El aumento de peso en el embarazo

Muy bien, allá voy. Hoy toca un tema espinoso para muchas y que no deja indiferente a nadie.

Hoy os voy a hablar de la recuperación postparto de tu peso de antes del embarazo o séase de la eterna lucha con los kilos de más.

En realidad, la recuperación postparto, tras la correcta cicatrización de todas las heridas (sobre todo en caso de la cesárea), debería incluir ejercicios del suelo pélvico, tonificación de todo el cuerpo y en especial, de las abdominales… y la mujer no debería preocuparse de los kilos de más porque los pocos kilos que se supone que haya cogido durante el embarazo se habrían transformado en leche materna de forma natural. Así que sólo habría que engordar lo justo en el embarazo y tras dar a luz llevar una vida sana (comer con moderación, comer de todo y no saltarse ninguna comida, hacer un ejercicio moderado, dormir bien, etc.), esperar y en un año, más o menos, su cuerpo volvería a ser el mismo.

La realidad no es así.

En primer lugar, está el aumento de peso durante el embarazo, que como os voy a explicar debajo, puede ser irrefrenable sin que esa sea vuestra intención  (culpa tal vez, que al fin y al cabo eres tú la que te llevas la comida a la boca, pero a veces no es nada fácil discernir qué es lo que te mueve a hacerlo). Así que tras el nacimiento de vuestro tesoro os podéis quedar con un número de 2 cifras de kilos extra que no se van a ir solitos.

En segundo lugar, está la lactancia materna, que no todas la consiguen y de las que la consiguen, no a todas las hace adelgazar.

En tercer lugar, no todos tienen un estilo de vida “saludable” como hábito así que no basta con volver a la rutina de antes del embarazo porque si no existía una rutina saludable, no puedes esperar resultados saludables. Aquí lo bueno es que a muchas el embarazo les hace replantearse su estilo de vida y por lo menos durante los 9 meses que dura, se cuidan un poquito más (y yo digo, si eres capaz de cuidarte durante esos 9 meses, ¿por qué no sigues luego?).

Y en cuarto lugar, si te tienes que reincorporar al trabajo a  los 4-6 meses, no dispones de 1 año para que tu cuerpo vuelva en sí de forma natural. Necesitas que tu ropa te valga antes, porque pocas pueden permitirse el lujo de renovar el fondo de armario.

Hoy en día lo moderno es decir “en el embarazo no hay que comer por dos, sino el doble de bien”. Hoy en día, lo moderno es vigilar de cerca el aumento de peso durante el embarazo y alabar a la mujer si va según lo establecido – unos 9-12 kilos en total en todo el embarazo; o recriminarla si “se pasa”.

Y yo soy la primera que subrayo la importancia de coger el peso justo, aparte de por salud por otras cuestiones prácticas, de las cuales la más acuciante cuando hayáis dado a luz va a ser la de ¿¡y ahora qué hago yo con todos esos kilos de más?!

Yo engordé 22 kilos (tal vez alguno más, al final dejé de pesarme) en el embarazo así que sé de lo que hablo.

Además de que os pondrán la cara colorada en cada revisión cuando los números de la báscula no paran de subir, es un verdadero desafío encontrar ropa y sobre todo, ropa interior (sujetadores de embarazo) hecha para cuerpos grandes. La mayoría de la ropa de embarazada está pensada para mujeres con tripita, pero el resto de sus cuerpos, sobre todo el pecho, normalitos. Pues en el embarazo crecen los pechos también. Yo uso una copa D de normal, así que no es de extrañar que en el embarazo, muy a mi pesar, mis pechos crecieron hasta una F muy estirada (me habría venido bien la siguiente talla, pero no la encontré, o mejor dicho cuando pagué 60 € por el sujetador de embarazo de copa F y a los dos meses, necesitaba otra vez uno nuevo, opté por quedarme con la F estirada que gastarme otros 60 € para qué… otros dos meses, cuando de todas formas luego iba a tener que gastarme otros 50-60 € en uno de lactancia del tamaño que no quería mejor ni pensar cuál sería). Por supuesto, tuve que ir a buscar el sujetador en una tienda especializada en ropa interior de tallas grandes. En cuanto a la ropa, sí me la compré en las cadenas de marcas de ropa habituales (de sus líneas para embarazadas), pero las partes de arriba no me encajaban nunca.

Antes del embarazo, unos años atrás, me habían diagnosticado hipotiroidismo y a raíz de la medicación correcta, empecé a adelgazar de forma natural. Además antes de ser mamá iba al gimnasio con regularidad y tras unos años algo turbulentos cuando entraba a trabajar a las 4:30 de la madrugada en un sitio y salía de trabajar a las 00:30 en otro (sí, a veces dormía 2 horas entre un trabajo y otro y sí, a veces trabajaba 17 horas seguidas empalmando un trabajo con otro…), volví a trabajar en horarios “normales” aunque en dos sitios, pero cuidaba de que durmiera lo suficiente, así que no me costaba mantener una talla 42-44 (con 1,76 de estatura no lo considero talla grande).

Me sentía bien, sabía cuidarme (soy dietista de formación) y me visualizaba siendo una embarazada ejemplar, como Demi Moore en aquella mítica portada de aquella revista allá en los años 90.

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Pero mi cuerpo actuó de otra manera y en el embarazo me convertí en un imán para los kilos de más.

Todos los libros sobre el embarazo que leí, hablaban de que en el primer trimestre, a la mujer apenas se le nota nada, en el segundo trimestre, coge unos 3-4 kilos y el aumento más espectacular del peso se produce al final del embarazo, otros 5-6 kilos. Yo cumplí sólo con la última parte y cogí esos 5-6 kilos en el tercer trimestre, pero en mi caso se sumaron a los 15 que ya llevaba encima, fruto de los 6 primeros meses.

Curiosamente cuando me remitieron al endocrino para el control del tiroides directamente por ellos, la doctora no comentó mi aumento de peso. Tímidamente abordé  el tema y le dije:

“Yo… por más que lo intento no consigo parar los kilos,” me miró fríamente y me dijo con sarcasmo:

“Si lo intentaras de verdad no tendrías ese problema, ¿no?”

Y puesto que soy demasiado bien educada para haberle contestado como se merecía, allí se acabó la conversación y me quedé sola con “el problema”.

Empecé a engordar desde que supe que estaba embarazada y lo supe enseguida, porque uno, habíamos ido a por el niño a sabiendas, así que estaba pendiente de si me bajaba la regla o no; y dos, mi cuerpo evidenció, con la sensibilidad de un seísmografo, todos los cambios que leí que pudieran aparecer con el inicio del embarazo – pezones oscurecidos y agrandados, pechos hinchados, pequeños pinchazos en la tripa… A la vista de todos esos síntomas, me hice el test a la medianoche del día que se suponía que me iba a bajar la regla, y el test dio positivo, para gran alegría nuestra, pero también una sensación de incredulidad porque me había quedado embarazada “a la primera”.

Y esa fue la única y última vez que mi cuerpo parecía colaborar con una facilidad pasmosa.

Esta era yo con la alegría del dulce secreto dibujada en la cara:

Como ya escribí en el post del embarazo y de la guarde, en el embarazo me dio ansiedad, sufrí muchas náuseas, en el primer trimestre el cansancio era aplastante.

Me tuvieron que subir la dosis del tiroides hasta 4 ó 5 veces y no sé si sería por eso, pero empecé a engordar desde el momento cero. También dicen que con el embarazo el metabolismo cambia.  Total que yo llevaba 10 kilos de más al terminar el primer trimestre.

Antes del embarazo, me solía cuidar de forma natural, porque me salía así, porque me gustaba comer ligero y hacer ejercicio, y de repente estando embarazada a mi cuerpo le apetecían cosas saladas como sándwich mixto o croquetas, cosas con fundamento como bocadillo de tortilla de patata o filete empanado con puré de patatas y no me apetecía nada moverme. Así que, preocupada por no interferir con el crecimiento del bebé, decidí escuchar a mi cuerpo y darle lo que me pedía, que era más  comida y mucho reposo, aunque no me gustaran nada los resultados en mis curvas.

Esta era yo con 27 semanas de embarazo:

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Tengo un final feliz, tras el parto mi cuerpo volvió a pedirme ensaladas, verdurita y cosas a la plancha y volvía a tener energía para moverme  y así perdí todo lo que había engordado más unos dos kilos de premio… a los 9 meses de tener el niño, me quedé muy bien.

Así:

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La verdad es que no soy amiga de las dietas. Cuando perdí todo el peso después del embarazo (unos 9 kilos se quedaron “en el hospital” así que en realidad tuve que adelgazar unos 13 kilos…)  lo hice a base de comer de todo pero sano, con cierta moderación e intentando moverme – salía a andar, usaba escaleras, hacía algo de ejercicio en casa….

Esa misma fórmula, cuatro años después, no parece funcionar. La falta crónica de sueño se ha cobrado su precio a base de galletas, chocolate y azúcar que me mantienen en marcha todo el día, pero van creando un efecto michelín en mi cintura que no me entusiasma (como diría mi niño, “eso a mí no me encanta”).

Casi cuatro años después de haber perdido los kilos de más del embarazo como “por arte de magia”, vuelvo a luchar contra unos 4-5 kilos de más que me “amargan” la existencia, aunque por supuesto hay cosas mucho más importantes y graves, pero… como dice este chiste:

Un día, Dios se aparece delante de una mujer y le dice que le cumplirá cualquier deseo. La mujer no se lo piensa dos veces y pide: “¡Quiero tener los muslos delgados!” Dios contesta: “¿Cómo? Te doy la oportunidad de pedir la paz mundial, la cura contra el cáncer… cualquier cosa que pudiera beneficiar a toda la Humanidad y tú ¿sólo pides esto para ti?” La mujer reflexiona un instante y corrige su deseo: “Vale pues pido que todo el mundo tenga los muslos delgados.”

En fin, el tema del peso es un eterno dilema para la mujer occidental y yo no soy la excepción.

No me gustaría convertir el blog en un dictamen de cómo hacer esto o aquello, y por eso no quiero explayarme sobre cómo he decidido cuidarme para perder esos dichosos 4-5 kilos (aunque los tiros van por cambios en la dieta y la vuelta al gimnasio y si funcionan, prometo compartir mis trucos en un futuro post al respecto); sólo quería compartir mi experiencia, por si a alguien le sirve, como siempre desahogarme y también un poco hacer la siguiente Declaración de Intenciones (que dicen que anunciar tu propósito ayuda a mantener el compromiso):

“Yo, Madre Agotada, he decidido plantarle la cara al cansancio y los consiguientes kilos de más, y con la ayuda de paciencia y amor propio, conseguir una versión un poquito mejor de mí misma. Básicamente me gustaría que mis vaqueros de siempre dejaran de apretarme en la cintura y poder lucir mis vestidos entallados sin miedo otra vez.”

Tengo una ventaja muy grande: para mi niño, yo ya soy la más guapa, con kilos de más y ojeras. Así que si esto es bueno, lo que me espera será legen – espera – ¡dario!

Un comentario sobre “El aumento de peso en el embarazo

  1. Ay si los que me sobraran a mi fueran solo 4 kg!!! Pero si, coincido contigo en que esta caótica vida de madre y trabajadora no colabora en que nos cuidemos como merecemos, espero no tener que esperar a que lleguen a la universidad para volver al gimnasio, pero por ahora como solemos decir “es lo que hay”. Buena entrada madre agotada!! Saludos de otra colega al menos igual de agotada.

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