Como el Yin y el Yang

Hoy me he topado con este artículo: http://eresmama.com/educa-respeto-no-la-obediencia-del-miedo/

Y me llamó la atención que en el artículo, llaman “burbuja paterna o materna” a una situación de padres demasiado severos, que educan “en la obediencia”. El artículo además describe perfectamente mi visión de la educación (en el respeto).

Mi objetivo es educar a una persona libre y plena, no cohibida… y mucho menos enclaustrada en ninguna burbuja. Considero a mi hijo una mente libre y fomentaría esa libertad de espíritu en cualquier niño que estuviera a mi cuidado.

Por supuesto que le pongo límites: como a cualquier niño, los necesarios por su seguridad – no se juega con cuchillos, cuidado con el fuego, no se corre por la calle… En cambio, pongo pocas normas, eso sí es cierto (pocas, pero no ningunas, ojo). Pongo pocas, porque no tengo ni tiempo ni ganas ni fuerzas de estar todo el rato vigilando el cumplimiento de dichas normas. Además se me van, ya que yo soy como Rita, la libélula del cuento “Te quiero, casi siempre” (muy bueno, por cierto), soy imaginativa y me gusta más… improvisar.

En esto conecto muy bien con mi hijo, porque está en plena época de imaginación desbordante y yo tengo alma de niña eterna… El otro día, cuando estuvimos en la sierra de excursión, veíamos como una mancha de plata líquida haciendo un juego de mil destellos en la superficie del embalse y le dije al niño: “¿Qué crees que es, el reflejo del Sol o tal vez que haya un tesoro que brilla debajo de la superficie, en el fondo del agua?” Y me contestó sin titubear: “Es un tesoro, mamá.”

Es que de verdad, ¿cómo me pueden llamar sobreprotectora a mí, cuando yo precisamente intento interferir lo más mínimo?

Estoy a favor de que la motivación salga de dentro, no desde fuera. Porque yo no puedo estar todo el rato al lado diciéndole al niño lo que tiene que hacer. Así que si le regaño o presiono, para que haga las cosas “a mi gusto”, lo hará mientras se lo estaré diciendo. Si sin embargo, le pido que haga las cosas de determinada manera y le doy tiempo para que de alguna manera lo interiorice y espero a que lo haga, lo está haciendo él solo.

Si me tuviera que “poner” y “educar” al niño a imagen y semejanza del cole, me costaría un montón. Lo reconozco. Es un método conductivista total y no va conmigo. Pero, por lo menos de lunes a viernes, mi hijo pasa más horas al día en el cole que conmigo. Y si echamos la cuenta de las horas totales de toda la semana, incluyendo el fin de semana, son 35 horas en el colegio y 49 horas conmigo (cuento sólo las horas despierto, cuando puedo estar influenciando nefastamente en él, bueno sin contar que pasa parte del tiempo jugando libremente con sus amiguitos en el parque, sin interferencias de mi parte, o que está con su padre o con su abuela… pero en fin. Yo soy la madre con las ideas claras hasta el punto de escribir un blog, así que acepto la responsabilidad). No sé, es aprox. un 40 % del tiempo bajo la influencia del colegio y un 60 % bajo mi “malsano embrujo”. Yo creo que en el colegio tienen tiempo más que suficiente para imponer sus normas. Si no dan resultado… ¿no será que tal vez no sean las normas adecuadas o el método adecuado para los niños? ¿Porque se centran en la conducta, en las formas, en tratar el problema sólo desde fuera, y no desde su raíz?

Imaginaros un niño que busca constantemente la aprobación del adulto. Necesita que le prestes mucha atención, por lo que sea (inmadurez, sensibilidad, miedo…). Imaginaros que ese adulto opta por “educarle” a no ser tan dependiente y siempre le dice: “Tú sigue, en un rato iré…” y así, el niño termina por “reclamar mucho menos la ayuda”. El adulto cree que lo ha conseguido, que han trabajado la autonomía.

Pues yo pienso que el hecho de que el niño haya aprendido a pedir menos ayuda, no significa que necesariamente haya dejado de necesitarla. ¿Y si simplemente ha aprendido a no mostrar la necesidad?

Son cosas mías, que yo siento así, llámenme exagerada… ¿Pero, quién sabe? Cada niño es un mundo.

Yo en mi casa seguiré escuchando mi instinto, sólo por si acaso. Creo que así corro menos riesgo de equivocarme.

Cuando el niño nació, le daba el pecho a demanda, todo era correcto, la postura, el agarre, la frecuencia… pero el niño chupaba flojito y se dormía, y en cuanto le intentaba dejar en la cuna, se despertaba a los 2 minutos y venga a llorar y sólo se calmaba en brazos y otra vez en la teta… Y todo el mundo me decía: “Es que le has malacostumbrado. Le has acostumbrado a los brazos. Es culpa tuya, no le has enseñado a dormir en la minicuna.” Pero yo seguía cogiendo a mi hijo en brazos, ya que no creía en absoluto en eso de “déjale llorar hasta que se canse y ya verás cómo aprende.” Cuando a los 4 meses le diagnosticaron el glaucoma congénito, el oftalmólogo nos dijo que el glaucoma (la presión intraocular demasiado alta) les dolía bastante a los bebés y que íbamos a notar una diferencia después de la cirugía y así ha sido.   Y una persona muy importante y especial de mi entorno, a la que por eso, por reconocerlo y decirlo, le tengo un respeto eterno,  me dijo: “Gracias por no ceder y por cogerle en brazos cada vez que lloraba. Porque nuestro chiquitín lloraba de dolor y todo el mundo decía que era por malcriado pero tú no te dejaste convencer. Gracias por ser la única en saber atender al niño cuando lo necesitaba.”

De verdad me encantaría transmitirle a mi hijo la sensación de satisfacción y de autoestima por hacer las cosas él solo, eso que se supone que tienen que alcanzar los niños en esta edad. La autonomía no es por mí, para que yo tenga la vida “más fácil” y no tenga que atenderle tanto (y vaya si saldría ganando), la autonomía es en primer lugar por él. Para su autoestima, su independencia, su reafirmación en el mundo. Pero es que parece que no le llama la más mínima atención.

Ahora nos dice: “Haré esto o lo otro solo, cuando tenga 5 años.
Y dirán los expertos: “Cómo les maneja a los padres. Les tiene como dos marionetas. Hace lo que quiere con ellos.”
¿Por qué?? ¿Porque los niños son tontos y no pueden o no deben tener criterio? Es que precisamente este niño es más infantil en algunas cosas (de la autonomía), pero también más maduro en otras, como el habla. Sabe muy bien lo que dice.

Tal vez todo podría ir mucho mejor en el colegio, si no se masificaran tanto las aulas. Creo que esto no soy la primera en pensarlo. La razón por la que publico este post, contando cosas muy íntimas de mi hijo y de mi familia, es para unirme a las voces que reclaman menos niños por aula en Infantil y Primaria. 

Este sistema escolar que tenemos no está preparado para la verdadera diversidad. Porque “diversidad” no es sólo venir de otro país y no saber el idioma, o tener otro color de piel. Ni tampoco llevar aparato en los dientes o llevar gafas.

La diversidad la llevamos en el ADN, todos somos diferentes, únicos y especiales. Y entiendo que es muy difícil, tal vez imposible, prestar una atención individualizada a 26 niños a la vez.

Para terminar, quiero dejar claro que no estoy en contra del colegio. Lo veo necesario para enseñar la disciplina y por otra parte, aprender de un ambiente profesional y con un método definido y que sería imposible aplicar o imitar en una casa porque en la “república independiente de tu casa” somos… simplemente humanos. Gozamos de cierta libertad que en el colegio, a día de hoy, es imposible. Así que yo opto por mantenerla en casa al máximo. Para equilibrar. Como el Yin y el Yang.

El cole y la casa son como dos extremos así que ¿por qué no podrían ser como el Yin y el Yang, coexistir y complementarse? Como los polos opuestos del imán, que sin embargo, son los únicos que se atraen irremediablemente.

Ahora que lo pienso, volviendo al cuento “Te quiero, casi siempre”, si yo soy Rita la libélula, ligera, imaginativa y que vuela muy rápido y es la más luminosa; el colegio es el otro protagonista del cuento: Lolo, el bicho bola. Con un caparazón duro, fuerte y resistente, con los pies siempre en la Tierra y que quiere controlarlo todo. Y como dice el cuento:

“Lolo y Rita sienten que son muy diferentes y por eso, se gustan.

Lolo y Rita sienten que son muy diferentes y por eso, se molestan. “

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