Sobre la comida

Cuando estaba en el Instituto, tenía una compañera que era la envidia de las demás por su look etéreo. La delgadez estaba de moda ya hace 20 años, cuando yo era adolescente, y todas las chicas de mi clase andábamos preocupadas por el peso, todas menos ella que no tenía nada de qué preocuparse pues su figura era perfecta. Era una especie de Gwyneth Paltrow, esbelta por naturaleza, pechos pequeños pero bien formados, piernas largas, tripa plana… rubia y de ojos intensamente azules.  Encima sacaba buenas notas y nunca se metía en problemas. En el fondo era una empollona y una pija, pero como era tan endemoniadamente y antinaturalmente guapa, todos caíamos rendidos a sus pies.

Recuerdo que una vez nos fuimos de algún viaje, no sé si sería la semana de esquiar en invierno, o la semana de remar y montar en bici que se hacía en primavera – lo que es seguro que no fue la recogida de lúpulo, porque yo no participé (sí, los checos en el Instituto hacemos todas esas cosas. También vamos a un curso entero de bailes de salón sobre los 16 años. ¿Qué pasa?)

El caso es que estábamos charlando todas las chicas y salió el tema del peso y la línea y entonces ella habló y todas pusimos todas las antenas en modo máxima alerta, con mal fingida indiferencia, ansiosas por saber cuál era su secreto, y ella dijo algo así como esto:

“Hay en la vida de la mujer tres momentos, cuando hay que tener cuidado con el peso, pero si te mantienes delgada en esos tres momentos, serás delgada de por vida.”

Y fin. Nunca supe cuáles eran esos tres momentos y me pasé años dándole vueltas. No sé por qué no recuerdo el resto de la conversación. Supongo que ella nos miraría con esa gélida mirada suya y todas asentiríamos murmurando: “Allí está…”, “Ya, es verdad…” y ninguna nos atrevimos a mojarnos y decir: “¿Y cuáles son?”

Durante años creí haber hallado la respuesta y es la siguiente:   Los tres momentos críticos son: 1. la adolescencia, cuando el cuerpo de la niña se convierte en cuerpo de mujer; 2. el embarazo – el eterno espantapájaros en el campo del cuerpo diez; y 3. la tercera no la tenía tan clara pero creo que se refiere a la menopausia, cuando la bajada de hormonas te ralentiza el metabolismo, te vuelves más sedentaria y pierdes masa muscular y todo eso.

Pues ¿sabéis lo que os digo? Si obviamos el hecho de que una persona con cierta tendencia a engordar vive sus momentos críticos cada vez que pasa por el pasillo del chocolate del súper o cada vez que salga a cenar y se pone a leer la carta de los postres, si simplificamos el asunto y nos vamos a estos tres momentos únicos, pues yo digo que hay uno cuarto y muy jodido. Y es cuando le pasas a tu bebé a alimentación sólida.

Todos esos purés que preparas con mimo, todos esos flamantes cuencos y platos llenos hasta el borde de comida triturada, todos esos yogures  empezados, terminan en tu estómago y se convierten en energía extra para tu cuerpo. Si le unes la falta crónica de sueño que intentas combatir con el chocolate y las prisas, cuando te ves cenando leche con galletas mientras pones una lavadora o pegándole mordiscos a un sándwich mixto mientras lavas los platos y/o engullendo unas almendras fritas mientras bañas al niño, allí tenemos no un momento, allí tenemos toda una Era Crítica.

El período de introducción a la alimentación sólida debería ser eso, in-tro-duc-ción.

Pero hay madres que se empeñan en machacar 1 plátano, 1 manzana, 1 pera y zumo de 1 naranja y 2 galletas María (para darle más sabor) y que el pobre bebé se lo trague todo. Como es bastante probable que el bebé no se lo coma, te lo terminas zampando tú porque te da pena tirarlo. No lo vas a guardar porque la fruta se oxida y se pierden las vitaminas y por el mismo motivo no puedes triturar un cuarto de plátano, dos gajos de manzana, dos gajos de pera y dos cucharadas de zumo, porque ¿qué harías con el resto de las piezas de fruta cortada? Aquí o tienes trillizos o es imposible hacer la cantidad de papilla adecuada sin o desperdiciar comida o terminar tú comiéndote los restos.

Mi consejo es: darle al bebé unos trocitos para que chupe y experimente con el sabor y listo. O hacer papillas de un solo sabor. O guardar la fruta o la papilla que sobre cerrada herméticamente en la nevera y olvidarte del mito de las vitaminas. Algunas quedarán.

Y mi consejo en general es: echar menos ración. Porque siempre puedes repetir, ¿no?

En este sentido, puedo decir que mi niño siempre ha comido fenomenal. Se ha comido siempre todo. Todo lo que él quisiera comer. Así, a veces se tomaba dos cucharadas del puré y a veces, diez. Y la comida se terminaba cuando él decía basta. Así, tomaba lo que tenía que tomar. Para mí el mejor indicador. Nunca tuvo problemas de peso.

Sé que hay padres que tienen muchos problemas con la comida de sus retoños. Pues no sé… a no ser que exista alguna patología grave – problemas de deglución, reflujo, alguna alergia alimentaria, problemas de digestión o de absorción… lo normal y lógico es que si el niño tiene hambre, que coma y si no tiene hambre, que no coma, ¿no? ¿No seremos muchas veces nosotros los adultos, los que creamos el problema?

Niños-modelo que se lo zampan todo sin rechistar “haberlos haylos”, pero creo que no son lo habitual.  Pero es un tema delicado, muchos padres aunque personalmente comen fatal, se empeñan en que el niño tenga que ser un robot que se coma lo marcado sí o sí.

¿Cómo calcular la ración, pues? Basta con pararse a pensar un momento y comparar mentalmente el tamaño del plato y el tamaño probable del estómago de tu niño. Pensad que el tamaño del estómago de una persona adulta equivale al tamaño de su puño cerrado, lo que viene a ser más o menos el tamaño de un pomelo. El estómago del recién nacido por lo visto es del tamaño de una avellana. A partir de allí va creciendo según crece el niño hasta alcanzar la edad adulta (de avellana a pomelo en unos 18 años). Así que imaginad qué tamaño tendrá sobre los 2, 3 ó 4 añitos… Y lleno de comida, se podrá extender… ¿Al doble de su tamaño? ¿Al triple? Comparad en volumen dos o tres puños de vuestro niño con el contenido del plato y me apuesto lo que sea que en más de una casa sigue sobrando comida que se haya servido.

Así que resumiendo, yo no tendría tanto miedo a dejar que sea el niño quien diga basta cuando no quiera comer más. Ahora, lo que sí es probable es que os pida comida más a menudo, porque también es verdad que los niños no paran quietos y están en crecimiento. Así que querrán llenar y vaciar ese estomaguillo que tienen muuchas veces al día.

Por lo tanto, yo no tendría tampoco miedo al famoso “picar entre horas”. Si el estómago del niño es más pequeño y sin embargo, sus necesidades energéticas muy altas, pues lógico que necesite comer menos, pero más a menudo. Ahora sí, hay un dicho muy bueno que dice así: “El hambre es el mejor cocinero”. Así que el día que haya verduras o pescado para comer o cenar, procurad que el niño no picotee antes de la comida o cena y seguro que se comerá más que si estuviera medio lleno de gusanitos o de pan.

En resumen, acostumbrarse a las raciones pequeñas tiene sólo ventajas: el niño se lo come todo; y a menos sobras, menos bocados extras para la mami que sino a lo tonto, suman y suman. Y además, estaréis entrenadas para cuando empecéis con Los Bocadillos De La Merienda. Porque allí ya no hablamos de fruta, allí hablamos de nocilla, de chorizo, de paté, de jamón de york y queso… entre pan y pan. Blanco además.

Creo que mi ex compañera en el Instituto nos dijo algo más. En realidad su frase entera empezó así: Dijo: “Si comes normal, tres o cuatro veces al día y no te pasas, comes de todo pero con  moderación y tienes cuidado en esos tres momentos críticos de la vida de la mujer, serás delgada de por vida.”

Pues tengo que reconocerlo. Con sus dieciséis años ella ya era perfecta, sabia y desde luego más madura que el resto de nosotras que nos saltábamos las comidas y luego nos comíamos botes de nocilla a escondidas. Y tenía razón, por supuesto.

Menos ración, ésa es la clave, definitivamente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s