En una burbuja

 

 

Me hace gracia que el argumento favorito de las maestras sea “es que sobreprotegéis al niño, le tenéis en una burbuja” y no se dan cuenta de que las que viven en una burbuja son ellas. El colegio es como una burbuja, un universo artificial lleno de normas, premios y castigos, pero la vida real no es así. Y si no, que se lo digan a la “generación mejor preparada del siglo” que trabaja de camareros en Londres o en París…

Ayer tuve “la gracia” de escucharlo (de que tenemos al niño en una burbuja) de la boca de la tutora de mi hijo y bueno, o me desahogo aquí o reviento. Son las seis de la mañana, llevo dando vueltas en la cama desde la madrugada, hirviendo de la indignación.

Esto no es nuevo, antes del verano nos han mandado desde el colegio a todos los padres un escrito de varias páginas acerca de la sobreprotección. Me hace gracia, porque ¿acaso les mando yo notas de escuelas alternativas, testimonios de unschooling y cosas por el estilo?

En fin.

Repuesta tras el choque inicial de ayer, voy a poner las cosas en su sitio.

No tengo a mi hijo en una burbuja, no. Simplemente le quiero y le cuido, ¿y qué padre no haría y no hace lo mismo?? Decirle a un padre “le tienes en una burbuja” y encima escudarte en que “mis demás compañeras que entran en contacto con él me confirman lo mismo”, es dar dónde más duele.Estoy segura de que no soy ni la primera ni la única que escucha esto, es más, por las tardes en el parque veo amiguitos de mi hijo mucho más mimados y protegidos que el mío, pero a la manera de ser de cada padre. Yo a mi hijo por ejemplo le llevé en brazos hasta los 4 años y medio (o mejor dicho, hasta los 17 kilos), porque él me lo pedía y yo podía hacerlo, pero ahora ya camina él solo; pero veo que hay padres que desde que han tenido a su peque no han podido salir ni una vez por la noche en cuatro años… Yo tengo una reducción de jornada de 1 hora para llegar a recoger al niño, pero hay madres que solo trabajan 4 horas para dejar y recoger a sus niños personalmente. Hay niños que no controlaban el esfínter al final del curso pasado y los padres ¿qué? ¿Es culpa suya acaso? ¿Es mejor padre el que deja los hijos en las mañanas del cole y en las tardes del cole, cuyo hijo se quita el pañal con dos años en un santiamén, camina solo desde que aprende a andar y se queda alegremente con los abuelos cada vez que los padres quieran irse por allí?

Nuestro “problema” es que yo simpatizo con la crianza con apego, sí. Que me gusta mucho la educación emocional, efectivamente. Soy consciente de que en esto voy “a contracorriente” así que si alguien me espeta que tengo a mi hijo en una burbuja, y más si es la profesional de la enseñanza a la que le tengo respeto (aunque ella piense que no y que cuestiono su trabajo), pues en un primer momento me deja KO.

Pero pensándolo bien, la pobre maestra lo dice con toda su buena intención.

Uno, creo que ellas creen firmemente en los peligros de la sobreprotección, sino no nos hubieran mandado aquella circular tan edificadora, y segundo, es un escudo estupendo que echa por tierra cualquier objeción, observación, apunte, expresión, cualquier cosa que le quieras decir acerca de tu hijo: la respuesta siempre va a ser que te preocupes menos, que le sobre proteges.

Es que, para que los niños puedan ser conducidos y vigilados en unas aulas de 26 alumnos, hace falta disciplina. Y supongo que hoy en día a las maestras les choca que los niños no vengan “amaestrados” desde sus casas.

Pues miren. Yo no soy maestra. Yo no tengo una carrera acerca de cómo tratar a los niños, ni un máster en psicología infantil. Pero yo veo a mi hijo. Yo le observo, le siento y de alguna manera, capto lo que le pasa, con un sexto sentido que no me preguntéis de dónde sale, pero está allí.

Las maestras el hándicap que tienen, es que están cegadas con la teoría que han estudiado y miran los niños a través del prisma de sus conocimientos. Y eso es peligroso, porque están tan convencidas de lo que “tiene que ser así”, que los niños no pueden ser quien quieren ser, tienen que llegar a ser quien ellas quieren tener de ellos. Por ejemplo, el dibujo. Todos tienen que colorear sin salirse de los márgenes. Y encima, en silencio.

Volviendo a la tutoría, no empezó con buen pie, no. Resulta que la maestra de mi hijo, sólo da tutorías un jueves a la una. Un jueves a la una yo tengo media hora para comer y no me da tiempo para llegar al colegio. Sin embargo, los viernes, salgo a las dos, y excepcionalmente puedo hacer por salir a la una (es decir, en lugar de de 9-14 ir al trabajo de 8-13 pero los viernes, hay muchísimo movimiento e irme a la una supone dejar todo empantanado y tener que conectarme por la tarde desde casa para terminar).

No obstante, me citó el viernes a la una y media, con la puntillita en la propia nota de que el viernes, ella tenía otras cosas que hacer y que lo hacia de manera excepcional. No le contesté diciéndole que yo también tenía otras cosas que hacer y hacía el esfuerzo de adaptar mi jornada laboral, al contrario le di las gracias por su flexibilidad y el viernes, acudí a la tutoría.

Me recibió con condescendencia y me volvió a echar la charla por tener que recibirme un viernes. Un gran despliegue de inteligencia emocional y saber estar por su parte. Acto seguido sacó la nota que le había mandado y se dedicó a echarme otra charla por atreverme a cuestionar su trabajo (cosa que no hice, yo sólo expresé mi preocupación por mi hijo).

Así que nada, acudí a una tutoría ilusa de mí, creyendo que hablaríamos del niño, y hablamos de que le sienta muy mal mi actitud y cuando pasamos a la parte del niño, con otro despliegue de absoluta falta de inteligencia emocional ni tacto, me dijo que teníamos al niño en una burbuja. Y me dijo que se estaba portando fatal y que se lo decían hasta las otras profesoras. ¿Cuándo pensaba informarme? Llevamos un mes de colegio, el niño tiene un problema de comportamiento dentro del colegio (en casa no), ¿y si no llego a pedirle una tutoría no me entero??

A veces sería mejor no saber. Porque las maestras hacen y deshacen a su antojo. El colegio es un hermetismo total. No te dicen lo que han hecho en clase, no te informan sobre el día a día de tu hijo, tienes que confiar al 100% en ellas y en su criterio. Que claro, difiere del tuyo, ellas son defensoras de un método y no miran los niños, sólo recitan lo que tienen aprendido “los niños se adaptan enseguida, a ellos ni les va ni les viene, tienen que llevarse castigos porque la vida es muy dura, etc. ” Cosas con las que como madre no estoy de acuerdo.

Pero repito, me da igual lo que hagan en el colegio, porque sé que también hacen muchas cosas positivas y el niño va y vuelve contento, y la tutora de mi hijo es maestra por vocación y se vuelca con los niños, yo en eso no la cuestiono.

Pero lo que me sienta muy mal, es que si estoy preocupada por algo, si pienso que no están enfocando bien un problema, porque conozco a mi hijo, que le quiten la importancia a mis argumentos y me digan que le sobre protejo y encima me echen la charla por meterme en “su trabajo”.

Lo que pasa es que al niño no le gusta dibujar, nunca le ha llamado la atención. En casa tenemos dos cajas grandes llenas de lápices, rotuladores, acuarelas, témperas, ceras y tizas, tenemos cartulinas hasta de colores y montones de papeles blancos, pero o me pide que dibuje yo y él me mira o sólo hace garabatos.

Y luego, es un niño que en algunos aspectos, es fuera de lo normal, tiene una memoria prodigiosa, gran capacidad de concentración, enorme don del habla. Así que tal vez debido a que va “super rápido” en algunas cosas, se frustra cuando algo no se le da bien.

En el caso del dibujo, de verdad es que no sé si tiene un bloqueo porque no es capaz de colorear sin salirse de los límites ni lleva bien el trazo y por eso no quiere hacerlo o si es que tiene alguna aversión profunda hacia la pintura; pero lo que está claro es que tiene un problema en clase, porque es el último en empezar y el último en terminar los famosos trabajos de fichas que hay que colorear o dibujar.  Como entiendo que en clase le presionan para que lo haga, el niño lo pasa mal. Y dirán los expertos: “No pasa nada porque sufra. Tiene que aprender a gestionar la frustración.”

Ya, pero si a continuación me dicen que lleva un inicio de curso muy revoltoso, que se porta fatal en el patio, que no hace caso, cuando en casa no hay ningún problema de comportamiento, tal vez  esa gestión de la frustración no está resultando muy provechosa que digamos. Y mi humilde opinión es, ¿no sería posible, en lugar de empeñarse en meter la horma que no es al zapato que no es, buscar la horma adecuada?

Por ejemplo, animándole con paciencia que no pasa nada si hace los dibujos “mal” o si no termina “a tiempo”. Yo en casa lo pienso hacer. Es la única forma que se me ocurre para contra restar el estropicio que pienso que están haciendo en el cole.

Me da la sensación de que las maestras piensan, que si un niño no le gusta hacer algo, eso está mal y se empeñan en que lo tiene que hacer igual que el resto. Me da la sensación de que sólo les salta la alarma porque no obtienen los resultados esperados, homogéneos y previstos; y nunca se prestan a cuestionarse el problema desde el otro lado: nunca se ponen a  averiguar cómo podrían hacer para que al niño le gustase.

Es decir, “no me gusta” no es un motivo suficiente, de hecho no es ningún motivo. Es que preocuparse de que algo te gusta o no, es sobre proteger, es querer tener al niño en una burbuja. Claro.

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