Sobreprotección

Un tema espinoso.

Dicen que sobreproteger a los niños es malo. Dicen que es generar conductas más infantiles de las que le corresponden al niño por su edad, por ejemplo haciendo las cosas por el niño. Es pretender que los hijos no sufran por ningún motivo y pretender hacerles la vida más fácil, evitando toda clase de peligros, reales o imaginarios. Es querer evitar situaciones de estrés o enfrentamiento y no ser capaz de ponerse firmes frente al hijo.  Y dicen que de esta manera se permite que los niños y luego los adolescentes hagan lo que quieran.

Bueno.

“Conductas más infantiles de lo que le corresponde al niño por su edad” es un término  algo amplio. Recordemos que la madurez de cada niño es algo individual, no todos dominan las mismas cosas al mismo tiempo y no a todos se les tengan que dar bien las mismas cosas. Y me permito puntualizar que, al margen de pautas de desarrollo establecidas por pediatras y psicólogos, hay un poquito de tendencia de esta sociedad occidental de hoy en día, con los papás trabajando todo el día y los niños de corta edad metidos en clases de 26 en 26 al cuidado de 1 ó 2 personas, de amoldar al niño a las necesidades que de ello derivan – la profesora no puede estar vistiendo y calzando a 26 niños por ejemplo, así que se exige que lo hagan ellos solos.

Los padres llegan cansados a casa por las tardes y están divididos entre dos sentimientos: por un lado, el cansancio y por otro lado, el remordimiento y sensación de culpa por la separación, unidos a la falta de tiempo, así que compensan a los niños “atendiéndoles” y de paso consiguen ir más rápido y evitan tener que enfadarse con ellos si tardan – les visten y les calzan, usando el mismo ejemplo.

Curiosamente esto sucede aquí en España, pero en la República Checa, como he podido observar recientemente, los niños que suelen estar con sus mamás unos 3-4 años en casa (y si hay hermanos, las mujeres pueden enlazar una maternidad con otra, con la prestación que se inicia de nuevo con cada nuevo retoño y la reserva de puesto que sigue siendo vigente) y sin embargo, estos niños criados “pegados a las faldas de sus mamás” son totalmente autónomos y más independientes que los niños españoles. Y no se les sobreprotege. Andan, corren, trepan y brincan por dónde les da la gana. Ya quisieran los expertos en los efectos nefastos de la sobreprotección tener esos resultados aquí en España.

En el parque, los niños checos juegan solos, los mayores cuidan de los pequeños, están pendientes de sus cosas, se visten y desvisten solos, meriendan y beben agua solos; en el supermercado, ayudan con la compra; en casa, ayudan a cocinar, a poner y quitar la mesa, a servir comida o a traer las bebidas – de una manera natural, automática.

Cuando en la República Checa llega el momento de la escolarización, los niños pasan un examen de madurez y muchos empiezan primero de primaria con 7 años, porque a los 6 no se les haya considerado lo suficientemente maduros. Los colegios empiezan con primero de primaria, “preescolar” no existe, de 3-6 años lo que hay son guarderías (independientes del colegio) y de 0 -3 años es otro tipo de institución, pero que no es muy común. Existir existe, pero hay pocos.

En España la situación es diferente como todos sabemos así que que no me vengan diciendo que los padres “sobreprotegemos” aposta. Hacemos lo que podemos con la conciliación que tenemos.

De todas formas no quería hablar hoy sobre esto (la conciliación), sino sobre el hecho de que la gente confunde “sobreprotección” con otras cosas que no tienen nada que ver.

Si eres por ejemplo una madre algo atenta al bienestar emocional de tu hijo, se te tacha de sobreprotectora alias de querer tener al niño en una burbuja, aunque tu objetivo sea precisamente todo lo contrario – criar un niño autónomo y fuerte, con una sólida base de autoestima y seguridad.

La gente confunde “responder en caso de necesidad” (apego seguro) con “anticipándose a cualquier necesidad o demanda que tenga el niño” (considerado sobreprotección). Allá cada cual con su propio límite de hasta dónde está dispuesto a mimar a sus hijos y cuánto está dispuesto a “sacrificarse” por ellos. Hoy en día, impera la ley del mínimo esfuerzo y de la inmediatez (quiero algo, lo tengo) pero la crianza no entiende de estas premisas y un niño necesita mucha atención, cariño y tiempo. Quien pretende engañar la ecuación y junta “niño + mínimo esfuerzo de mi parte” nunca obtendrá como resultado una maternidad satisfactoria. El niño reclamará la falta de atención por un lado u otro o no tendrás ese vínculo que hace de la maternidad ese algo tan especial, pero por lo menos nadie te echará en cara que le sobreproteges. (Por otro lado está claro que hay que hacer balanza entre el límite de fuerzas mentales y físicas de la mamá y todas las exigencias que le plantea su entorno, ya que además de mamá es esposa, trabajadora, ama de casa, mujer presumida, hija, hermana, amiga… y muchas cosas más.)

Pongamos otro ejemplo. No es lo mismo hacer un enorme esfuerzo de autocontrol (y crecimiento personal) para no chillar a tu hijo a la más mínima. No es lo mismo no emplear a consciencia la fuerza bruta y no ser autoritaria, ni imponerme “porque sí”, porque a lo mejor valoro más un canal de comunicación bidireccional. No es lo mismo que carecer de autoridad y no significa que no sepa “ponerme firme frente a mi hijo”.
Si considero que los gritos y amenazas no son aptos para un niño, evidentemente estoy “evitando situaciones de estrés y enfrentamiento”, pero ¿acaso eso no es positivo? En la sociedad adulta, si no estás de acuerdo con tu jefe o con un compañero de trabajo, ¿qué crees que es más correcto,  solucionarlo “con situaciones de estrés y enfrentamientos” o  solucionarlo de alguna manera asertiva?
Pienso que si crías a tu hijo con respeto y hablas las cosas con él, le estás proporcionando herramientas para que el día de mañana no se quede sin recursos porque el único comportamiento que te haya visto es de gritar e imponerte y así puedan darse dos cosas: o que por su carácter te imitará y será considerado un “cabeza caliente” o bruto y nadie le hará caso realmente o que por su carácter le dará vergüenza actuar como te había visto a tí, pero sin tener ningún otro modelo que le valga, se quedará muerto de miedo y reprimido frente a los conflictos.
Y por último, dicen que sobreproteger es permitir que los niños y luego los adolescentes hagan lo que quieran.
Yo no creo que una forma de criar a niños y adolescentes colaboradores, solidarios, respetuosos, empáticos y responsables, sea imponiendo una obediencia ciega desde pequeños. Y además para mí vale más todo lo antes enumerado que la obediencia ciega.

Respecto a lo de hacer a veces lo que quiera uno, ¿nadie hace a veces “lo que quiera”?  Ya oigo la respuesta: “Ya, pero yo soy un adulto, no un niño.”
¿Y qué diferencia hay?
Un niño es un adulto en ciernes, es una persona humana como cualquier hombre hecho y derecho.

Alcanzar la mayoría de la edad además no te hace libre. Aunque ya no tengamos a unos padres o educadores controlándonos continuamente, hemos de respetar las leyes, las normas no escritas de buenas maneras – no puedo ir por la calle desnuda, aunque algunas tribus del Planeta lo hagan, en la sociedad occidental estaría mal visto – y hemos de respetar, nos guste o no a veces, a nuestros superiores. Hemos de saber “comportarnos” con educación (amabilidad, buenos modales, asertividad, empatía…) para con nuestro entorno… ¿realmente es así?

Parking del Ikea, un sábado en plena hora punta (media mañana o media tarde) pongamos a dos coches que hayan visto la misma plaza de aparcar a la vez… y os aseguro que veremos de todo menos amabilidad, buenos modales, asertividad y empatía. Así que no sé porqué los adultos tendríamos que tener nada de privilegios morales frente a los niños, porque hay veces que nos comportamos como verdaderos idiotas.

Pero aún así, en muchas corrientes de la crianza se tiende a demonizar al niño y se le atribuyen rasgos como terquedad, desobediencia, ser manipulador, tener mala intención, no tener ningún criterio, ser irresponsable y torpe… como si los niños fueran unos enemigos a los que haya que domar y dominar y encima, gilipollas.

Sinceramente, yo no lo veo así.
De allí que la única forma de sobreprotección que reconozco es necesaria, es proteger a cualquier  precio y con todas nuestras fuerzas a los niños de la crueldad con la que la sociedad hoy en día los trata a veces.
Y es que, me llega al alma esta frase:
No existe un niño difícil. Lo difícil es ser un niño en este mundo de gente cansada, ocupada, sin paciencia y con prisa.

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