Sobre otras mamás blogueras

Últimamente me he asomado a la blogosfera a ver qué se cuentan las demás madres blogueras y me ha llamado la atención un blog de una, pero es en checo así que no os voy a poder poner el enlace. Escribe sobre sus hijos y me gusta cómo escribe, porque es breve, concisa (nada que ver conmigo y mis tres páginas habituales…), tiene un magnífico y afilado humor negro y todos sus post destilan un enorme amor por sus hijos, pero…

Pero, la estaba leyendo y me he dado cuenta de que practica una maternidad absolutamente diferente de la mía. Y no le quito razón, simplemente me ha llamado la atención el ver cómo cada uno vive y entiende la maternidad de otra forma opuesta, convencido de que está haciendo lo mejor. Ella es mucho más desapegada que yo y lo justifica así:

“Mis hijos desde que nacieron los vi como entes independientes, que formarían parte de mi vida temporalmente, pero habían nacido para vivir la suya y perseguir su propio destino.”

Mi reacción: En eso estoy de acuerdo, pero será así desde que serán mayores de edad, ¿no? Hasta entonces habrá que cuidarles, quererles, mimarles… ¿no? Yo por ejemplo tengo claro que mi hijo ha nacido para vivir su propia vida, pero sé que ese momento llegará cuando esté listo para salir del nido volando. Y no puedo evitar desear que cuando eso suceda, tenga las alas lo más fuertes posible y pienso que con mis cuidados de alguna manera puedo contribuir a ello, que mi amor le hará crecer sobre una base sólida de sentirse querido y arropado en su primera infancia y pienso que eso es importante y que eso hará que sus alas vitales sean más fuertes. Igual estoy equivocada y es simplemente un cordón umbilical figurativo, invisible pero no menos fuerte, que nos tiene  ahogados a los dos… ¿O igual es ella la que no tiene tanto vínculo con sus hijos?

Trabajo desde que mi hijo tenía seis meses y le echo de menos a cada momento, sin embargo ella que podría estar en casa los tres o cuatro años habituales de baja en la República Checa, se ha reincorporado al trabajo voluntariamente cuando sus niños tenían 2 años y 9 meses, respectivamente,  algo totalmente a contracorriente en la República Checa. Ella lo comenta así: “Los hijos son lo mejor, son como tomar un delicioso bocado de chocolate, pero si comes chocolate día y noche varios años seguidos, hasta el mejor chocolate te deja harta.”

A lo mejor porque yo nunca tuve oportunidad de “hartarme” de estar con mi hijo, siempre estoy deseando que llegue el viernes para poder estar dos días enteros con él. Y las vacaciones no son la mejor parte del año por los viajes que nos podamos pegar… lo son simplemente porque estamos juntos todo el día, sin horarios y sin prisas.

En otro post que ella formula como una carta abierta a sus hijos, les explica que no esperen de ella que haga los deberes con/por ellos ni que les prepare pasteles ni  meriendas o desayunos especiales, porque ella pasa. Como diciendo “hay otras cosas importantes y en cualquier caso, no soy vuestra sirvienta.”

Su frase me atrae y me produce rechazo a partes iguales. Por un lado, me tienta con su simplicidad y la genialidad de su actitud (“no soy tu sirvienta”), por otro, mi Yo maternal apegado y detallista, se resiste a aceptarlo.

En lo de hacer los deberes no puedo opinar, porque todavía no hemos llegado a ello, aunque estoy ya germinando cierta base rebelde, porque me parece estupendo que los niños se responsabilicen de sus cosas, pero también me parece necesario y útil que corran libremente por el parque todas las tardes, así que lo de los deberes… ya veremos.

Pero en lo que sí tengo mi opinión es respecto a las meriendas creativas. En mi caso no es por vagueza o comodidad, es que estoy al cien por cien en contra de jugar con la comida y yo tampoco crearé ni divertidos animalitos ni flores o mariposas con frutas y verduras – no lo he hecho hasta el momento ni pienso hacerlo, porque en mi opinión la comida sirve para satisfacer una necesidad – para calmar el hambre.

A los que hagan estas creaciones con las frutas y verduras para hacerlas más apetecibles a sus hijos, que en Internet hay imágenes de sobra, no les condeno en absoluto, simplemente sucede que soy incapaz de hacerlo porque me parece… pecaminoso.  Yo soy más de Arguiñano, recetas sencillas con buena materia prima y platos de toda la vida, y las creaciones de Adriá me dejan con una sensación incómoda de despilfarro y soberbia. Debo carecer de algún chip de sofisticación necesario para poder apreciar estas finuras de arte culinario.

Si me paro a pensar en mi comida de hoy – atún comido directamente de la lata, acompañado de un pan integral de molde a bocados y rabanitos a mordiscos… pues va a ser que sí que me conformo con poco. Pero ha sido un poco por falta de tiempo. Si pudiera, claro que preferiría un crujiente pan integral recién horneado, cortado por la mitad y relleno con finas láminas de fresquísimos rabanitos, con un  toque de sal,  pimienta y aceite de oliva virgen extra y láminas de atún del bueno (de tarro  de cristal)…  Así que no soy un caso perdido al fin y al cabo.

Volvamos a la otra madre bloguera – opuesta a mí y sin embargo, con cuyas ideas no dejo de simpatizar….

En otro post, ella explica que en el parque se esconde para que las demás madres no acudan a ella si hay algún problema con sus hijos, si por ejemplo estos no quieren ceder el turno o dejarle el paso a alguien, o no quieren compartir los juguetes. Según ella, los niños han de saber desarrollar su propia capacidad de resolver los conflictos y que saben hacerlo más que satisfactoriamente.

Por un lado, me parece que es dejar que impere la ley del más fuerte y que “satisfactoriamente” en su caso será que sus hijos deben ser simplemente lo suficientemente espabilados para salirse con la suya a costa de los demás, porque si los suyos no supieran defenderse, saldrían siempre llorando porque otros les avasallarían y eso seguro que no la satisfaría tanto.

Hay niños más extrovertidos o simplemente, más “asalvajados” precisamente porque sus padres no les corrigen ciertas cosas, y hay niños o más miedosos por naturaleza o con muchos miedos en la cabeza, que también está el otro extremo de los padres que están todo el día diciendo a sus hijos: “¡No te subas, que te caes! Déjale pasar, comparte, ven aquí, haz esto, haz lo otro…” Padres que no dan un respiro al pobre crío y anulan su capacidad de decidir por sí mismo.

Así que por otro lado, yo no sé si es que ella no quiere caer en ser de esta clase de padres controladores– que yo tampoco  – así que por eso me siento en parte identificada con su actitud.

La mamá que me ha inspirado para escribir este post ha dado con la siguiente solución: ella se describe agazapada detrás de los setos, observando a sus hijos desde lejos y fingiendo que no son suyos.

La otra mamá bloguera considera que “quitándose de en medio”, está dándoles a sus hijos una valiosa oportunidad de auto-gestionarse.  Pues no le digo que no, pero después de haber visto como se “auto gestionaban” los niños hoy por la tarde en el parque, porque querían todos el mismo camión de juguete (al estilo “lucha libre”), prefiero estar cerca para poder intervenir.

Sería una cuestión interesante hacer la prueba un día: dejamos a los niños que hagan lo que quieran. Se me ocurren dos guiones:

A:

Pepito se acerca a Juanita y le arranca un juguete de las manos. Juanita se pone a llorar y luego va y le empuja con todas sus fuerzas a Pepito. Pepito se cae y se hace daño. Se levanta y corre tras Juanita para devolverle el golpe. Luego forcejean por el juguete. Pepito utiliza unos cuantos movimientos que ha visto en los dibujos infantiles cuando luchan los villanos y consigue recuperar el juguete. Juanita yace neutralizada tumbada boca abajo en el suelo y Pepito por fin puede jugar feliz mientras canturrea un tema del Cantajuegos.

B:

Pepito se acerca a Juanita y le pide amablemente que le deje su juguete un momento. Juanita le cede el juguete sin pensárselo dos veces y espera pacientemente a que Pepito termine y se lo devuelva.

Creo que he exagerado en los dos casos, pero por más inverosímil que resulte el final del guión A (con Juanita probablemente muerta), el B es pura utopía, así que… más vale prevenir.

Además, yo no sé qué haría agazapada detrás de unos setos con mi única compañía… después de haber pasado todo el día en la oficina y mi hijo en el colegio. Así que volvemos al tema de hartarse de comer chocolate – y es que yo nunca tengo suficiente de la maravillosa, empalagosa, dulce y sabrosa golosina que es mi hijo para mí.  No me canso de su sabor.

Bueno, un poquitinín de empacho sí que tengo… de vez en cuando.

2 comentarios sobre “Sobre otras mamás blogueras

  1. Hola!, es cierto que hay muchas maneras de educar a los hijos, seguramente tantas como madres se podría decir.

    Yo muchas veces leo blogs de maternidad o crianza de los hijos y pienso, “esta mujer es perfecta, que fotos más bonitas de sus hijos, su casa parece maravillosa también, que manualidades más chulas realizan todos juntos, que recetas de cocina más increíbles, el diseño de blog es genial…” y me da una envidia ser tan torpe para tantas cosas…

    Aunque está claro que aunque no siempre estoy de acuerdo con lo que leo o veo, y creo firmemente que hay que seguir nuestro propio instinto y atender a nuestras circunstancias personales , me gusta tener mucha información y ver diferentes modos de realizar las cosas, aunque sólo sea porque a veces estas opiniones o visiones de la maternidad me inspiran a hacer “mi propia versión” con mis peques.

    Un saludo!.

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    1. ¡Gracias por el comentario! No sé si lo sabes pero ¡eres la primera persona del ciberespacio que me hace uno! Y muy bien escrito por cierto…

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