Pensamientos

Hoy os traigo un trozo de mi diario personal. Es que ayer por la tarde viví mi momento de gloria cuando una mamá de un amiguito de mi hijo, mientras compartíamos la tarde en la piscina, me estuvo diciendo que le gustaba mucho mi blog. Y me preguntó: “¿Y escribes diarios?”
Pues sí. Desde siempre. Primero acumulaba cuadernos, pero hace unos años me abrí una cuenta de gmail sólo para enviarme entradas del diario. Y me dio por releer algunas.
Esto lo escribí el 25 de Marzo del 2013:
Aquí estoy yo. 
Con la necesidad de plasmar, de vomitar, esa maraña de pensamientos que me invade. Tengo una necesidad de recoger mis ideas, y una necesidad casi física de escribir. 
Me siento desbordada por tener que compaginar un trabajo a jornada completa con el cuidado de un bebé y llevar la casa sin ayuda alguna, aunque ya he recuperado gran parte de la “normalidad” (los primeros meses fueron horribles, no tenía tiempo para nada), aún así voy a matacaballo y los días pasan volando. Siempre hay algo que hacer, algo en lo que ocupar cuerpo y mente y no tengo tiempo para relajarme y desconectar.
Hasta que el otro día me quedé sentada simplemente en el silencio de la noche, cuando el niño se acababa de dormir y no me puse ni a lavar platos, ni a planchar, ni a recoger arenas de gatos, ni a hacer ejercicio, ni a leer, ni a ver la tele… simplemente me apetecía sentarme y pensar un poco.
“Quién soy?” “Qué hago aquí?” o simplemente saborear la sensación de “aquí estoy”.
Es curioso como no ha cambiado nada (desbordada o agotada, qué más da) y sin embargo, ha cambiado mucho…
Ya no cuido un bebé de 14 meses, ya es un muchachito cada vez más independiente de 4 años y medio…
Que ayer se puso a flotar buceando por sí solo. Y lo mejor de todo, fue espontáneo y ver su cara de felicidad y sorpresa (“¡yo puedo!”) cuando emergió del agua no tenía precio.
Ya no trabajo a jornada completa, sino que me he reducido la jornada (en 1/8 parte pero algo es algo) y eso me ha aportado mucho equilibrio, para mí ha puesto las cosas en su sitio: la mamá con el niño, en el parque a las 16:30 de la tarde.
Aún así, me resulta difícil encontrar tiempo para mí. Ir al gimnasio, dormir lo suficiente, hacer ejercicio en casa con regularidad, siguen siendo imposibles. Así que el único refugio seguro que tengo es mi imaginación.
Tu mente es tu templo, dónde puedes hacer lo que quieras, ya que eres como tu propia diosa y sólo tú diseñas tus sueños. Pero también hay otras cosas. Hay Alegría y Tristeza, Miedo, Asco e Ira (eso no me lo he inventado yo, eso dicen los de Pixar… pero creo que tienen razón.) Hay pensamientos escurridizos como peces, otros fútiles como mariposas, otros son densos y pegajosos como el calor húmedo. Hay pensamientos amorfos, inciertos, dubitativos… que se desvanecen como volutas de humo pero vuelven a aparecer acto seguido y molestan porque no hay por dónde agarrarlos… Y pensamientos persistentes que se enroscan como zarzas que te quieren enredar.
Por eso quedarse quieta y dejar volar los pensamientos de vez en cuando es tan refrescante, porque es como abrir las puertas de ese templo de par en par y dejar que corra el aire.
O puedes escribir un diario o un blog y volcar en él lo que quieras. Si tu cabeza hierve como una olla exprés, tampoco te queda otra opción.

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