Un monstruo viene a verme…

Menuda llantina en el cine ayer. Qué película. No sé si a todo el público le habrá afectado por igual, pero mi marido y yo hemos llorado como dos magdalenas. Hubo un momento que sólo se nos oía hipar, sorber y gemir, llevados por la emoción de la película. Hay un momento hacia el final, cuando de repente, las imágenes en la pantalla se quedan sin sonido, no sé qué durará… un minuto, dos… de vacío auditivo, mientras las imágenes se van sucediendo como a cámara lenta. En la sala del cine no se oía un ruido, lo que había era un silencio sepulcral y todo el público aguantaba con el alma encogida y en vilo, como un solo ser.

La peli va de un niño cuya madre está gravemente enferma y no os voy a contar más, para no estropear el argumento si vais a verla. Id a verla. Os sobrecogerá. Yo sigo teniendo grabada en la retina y en los tímpanos la escena cuando la madre se despide del niño y le dice: “Ojalá tuviera cien años para dedicártelos…” (esto creo que sale en el tráiler así que por eso lo pongo). Cuando dice: “Si un día te enfadas contigo mismo por haber estado tan enfadado e incapaz de decirme nada en este momento, quiero que sepas que no importa, que yo lo sabía. Yo sé todo lo que me tienes que decir.” ¿Cómo no voy a llorar escuchando algo así, viendo cómo hasta en la gran pantalla hay madres que sienten las cosas como yo?

Para mí, desde que he sido madre, todos los temas madre-hijo me emocionan profundamente, pero esta película muy especialmente, me ha tocado muy hondo. Ya tengo pedido el libro para Navidad…

La película toca muchos temas para reflexionar, para cuestionarte muchas cosas… que el ser humano es un animal complicado, dice en otro momento, creo.
Es buenísima la secuencia de las 4 historias, 3 que cuenta el monstruo y la cuarta que tiene que contar el niño. Vas intuyendo qué será a lo largo de la peli, pero aún así aunque no iba desencaminada, su “confesión” me sorprendió, pero encajó perfectamente… profunda, dolorosa, desgarradora y tan humana…

Y me ha recordado algo, que hace tiempo estoy pensando si hacerme eco o no aquí en el blog… el tema de las madres arrepentidas. Salió en la prensa una noticia de que ha sido publicado un libro de testimonios / un ensayo sobre este fenómeno, tabú absoluto en nuestra cultura. Algo muy mal visto. ¿Una madre que se arrepiente de haber sido madre? ¡A la hoguera con semejante bruja!
Pues no he leído el libro, no quiero “contaminarme”… tampoco es que sea algo tan acuciante para mí, yo no me arrepiento de tener a mi maravilloso hijo, por supuesto que no… aunque sí me arrepiento, a veces, de haber sido madre, que es distinto… ¿Quién no habrá pensado “sin hijos la vida era más fácil”? Eso no significa que quisiera borrar a mi hijo de su existencia, eso sería impensable. En el momento que das la vida, la proteges y la cuidas, y cada vez le quieres más, así que nunca me arrepentiría por él, eso jamás. Pero por el cansancio, por lo duro que es a veces, por la añoranza de la otra Hana libre y despreocupada de otra época… pues sí, se me ha cruzado por la mente en algunos momentos, sobre todo al principio.

El libro va de madres que se arrepienten de verdad, profundamente, que no es mi caso… y ayer al ver la película lo entendí. Dicha confesión – de ser madres arrepentidas – debe de costar arrancarla igual o más de lo que le costó al monstruo arrancar la suya del niño.

Volviendo a la película, me encantó la escena cuando el niño cae al abismo y el monstruo le coge. En la vida real funciona así. Reconocer tu “debilidad” nunca te rompe, siempre te hace más fuerte. No te mueres por enfrentarte a lo que te da miedo. Cuando tocas fondo sirve para impulsarte hacia arriba.

Me encantó la frase del monstruo, cuando dice algo así como: “Necesitamos las mentiras piadosas para esconder la verdad dolorosa y nos las creemos precisamente porque en el fondo sabemos esa verdad.” Una palabras escalofriantes y cuyo filo hasta duele de lo afilado y certero que es. Corta cualquier dolor por la mitad con la certeza de un bisturí llevado con pulso firme y deja la herida al descubierto… para sanar.

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