojos con su explosión de colores: azul eléctrico del cielo, amarillo chillón, naranja cálido y rojo intenso de las hojas de los árboles, recortándose contra el cielo en vivo contraste o sembrando el suelo con su manto multicolor y dibujando una sonrisa involuntaria en tus labios al ver tanto derroche de belleza…

Y así es la vida en el colegio también. Tras la sombra de los éxitos o más bien no éxitos académicos, viene la fiesta de la Castañada, iluminando el día con su alegría, con papás y mamás (voluntarios) incluidos, contando cuentos, cantando canciones y bailando en el aula y después, repartiendo cucuruchos en el patio, cuando se borran las diferencias y todos los niños se zampan las castañas asadas con el mismo ímpetu.

Y por si fuera poco, hoy fue el día del simulacro de evacuación con bomberos de verdad presentes en el colegio y además, ¡ya es viernes!!

¡Feliz fin de semana a todos!

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