¿Qué es ser madre?

Me temo que no he elegido el mejor momento para escribir esto. Acabamos de cenar, el retoño parecía que estaba enfrascado en un juego animado que le impedía ir a bañarse, la madre decide escribir y aquí me tenéis, con unas gafas de súper héroe regalo del menú infantil de cierta cadena de comida rápida (próximo post: “Cosas que dije que nunca haría con mis hijos” como llevarles a cenar a sitios de comida basura) y  objeto de empedernidos intentos de llamar mi atención, sea como sea. “Mamá, ¿me haces esto? Mamá, ¡mírame! Mamá, ¡ayúdame! Mamá, ¿puedo ver el ordenador?” Y como sigo escribiendo (intentándolo) y no le hago caso, el retoño se ha tirado por el sofá (“¡Ha sido galáctico subir por allí!”) y está saliendo a la terraza, pese a que es de noche, fuera llueve y hace frío.

Así que nada, me temo que tendré que sacar fuerzas de dónde no las tengo (he dormido con interrupciones unas seis horas la pasada noche) e ir a bañar al pequeño.

Hay mujeres que no han sido madres aún y desean serlo, pues bien, este no es el sitio idóneo para ellas. Lo aviso desde ya y el que avisa, no es traidor… Esto es más bien para madres como yo, curtidas, aguerridas, agotadas, madres coraje, madres todoterreno, trabajadoras a jornada completa y sin servicio doméstico (mileuristas, así que quien pillara una señora para cocinar, limpiar y planchar… ¡ja!). Madres con ojeras y unos kilos de más que no se quitan ni para atrás, que juegan con sus hijos, los meten en su propia cama por las noches para calmar sus pesadillas y hacen galletas con ellos los fines de semana.

¿Qué es ser madre?

Es tener a alguien en tu vida a quien amas con locura pero también temes por él y es fuente de continuos quebraderos de cabeza. Es no volver a ser dueña de tu vida nunca más, no volver a dormir tranquila, ni profundamente ni del tirón, ni mucho menos disfrutar de un “sueño reparador” – es no volver a irte a la cama a la hora que quisieras, no volver a levantarte a la hora que quisieras, no dormir una siesta porque aunque se haya dormido el peque, siempre hay algo que aprovechas a hacer – planchar, limpiar la casa, cocinar…

Es estar siempre en desventaja en el trabajo porque “necesitas” las vacaciones para que coincidan con las vacaciones escolares de tu hijo, con los días no lectivos… pero tranquila, la batalla está perdida de antemano porque no hay días de vacaciones suficientes para cubrir todos los períodos no lectivos del calendario escolar, así que si tu compañera soltera y sin pareja que vive con sus padres (de aquí en adelante, la Sinhijos) se empeña en que le toca a ella la Navidad y tú no tienes con quien dejar a tu hijo, harás malabarismos aprovechando la familia, los amigos o pagando a alguien para que lo cuide y ya tendrás oportunidad de gastar esos días que te sobran en otro momento sin cole. Es levantarte cansada después de que hayas dormido con interrupciones porque tu hijo está enfermo, meterle el Dalsy entre pecho y espalda y rezar para que no tenga fiebre en el cole, llevarle aunque te parte el corazón e irte a trabajar fingiendo que no pasa nada. Es salir del trabajo agotada y llegar al “segundo turno”:  tu hijo que no te ha visto en todo el día, la cena, el baño, preparar las cosas para el día siguiente… No parar. Es contar cuentos, encontrar juguetes y chismes varios perdidos, reparar juguetes y chismes varios rotos, correr agachada tras la bici, jugar al escondite en un parque infantil que no tiene un solo hueco para esconderse, llevar siempre agua y unas galletas encima, calmar todos los dolores y resolver todas las disputas infantiles. Además intentas educar, pero siendo el nivel de cansancio que impregna tu vida tal como es o séase muy alto, servidora se conforma con mantener al crío limpio, aseado, alimentado, contento y feliz, con todos los miembros y otras partes del cuerpo enteros y en su sitio y que tenga las habilidades de comunicación eficiente humanas básicas, entre las que incluyo no pegar a los demás y no robarles sus juguetes. Lo de hurgarse la nariz y comerse sus propios mocos me gustaría que formara parte del manual de buenos modales pero no consigo quitarle el vicio.

Así que en resumen, soy madre imperfecta, lo hago lo mejor que puedo pero las medidas de conciliación en España no me ayudan (nota para otro post: “Cómo dejé a mi bebé en la guardería con 6 meses”), así que estoy agotada y para no volverme definitivamente loca, he creado este blog.

Cuando voy por las calles, me fijo en las madres en España. Aparte de que la gran mayoría somos madres viejas (cuarentonas con hijos en preescolar), en nuestros rostros veo esas arrugas que las Sinhijos no tienen, veo ojeras, veo la ausencia de maquillaje, veo esos vaqueros cómodos, dados de sí, algo sucios en las rodillas de tanto agazaparnos, esas omnipresentes mochilitas con toallitas, agua, algún juguete, una merienda, unos kleenex… y demasiadas veces veo esas miradas de ansiedad, de torbellinos de tareas y cosas pendientes y deseos reprimidos. De culpa por no prestarles suficiente atención a tus hijos, de rabia por vivir agotada sin tener tiempo para tí, de más culpa por pagar a veces esa rabia con quien menos culpa tiene – tu hijo o tu marido…

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