El post nº 18 – por qué escribo este blog

En pleno puente de San Isidro, sola en casa con el peque (al papá le toca trabajar), no sé si conseguiré escribir algo pero allá voy.

¿Por qué escribo este blog? Os preguntaréis ¿por qué tengo la necesidad de desnudarme de esta manera, de exhibirme públicamente, de contar cosas tan íntimas (para algunos)? Pues no sé… sigo guardando algunos – muchos – temas que jamás contaré, o sea que tampoco es que lo cuente todo.  Y si os parece que cuento demasiado, es que es una cosa que viene de serie con el paquete de ser madre: pierdes la vergüenza ajena. Tanto pañal cagado que ha pasado por tus manos hace que te vuelves menos tiquis miquis en general.

Los que no hayáis sido papás no os podéis imaginar lo que es que se junten varias madres. Todo lo que cuento aquí ya lo había comentado previamente con mis amigas-mamás, así que tal vez por eso no tengo problemas para plasmarlo sobre el papel. Y los que sí habéis sido padres, lo sabéis perfectamente – los ratos compartidos en el parque por las tardes después del cole están llenos de conversaciones sobre niños y crianza. Yo la verdad en un grupo prefiero escuchar a los demás. Porque es mucho más fácil observar, escuchar y asentir sonriendo, que intentar conseguir algo de atención entre tantos padres y madres deseosos de desahogarse.  Mi turno me lo concedo aquí.

Además me encanta hablar conmigo misma.

El blog lo creé para desahogarme, para ordenar mis pensamientos, para reflexionar sobre el papel – escribo diarios desde hace años así que tampoco me haya pillado de nuevas. Y desde que lo empecé a publicar, no sé, tengo la sensación de que se me escucha, de que dentro de mí haya brotado una pequeña voz que brilla como una estrella y alegra la oscuridad de mi soledad. ¿Por qué me siento sola? Porque paso la mayor parte de mi tiempo a solas con mi hijo y las conversaciones profundas brillan por su ausencia por motivos obvios. De vez en cuando mi hijo me “sorprende” con preguntas de dimensiones trascendentales como “¿Por qué hay tanta gente en el mundo, mamá?” pero generalmente cuando estás con un niño, si tus neuronas fueran bombillas, puedes oír cómo se van fundiendo una detrás de otro, un “pssss….” detrás de otro.

Así que si escribo para mí es como estar hablando con alguien, y por eso necesito que esto se publique, porque necesito imaginar un interlocutor anónimo, no me valdría escribir para el cajón.

Hay una pequeña parte de arte en todo esto. No es que me crea una maestra de la palabra, pero me gusta jugar con el lenguaje, me gusta intentar plasmar un momento dentro de un párrafo, similar a cuando un pintor intenta atrapar un rayo de luz en sus cuadros. Así que escribir el blog es creativo y por tanto, por lo menos para mí, cuando notas que la inspiración fluye y la creación va tomando un cuerpo y forma, es terapéutico. Es una forma de arte y bueno, si tienes una inclinación o vena artística y te da por expresarlo con palabras, tienes que poner algo íntimo de tí en ello, para que sea auténtico, para que valga.

Como os decía con mis 16 post publicados sentía como si hubiera encontrado una voz, mi voz interior, y esa sensación me llenaba de ilusión.

Entonces fui un día a recoger a mi hijo al colegio y la profesora me hizo una señal y cuando me acerqué, me dijo con cara seria que es que el niño había sido muy revoltoso porque no se quería dormir la siesta y que se había portado muy mal.

Y me sentó muy mal y por eso escribí el post nº 17 que se titulaba “Post políticamente incorrecto sobre el colegio” y lo publiqué el viernes pasado y estuvo colgado durante unas horas hasta que lo tuve que retirar. Porque recibí censura por parte de cierta persona involucrada a la que no le gustó lo que haya escrito.

Lo he quitado pero me sentí como si me mandaran a callar esa voz, esa inesperada fuente de una silenciosa y brillante alegría que me daba ánimos de enfrentarme a cada nuevo día con la ilusión de “a ver qué experimento hoy que pueda aprovechar para el blog”.

Bueno, prefiero tomármelo con humor y pensar que la humanidad aún no está preparada para escuchar lo que yo tenía que decir en aquel post. En opinión de mi censor me había pasado y lo expresó con estas palabras: “¡Si es que parece que el cole del niño es una mazmorra!”

A mí me viene a la mente una escena de la película Inside Out, cuando Alegría, Tristeza y Bimbón van por fin en el tren del pensamiento y Alegría vuelca sin querer dos cajas cuyos contenidos se entremezclan y ella exclama: “¡Oh no, estos Hechos y Opiniones son muy parecidos! ¿Y ahora quién los separa?” y Bimbón replica jovialmente: “No te preocupes, pasa constantemente.”

Pues en mi “post políticamente incorrecto” sobre el colegio he mezclado hechos y opiniones y el post no pretendía ser nada más que tan sólo un grito en la oscuridad motivado por un hecho solitario; y no reflejaba en absoluto la totalidad de los días que mi hijo ha pasado en el colegio ni tampoco mencionaba que salga sonriendo todos los días y que se pase las tardes jugando al cole. Reflejaba el cómo me siento a veces respecto a la escolarización de mi hijo, pero para que alguien no se haga una idea errónea, lo he retirado, porque lo escribí deprisa y presa de una emoción momentánea y puede inducir a dar una imagen parcial sobre el colegio.

Esto sólo por si alguien haya registrado que el post haya estado colgado y se preguntaba por qué lo quitaría.

Y tras aclararlo aquí y re-ordenar mis pensamientos una vez más, me siento de nuevo ilusionada para seguir desgranando mis percepciones sobre la maternidad y – ¡ojo conmigo! – para seguir cosechando en el día a día nuevos momentos para inmortalizar aquí.

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