“La cara oculta de la maternidad”

Me apuesto lo que sea que todos los padres y madres están desesperados a veces, que a todos les sobrepasa su papel de padre/madre en algún momento, pero ¿porqué nadie cuenta eso?? Todo es de color rosa, las frases de “mi hijo me ha cambiado la vida”, “ser padre/madre es lo mejor que me ha pasado”, “un hijo es amor absoluto” vuelan y revolotean de aquí para allá, junto con fotos de bebés sonrosados y sonrientes, irradiando felicidad y ternura, de los anuncios de pañales, colonias y juguetes infantiles, y crean una imagen e-qui-vo-ca-da en los futuros papás y mamás.

Así que te lanzas a la aventura de ser padres pensando que todo va a ser maravilloso. El choque con la realidad es duro, muy duro. Por eso hoy, cuando oigo a la gente, especialmente los Sinhijos opinar sobre crianza (oh, les encanta), me dan lástima. Pero, la experiencia de ser madre, esas noches insomnes, ese cuerpo destrozado por la gestación y a veces, por el parto, esa tormenta hormonal que invade tu cuerpo y desbanca sin misericordia tu civilizado y organizado yo racional,  es innenarrable, intransferible sin haber pasado por eso.

Además, creo que se olvida. O más bien, te resignas y te adaptas a lo que hay y lo tomas por lo único válido. Como estás tan falta de sueño, vives en una neblina dónde ya no diferencias el día de la noche y el estado de un zombie ojeroso, semi inconsciente y aturdido digamos que acaba rápidamente con las expectativas de vivir una vida mejor. Estás ocupada con cosas más importantes, como mantener a tu cría caliente y alimentada y colmada de amor y es lo único que ves o que quieres ver. De allí que la gente no va por allí diciendo: “Estoy hasta las narices de ser madre!”  sino que va por allí diciendo: “Hoy hemos hecho un gran popó!!” o “¡Ya tenemos un diente!” como si fuera lo único que importara. Y es que, a los padres, en el fondo, es lo único que les importa.

Y si no, que ponga su mano en el fuego alguien que tiene amigos – padres primerizos y puede tener con ellos una conversación que no gire alrededor del niño y su crianza. ¿Nadie, verdad?

Mi segunda pregunta es, si todo es tan malo, ¿por qué todo el mundo tiene hijos y algunos hasta repiten? Si de verdad fuera tan malo, tan malo, la gente dejaría de tener hijos. Así que allí hay gato encerrado, porque es que tener hijos es malo, muy malo, es duro, muy duro, es agotador. Bueno, vale, debo decir que tener hijos es muy bonito también… es como si el asunto tuviera dos caras de una moneda, eso es, la moneda de tener hijos tiene dos caras.

¿Porqué cojones nadie menciona la cara sombría, la otra cara, la de lo duro que es?

Así algunos podríamos decidir libremente y decir: “Yo paso, no me veo en ésas.” y sería socialmente correcto y aceptado: ellos han decidido no arriesgarse y tienen motivos de sobra.

Es que, todos los que nos hemos embarcado en esta loca aventura de ser padres, os digo una cosa: somos unos superhéroes. Porque nos han vendido una moto de que todo iba a ser fabuloso y resulta, que sí que lo es, pero sólo mirando por un lado. El otro es mierda pura, son noches sin dormir, son situaciones que requieren de tí toneladas de paciencia, ingenio a patadas, hacer gala de buena fe, demostrar flexibilidad, ostentar grandeza de espíritu, saber diferenciar y transmitir los valores correctos, rezumar generosidad por todos los poros y tener claros dotes de abnegación… si no, lo llevas chungo. Si no eres capaz de borrar tu YO, con un niño lo vas a pasar putas, amigo.

Perdonadme el lenguaje, pero es que cuando pienso en todo lo que tenemos que afrontar los padres y madres, en esa cara oculta del día a día con tus hijos, me pongo así, en plan guerrera, en plan “me importa todo tres cojones que este niño hay que sacarlo adelante como sea y me cago en todos los muertos de todos si no lo consigo”.

La línea que separa la cordura de la locura en este caso es muy delgada.

Así que la otra opción es mirar sólo el lado bueno. Y es la que preferimos los padres y madres la mayor parte del tiempo, por pura supervivencia. Sino, no habría en toda España puentes suficientes para tirarnos todos.

Así que hala: Tener a mi niño me ha cambiado la vida (me la ha puesto patas arriba), me ha hecho ser mejor persona (eso sin duda, el sufrimiento purifica el alma) y me ha enseñado lo que es el amor sin límites (y aquí fuera de coña, esto es cierto y cuanto más le conoces, más le quieres).

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