La verdadera felicidad

Llevamos una temporada muy intensa. Aprovechando estos días estupendos de sol, pasamos largas tardes con amiguitos en el parque, hacemos muchos planes los fines de semana y yo me he auto impuesto un proyecto de limpieza a fondo en casa sumado a la ronda de la limpieza semanal habitual (baño, cocina, polvo, suelos). Ya llevo 3 fines de semana con el tema, porque obviamente tengo que ir poco a poco. Un fin de semana, limpié parte de las ventanas y lavé las cortinas, otro fin de semana, descorrí el sofá y aspiré toda la porquería que había debajo y llené la casa de aroma a Pronto jabonoso al limpiar todas las puertas de madera. A ratos voy limpiando las paredes de la cocina: un día una, otro día otra… pero la lista de cosas que quiero hacer es muy larga todavía: limpiar los armarios de la cocina por dentro, ordenar la despensa, ordenar los armarios, lavar las ventanas que faltan…  y finalmente, ordenar las cosas de bebé, toda la ropita de mi hijo de 0 meses hasta hoy, el carrito, mi ropa de embarazada… y hacer algo con ello.

Porque la decisión de no tener más hijos está tomada. Se tomó por sí misma y aún hoy me cuesta aceptarlo, porque quisiera, quisiera tener otro, quisiera “ir a por la niña” para poder peinarle el cabello brillante y sedoso y adornarle la coleta con un lazo, o ir a por los mellizos que tenemos en la familia y que siempre pensé que tendría (sí, estoy loca, pero me hubiera encantado)… Pero no va a poder ser.

Lo que me apetece menos es volver a pasar un embarazo, volver a recuperarme de un parto y volver a pasar los primeros meses, volver a separarme de un bebé para ir a trabajar.

Lo que me da miedo, la única parte que de verdad me frena ante la idea de tener más y la que hace que estoy conforme con la decisión, es ¿cómo me dividiría para atender a dos en las escasas tres o cuatro horas que estaríamos juntos cada día laboral?

Acabo de leer esta cita que no podría venirme mejor:

“Tendemos a olvidar que la verdadera felicidad no estriba en alcanzar algo que no tenemos. Al contrario, la felicidad consiste en redescubrir y tomar consciencia de lo que sí tenemos.”

Así que, esto es lo que tengo y lo que me llena de felicidad:

Ayer por la tarde, habíamos vuelto a casa después de una tarde en el Museo de la Ciencia y el pequeño quería seguir jugando a “wipeout”. Es un concurso televisivo que consiste en superar una carrera de obstáculos y sufrir muchos “batacazos” y muchas caídas al agua. El peque lo veía en la tele en casa de la abuela en verano y ahora nos lo pide para verlo en youtube.

Después juega a wipeout a todas horas– en los parques, cada columpio es un obstáculo, en el museo, cada vitrina era una prueba… y en casa, juega a preparar las carreras con los juguetes más variados – si veis en mi casa un montón formado por un coche grúa, una cuchara de plástico, un trozo de cuerda y un botecito vacío y una pajita curvada, ¡por Dios no lo recojáis!! Es muy posiblemente un obstáculo de wipeout. Dichos “bodegones de trastos” están repartidos por todas las superficies en altura – encima del mueble de la tele, de las mesas, de los armarios bajos… y la pista definitiva de que se trata de “wipeout” es un solitario Playmóvil caído en el suelo cerca – se trata del concursante que “perdió la ronda”.

Por las noches, ahora leemos dos tipos de cuentos. O le leo en checo, dos libros: uno sobre la Navidad que cuenta la historia de tres hermanos que viven los dos últimos días antes de la Navidad, y describe todas las costumbres típicas checas de la Navidad… esta parte me llena de nostalgia y curiosamente al peque también le gusta y luego describe dos aventuras – los tres hermanos averiguan cómo se forman los copos de nieve (nada de ciencia, son unos duendecillos que los hacen a mano y por eso cada copo de nieve es único) y cómo se preparan los regalos de Navidad para todos los niños… O leemos un libro de historias sobre “vodnici” – unos seres mitológicos checos que viven en el agua.

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El otro tipo de cuento que leemos para ir a dormir es un “Atlas del cuerpo humano” de adultos, con muchas ilustraciones, eso sí. Lo que más le gusta es la introducción sobre “de qué está formada la materia viva”, dónde te lo explican paso a paso desde los átomos (por fin he refrescado mis conocimientos sobre los protones, neutrones y electrones), las moléculas, las células, los tejidos, los órganos, los sistemas y finalmente, el organismo.

Después leemos “partes anatómicas externas” de la mujer y del hombre, y cuando por ejemplo le leo sobre “extremidades inferiores y superiores totalmente articuladas”, le cojo el brazo y muevo en círculo la muñeca, luego el codo, luego el hombro y le explico que eso es “extremidad superior totalmente articulada” y él se parte de risa; y por último, le tengo que leer todas las partes de una célula. Empezamos con el núcleo y la membrana nuclear, seguimos por el ribosoma, el lisosoma, el aparato de Golghi  y cuando vamos por el retículo endoplasmático liso, suele quedarse dormido. ¡Dónde quedan los tres cerditos o los siete cabritillos!

Y la mejor parte de todo, ¡cómo se nota la ausencia de la siesta! A las diez, diez y cuarto, el peque está dormido. Toco madera… porque irme a la cama acto seguido y dormir lo suficiente es… indescriptible. Es lo más. Es el paraíso. Eso sí es para sentirme agradecida, afortunada y… feliz.

 

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