Popurrí de abril

Tengo varios temas bullendo en mi cabeza, pero esta semana no encuentro el momento necesario para sosegarme, concentrarme y plasmar sobre el papel un solo post en condiciones, sólo me salen trozos… en fin. Estoy como el tiempo de este mes de abril: a ratos sol, a ratos lluvia… así que hoy os ofrezco un popurrí de retazos sueltos.

Retazo nº 1 “Con pitillos y a lo loco”

Creo que desde aquellos remotos y gloriosos años en los albores de la humanidad, cuando el ideal de la belleza femenina eran mujeres-madres con curvas más que generosas, como nos muestran aquellas estatuillas de “venus” de pechos y caderas monstruosamente protuberantes, símbolos rotundos de la fecundidad; las mujeres -madres hemos ido perdiendo terreno hasta quedarnos con el imposible ideal de la belleza hoy en día: el de la delgadez extrema.

Nunca en la historia de la moda los atuendos eran tan incompatibles con un cuerpo que ha gestado y parido un bebé como hoy en día y la expresión máxima de la prenda anti-curvas es el pantalón pitillo con cintura baja, que es el corte de pantalón más frecuente y totalmente incompatible con un cuerpo por cuyas caderas ha pasado un bebé, habiéndose alojado previamente en su vientre, ensanchando la cintura y redondeando su barriga. Aunque tras el parto vuelvas a tu peso, no necesariamente recuperarás tu talla y, mano sobre el corazón, pocas madres pueden dedicarse a hacer ejercicio con suficiente intensidad, frecuencia y regularidad, para que recuperen la firmeza de antes. Así que en la mayoría de las madres vestidas con pitillos aparecen unas formas por encima de las nalgas, a las que los checos muy ingeniosamente han denominado “muffins”. Y muy posiblemente aparezca otra forma por delante y es la que, dejándonos de eufemismos, en castellano denominamos simple y llanamente, una lorza.

Y para completar, los fabricantes de la moda se han sacado de la manga el “crop top”, que básicamente significa que todas las camisetas, tops, blusas y sudaderas terminan por encima de la cadera, dejando la zona de los muffins y/o la susodicha lorza con muy poco margen de camuflaje.

Así que presionadas por los cánones de belleza vigentes y atrapadas en ropas que lo chivan todo, las madres del siglo XXI tienen que trabajar dentro y fuera de sus casas y encima, estar a dieta.

En serio, ¿hay justicia en este mundo?

Retazo nº 2

El post de hoy va a ser más optimista que los anteriores, creo. Y es que cuando te conviertes en madre, la vida te quita mucho (como tener tiempo para ti, principalmente, hasta para las cosas más elementales como cenar tranquila y no engullendo la ensalada con la mano izquierda mientras con la derecha le das sopa a un equivalente de orangután, si es que no le tienes directamente en las rodillas comiendo de tu plato… o el poder estar a solas dos minutos – hasta para ir al váter irás acompañada…) pero también te abre algunas puertas nuevas.

La más inesperada y sorprendentemente placentera, por lo menos para mí, ha sido el conocer a otras mamás con niños de la edad del mío y conectar con ellas hasta convertirlas en amigas. A estas alturas de la vida, que ya te cuesta conocer gente nueva y entablar nuevas amistades, de repente tienes una “excusa” magnífica, un gran tema en común – los hijos.  Basta con encontrar madres que piensan como tú y ven la crianza como tú y enseguida se estrechan los lazos.

Estos encuentros son como un bálsamo para tu “yo” magullado, zarandeado, exprimido, pisoteado, estrujado y machacado a diario.

Si los niños son mayores, hasta puede que jueguen juntos, en cualquier caso jugarán cada uno como si la vida se les fuera en ello con los juguetes del otro o si aún son pequeños, nos intercambiamos y cada mamá se dedica al niño de la otra y oyes,  aunque se trate de hacer las mismas torres de apilables una y otra vez, pero siendo el niño uno diferente, no deja de ser un cambio y te saca un poco de tu rutina, mientras charlamos sin parar.

Sienta bien oír que otros niños tampoco comen, tampoco duermen, que también ocupan la cama de sus padres y que también tienen rabietas. Es un intercambio mutuo: el que lo cuenta, se desahoga y el que lo escucha, le reconforta saber que no está solo, que “en todas partes cuecen habas”. Esto, amigos míos, no hay que perderlo de vista en ningún aspecto de la vida, pero resulta muy práctico recordarlo en la crianza: nunca pienses que eres la única madre inepta bajo el sol o que tu hijo es el peor monstruito sobre la faz de la tierra. No eres ni la primera ni la última, no eres la única ni mucho menos, somos millones de madres desquiciadas y niños “fuera de control” y está bien tenerlo presente, para no rendirse a la desesperación.

Feliz Día de la Madre “al borde de un ataque de nervios” a todas…

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