En qué cambia tu vida tras tener a un hijo

La llegada de un bebé a tu mundo te vuelve la vida patas arriba, eso ya ha sido dicho. Que el bebé cambia tu escala de prioridades, te hace ver las cosas con otra perspectiva, que te enseña lo que es el amor sin límites (y la preocupación de verdad por alguien), que nunca vuelves a dormir igual que antes… todo eso ha sido dicho también y a los que no hayan sido padres todavía les suena un poco… demasiado abstracto. Los que ya han pasado por la experiencia lo firmarían con su sangre sin pensar, porque sabrían perfectamente qué contienen esas palabras.

Hoy me quiero centrar en describir los cambios concretos y físicos que sucederán en tu hogar, en un piso cualquiera de una pareja cualquiera que se haya embarcado en la aventura de asegurar la supervivencia de la hucha de las pensiones. ¿En qué ha cambiado su entorno respecto a antes de ser papás?

Si os dedicáis a la noble y ancestral profesión de saqueador de caminos… digo hogares, por ejemplo, esto os puede servir de guía de detección de hogar habitado por una cría y ya os aviso que no merece mucho la pena robar a una familia con hijos. Todo el dinero se habrá ido en juguetes y cuentos infantiles, por ejemplo, y estos no estarán en muy buen estado para ningún mercado negro.  A propósito, ser fabricante de juguetes tiene que ser un negocio lucrativo a más no poder. Porque a no ser que las circunstancias realmente aprieten, los padres prefieren quitarse de lo que sea pero que a su niño no le falte ningún chisme de última generación, acorde a la edad. Sobre todo en torno a la antigua festividad del Solsticio de Invierno, la montaña de juguetes es una auténtica demostración de “nobleza obliga” – siempre quieres darle lo mejor a tu hijo y para muchos, lo mejor es lo más caro, lo más vistoso, lo más completo del mercado y que el marketing te mete en la cabeza que además es lo más imprescindible… Empezamos con mesa interactiva con luces, sonidos, teclas con todo el abecedario cuando apenas saben andar y cuyo precio ronda las tres cifras y terminamos con un teléfono inteligente último modelo cuando apenas pisan la adolescencia…

Bueno, me he ido por las ramas, pero así he adelantado el primer y más obvio punto:

Una casa con “bebé a bordo” estará repleta de juguetes. 

El epicentro del mal se concentra en una de las piezas del inmueble, generalmente con las paredes pintadas de rosa o azul celeste, y sus tentáculos se extienden imperceptiblemente por toda la casa y llegan hasta sitios tan insospechados como dentro de la lavadora, dentro de tu bolso, dentro de tus botas, en el baño, debajo de los cojines del sofá, en la repisa de la terraza…

Estoy segura que los cazadores de fantasmas, o sea expertos en detección de fuerzas paranormales y forofos de esto de las cosas “entre el cielo y la tierra”, si se pusieran a analizar los delicados equilibrios de la energía que mueven los hilos de la convivencia doméstica de los ocupantes de nuestro piso cualquiera, enseguida verían que la energía se concentra en dicha habitación rellena de juguetes y que su dueño es el que marca el ritmo del vivir y/o sinvivir del resto de su manada… y sucede una cosa curiosa: cuanta menos masa ocupa el ser (o sea, cuanto más pequeño y por tanto, aparentemente insignificante es), cuanto más indefenso, débil y dependiente nace… más fuerte es su influencia.

Si nos fuéramos ahora a inspeccionar el salón, detectaremos los siguientes cambios:

Todo está lleno de fotos del bebé y/o del niño.

Es como si los padres no tuvieran suficiente con ocuparse del bebé día y noche, lucir las ojeras más grandes del mundo, dar mil vueltas a mil cosas, no parar nunca… ellos muestran orgullosos, ellos exhiben los retratos de su tirano, ellos decoran con ello su morada… Los papis no tenemos remedio, ahora por fin lo comprendo.

En alguna parte de la casa estará guardada una cámara réflex de esas que cuestan en torno a 500 €. 

Y esa fue la última gran inversión que hayas desembolsado para algo que manejas tú, así que podría decirse que sea algo para tí, pero en realidad la cámara la compraste para hacer las fotos al bebé (antes, para tus viajes usabas una digital medio decente) y por supuesto su maravilloso objetivo estará enfocado el 95% del tiempo en perseguir al bebé y/o niño, documentando su infancia e inmortalizando mil muecas, siluetas borrosas o fotos de perfil o de espalda, porque los bebés y/o los niños, salvo excepciones en estos últimos, no posan.

Pasemos al siguiente punto:

Vajilla molona y otros artilugios en la cocina.

Tras alguna de las puertas de algunos de los armarios de nuestra cocina cualquiera habrá una colección de vajilla fabricada con derivados del petróleo y profusamente decorada con extraños pero coloridos personajillos: un ratón con un pantalón rojo o una ratona con un vestido rosa de lunares blancos, la cabeza de un niño resabido rodeados de siete perritos con incomprensibles disfraces o los mismos perillos conduciendo diferentes vehículos y ataviados en conjunto…  muy raro todo. Detrás, al fondo de la balda, acumulan polvo unas flamantes copas para tomar vino, mudos testigos de otros tiempos…

En la primera etapa, en algún punto de la cocina habrá un cacharro que parece una yogurtera, pero se trata de un esterilizador de biberones y habrá muchos biberones, tetinas, unos discos planitos que son unas tapas que se ponen debajo de la tetina, para que el contenido del biberón no se derrame cuando te vas de viaje (y que luego siempre se te olvida quitar y le tienes 5 minutos al niño con la cara roja del esfuerzo de chupar y el biberón que no baja…), tapas de plástico para poner encima de la tetina… algunas encajarán y otras no y algunas encajarán tan bien, que te costará un huevo quitarlas…

Nuestros detectores de flujos de energía podrían hacer todo un mapa de pequeños remolinos que se enroscan alrededor de dichos objetos, con sus peculiaridades que les hayan impreso los padres en sus desesperados intentos de abrir una tapa que no cedía a las dos de la mañana, o buscando esa dichosa tetina que fluye bien a las cuatro de la mañana, o soltando tacos al poner otra vez esa tetina que por lo que sea, nunca enrosca bien y cuando vas a probar la Tª del bibe, en lugar de un fino chorrito te sale un reguero de leche por toda la mano… o que te traiciona cuando se lo enchufas al niño y de repente ves como se le está empapando toda la pechera del pijama porque el biberón no estaba bien cerrado.

En cuanto a los antes mencionados platos, vasos y cubiertos de plástico… son para el niño, por supuesto, pero la de veces que los adultos se terminarán el puré a cucharaditas pequeñas, descubriendo poco a poco la cara de una cerdita sonrosada con los ojos dibujados al más estilo faraónico… o se comerán los restos del filete cortado pinchando con minitenedor, para no manchar otro, repescando los  trocitos entre la sonrisa cómplice de otro cerdito… mientras la porcelana, la loza buena, duerme profundamente hibernando un largo invierno particular de variable duración… pero que comprende unos cuantos años por lo menos.

En muchos hogares habrá una máquina de esas que sirven para cocinar “de todo” y sobre todo, son unas estupendas trituradoras y homogeneizadoras que dejan los purés sin un grumo, suaves como la seda… y en su ausencia, habrá una buena trituradora, ocupando el hueco de la agitadora de cócteles o de la cubitera que se han tenido que mudar al trastero. Y en algún lugar privilegiado de la cocina, habrá algún tipo de una cafetera potente y buenas provisiones de café.

Tecnología punta y ausencia de “picardías” en el dormitorio

Pasemos al dormitorio (si se le puede seguir llamando así, porque “dormitorio” viene de “dormir”, ¿no?) de los padres, para terminar este recorrido imaginario de un hogar cualquiera habitado por una cría humana, impregnando todo con su irresistible dulzura.  Esta dulzura, este aura, este hechizo personal… tiene un pequeño daño colateral que consiste en un efecto antigénico respecto a todas las cosas “picantes” y “calientes” que solían tener lugar en nuestro dormitorio cualquiera… enfriando bastante los ánimos, enterrando la ropa interior sexy al fondo del cajón y desterrando el manual del Kamasutra de la mesilla de la noche para dejar paso a los Intercomunicadores para oír al bebé en su habitación, o directamente, arrimando la cuna del bebé a la cama de los padres, o directamente, terminando con el bebé cual polizón caradura en la cama de los papás. Así que nuestros detectores de energía (sexual) no es que se queden sin actividad ninguna, eso tampoco, peeero… ya no alcanzarán las simas vertiginosas de pasión desenfrenada y salvaje que solían amenazar con hacerles estallar cuando el bebé sólo era una idea para el futuro y el dormitorio servía para dormir.

En cambio, habrá nueva tecnología: los mencionados Intercomunicadores, cacharros incomprensibles para cualquiera que no esté habituado a su uso; puede que haya Sacaleches, más misterioso aún y que escrito así, con la distancia de los años y libre de las hormonas de la lactancia, da un poco de grima la verdad… y cuyo ruidito rítmico era justo lo que el papá necesitaba oír a las tres de la mañana…

Por los rincones o dentro de los armarios habrá cajas con un Humidificador de Aire para cuando el niño esté resfriado; con una Hamaca Vibradora y una Manta Multijuegos que se le han quedado pequeñas en cuestión de meses, y habrá una caja con una Piscina Hinchable y un millón de pequeñas Bolas de plástico, que terminarán saliendo de los rincones hasta años después de haberla retirado tachándola de mala idea y su adquisición de ERROR…   superable tal vez sólo por la arena sintética, que dicen los papás checos con experiencia que es un auténtico desastre en una casa. En España no está tan de moda, así que de buena nos hemos librado.

Esto a grandes rasgos serían los cambios más tangibles en una casa cualquiera… pero, como lo tangible y lo intangible van de la mano, como os he ido demostrando a lo largo del texto, mencionando a los medidores de energía alias cazafantasmas todo el rato, tengo que decir una cosa más al final:

Una casa habitada por un niño es una casa llena de Vida. 

Y eso es un punto intangible, difícil de identificar a simple vista, pero todo lo arriba expuesto os puede servir de pistas y si estáis un poco atentos, enseguida notaréis, al cruzar el umbral de cualquier casa que acoge a un niño en su interior, como todo ese tinglado de desorden, juguetes, fotos infantiles, cansancio, prisas, risas, llantos, sueño y ausencia del mismo, biberones y cereales infantiles por doquier… crean una atmósfera de amor y calor humano de verdad.

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