Todos los matices del arco iris alias Trucos para cuidarse I

Me temo que no existe un método infalible para adelgazar y/o mantenerse en el peso justo, porque si existiera, la humanidad ya lo sabría y no tendría los problemas de peso que tiene.

Así que hoy voy a compartir con vosotros lo poco que sé acerca del asunto y que dista mucho de ser la solución definitiva… Os lo voy a contar desde el punto de vista de madre y mujer, por supuesto.

Hace un tiempo, una amiga me escribió para pedirme consejo en su lucha con los kilos de más a raíz de su maternidad. Me decía: “Todo el mes me cuido y como sano, pero viene la regla y es que es superior a mí, me pongo morada a dulces y chocolatinas. Yo no lo compro para mí, pero siempre hay en casa para el niño y en esos días, no puedo evitarlo. Así que lo que consigo perder a lo largo del mes, lo recupero con cada regla, y siempre vuelvo dónde estaba. ¿Tienes algún consejo?”

Le contesté largo y tendido, porque con ese mismo problema luchaba y lucho cada mes yo también.

Así que para empezar, el primer truco es: conocer tu ciclo menstrual y si te afecta o no. No sé si hay mujeres cuyo estado de ánimo, nivel de energía, capacidad de concentración y forma física no sufre ningún cambio a lo largo de ningún mes y cuyos cuerpos van como unas máquinas con el diagrama de resultados que consiste en una perfecta línea recta. Si las hay, les dedico mi más sincera envidia y les doy la enhorabuena por lo afortunadas que son.

En mi caso y en el de mi amiga, el diagrama sería una montaña rusa de altos y bajos cual una voluble y caprichosa sinusoide. De modo que el primer consejo que le di y que os comparto aquí hoy es conocerlo, aprender a preverlo y así… minimizar los destrozos.

Un posible consejo habría sido “desterrar al enemigo de casa”, es decir NO tener en la despensa esos dulces, chuches y chocolatinas “para el niño”, ni “por si acaso” ni “porque se lo regalan”, porque al niño seguramente tampoco le conviene. Pero allí entran en juego varios factores:

1. Que no quieres criar a tu hijo como un bicho raro que no puede probar un dulce en su vida.
2. Aunque no lo tengas en la despensa, hoy en día lo puedes comprar en mil sitios de mil maneras, así que si te atrapa la tentación… “no tenerlo” en casa te puede salvar en un primer momento, pero no de manera absoluta.

Es más acertado pues priorizar en tu mente qué quieres comer y qué no y procurar tenerlo presente. Y es que estar “cuidándote” o incluso “a dieta” es, sobre todo, tener paciencia y tener las cosas claras.

Y ese es el segundo truco: tomártelo con calma, sin prisas… pero sin pausa. Los cambios no se ven de un día a otro, pero en un tiempo, sí… Puedes por ejemplo practicar la visualización positiva, para no perder tu objetivo de vista. Yo creo que por eso las novias adelgazan antes de casarse con relativa facilidad – porque se visualizan a sí mismas luciendo divinas con su vestido de novia. O he aquí el porqué muchas mujeres se cuidan como por arte de magia durante el embarazo – deben estar visualizando al bebé todo el rato. Así que, usad el poder de la mente…

Otra manera de cómo tener presente tu objetivo siempre, es por ejemplo crear pequeños rituales cada día, que te lo recuerden – echarte perfume por las mañanas, llevar ropa interior bonita, dormir con un pijama “de verdad” y no con una vieja camiseta de publicidad, maquillarte un domingo aunque sabes que no vas a salir de casa… cosas que sólo tú sabes que haces para sentirte “especial”.

Sobre esto de los rituales leí el otro día un chat en un foro checo sobre la maternidad, dónde una de las madres preguntaba si las demás tenían algún ritual diario. Y todas contestaban “cuando me tomo mi primer café del día” o “el café después de comer, mientras los niños duermen la siesta” o incluso “cuando se han dormido por la noche, me tomo tranquilamente un café mientras veo el internet”. Siempre el café. ¿Será por su aroma? En cualquier caso, el café (solo o con leche desnatada pero siempre sin azúcar) acelera el metabolismo, y el té verde también, así que ambos pueden ser buenos aliados en la lucha contra el sobrepeso… y podéis crear un pequeño ritual al tomarlos: usar una taza especial, por ejemplo…

En el fondo, cada una de las comidas diarias debería ser un ritual. Imaginaros: comida preparada tranquilamente, con mimo, servida con esmero, en una vajilla bonita, con su servilleta de lino… degustada lentamente, sentada en la mesa, con un florero con flores frescas delante y un ventanal lleno de luz del sol detrás… vamos, lo que nadie nos podemos permitir, con la vida ajetreada que llevamos. Pero, en la medida de lo posible, habría que procurar acercarse lo más posible a ese ideal de comer con consciencia. Y lo primero y que está al alcance de todos: no comer deprisa, ni viendo la tele, ni leyendo el periódico, ni hablando por el móvil, ¡¡ni escribiendo un blog!!

Tercer truco: Quererse a una misma. Mimarse cuando el cuerpo lo pide, compensar al día siguiente y seguir para adelante, no tirar la toalla por un Kinder Bueno o por un bocadillo de Nocilla.  Sabiendo que esos momentos de necesidad imperiosa de azúcar vendrán a tí  a lo largo del mes, como las olas del mar con la marea alta, puedes estar preparada teniendo a mano una opción “saludable” – chocolate negro, frutos secos, frutas pasas… que ya se compensarán. Yo personalmente también paso parte del mes con “la marea baja” – apenas tengo hambre y el chocolate me deja bastante indiferente (casi casi porque dónde hay un buen chocolate negro…).

Para terminar, el cuarto truco: Hace poco he leído un libro sobre cómo ponerse en forma, de un entrenador personal con larga trayectoria y mucha experiencia a sus espaldas, y él decía una cosa muy cierta: “Hay que reeducar el paladar”.

Y decía que hay que cultivar la fuerza de voluntad… porque vivimos rodeados de comida. En eso estoy de acuerdo, hay que aprender a hacer tus elecciones acerca de qué te vas a llevar a la boca… Somos lo que comemos. Pero quisiera matizar lo de que sólo sea cuestión de fuerza de voluntad… no siempre todo se reduce a eso. Yo diría que más bien hace falta una combinación de madurez, motivación y cierta sabiduría.

A veces, el cuerpo es como un niño pequeño que patalea y pide a gritos patatas fritas o helado, porque los quiere, y bueno, podemos optar  por utilizar sólo la fuerza de voluntad y espetarnos un tajante: “¡No!” y mandar a callar a ese niño pequeño que se enrabieta dentro de ti, sin más… o hacerlo a mi manera de educar, con más “manga ancha” y con cariño y decirnos: “A ver, estás muy enfadado… ¿Qué te ocurre?” y a lo mejor así, atajamos el problema desde la raíz, no sólo suprimimos los “síntomas”.

Así que cuidado con la fuerza de voluntad. Tiende a teñir todo de negro y blanco y yo prefiero tener en cuenta todos los matices del arco iris, en lo de cuidarse… y sobre todo en esto de la crianza. Así la cosa se convierte en un verdadero camino de autoaprendizaje. A mí todavía me queda mucho trecho por recorrer…

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